Una horda de zombis ha aparecido en el desierto y se dirige a una población. Solo hay una cosa que el cowboy shaolin puede... Shaolin Cowboy 2. Bufé de extras

Una horda de zombis ha aparecido en el desierto y se dirige a una población. Solo hay una cosa que el cowboy shaolin puede hacer: triturarlos.

Han pasado seis años desde la última vez que vimos al cowboy shaolin, dispuesto a enfrentarse a demonios y zombis en el interior de una cueva subterránea (¿o era el interior de un monstruo gigante? Ha pasado tanto tiempo…). No sabemos qué ha ocurrido en estos seis años, sólo que nuestro héroe se ha abierto finalmente paso hacia la superficie, aparentemente con sus manos desnudas y ensangrentadas. Ya no le acompaña la insoportable mula parlanchina, pero conserva su nueva y peculiar arma: dos motosierras a gasolina unidas por una pértiga, que maneja como si fuera una antigua lanza doble oriental. Por desgracia, el cowboy no ha salido solo a la superficie. Le sigue una horda de zombis hambrientos sedientos con ganas de marcha. El cowboy bien podría escapar de ellos, pero al ver que en la dirección en la que avanzan hay una ciudad habitada, decide hacerles frente antes de que inicien una masacre. Y la masacre la inicia él.

shaolin cowboy

Tras un breve encuentro con un grupo de rednecks en coche, nuestro cowboy shaolin se abalanza contra los zombis blandiendo su improvisada arma, iniciando así un festival de cuerpos mutilados y vísceras esparcidas por el suelo del desierto. No hace falta más historia: las hazañas de la Thermomix andante ocupan alrededor de 100 páginas en las que lo único importante son los dibujos de Geof Darrow y sus coreografías de lucha. Es como leer el storyboard de la Burly Brawl de Matrix Reloaded (la escena de Neo en un parque luchando contra cientos de Agentes Smith), pero cambiando a Neo por el cowboy y a los Agentes Smith por muertos vivientes. En una segunda relectura rápida he contado 800 fiambres liquidados uno a uno por el cowboy shaolin (sin contar los gatos, que también los hay zombis) entre golpes de motosierra, puñetazos y patadas (porque la gasolina se termina, y hay que ensuciarse las manos). Esto nos da una idea del nivel de salvajismo en el que Geof Darrow se ha querido recrear, pero también nos habla de su meticulosidad y su atención al detalle en cada una de las viñetas. No hay dos iguales, y cada zombi muere (o como se diga) de una forma claramente diferenciada: cráneo aplastado, vísceras arrancadas, miembros seccionados…

shaolin cowboy

Leer este cómic es una experiencia cercana a ver una interminable escena de lucha en una película de artes marciales, una de esas antiguas de Steven Seagal, donde se enfrentaba a una cohorte de mafiosos sin despeinarse, y sin que ninguno de ellos llegara siquiera a acercarse. Con la diferencia de que aquí la sangre brota a espuertas y que el tempo de la escena lo marca el lector, que puede pasar las páginas a alta velocidad, simulando el ritmo real de la lucha, o recrearse en cada página, donde las viñetas apaisadas a doble página de la lucha con las motosierras dan paso a dobles splash pages en las que el cowboy shaolin se abre paso saltando por encima de las cabezas de los zombies, para terminar con varias páginas atestadas de viñetas que simulan los rápidos movimientos de pies y puños con los que el protagonista despacha a los enemigos restantes. Se podría describir este cómic como una experiencia, más que como una lectura tradicional, en el sentido de lo que pretende el autor es recrear una escena cinematográfica a lo largo de las 100 páginas que dura la batalla, dejando que sea el lector el director de la escena, ejerciendo Darrow de mero coreógrafo de acción. Así, es el lector el que decide el ritmo de lectura, e incluso puede escoger el orden en el que lee, saltar de una página a otra, volver atrás y adelante o incluso detenerse en alguna página más tiempo, recreando la función de cámara lenta.

Poco más podemos decir de este cómic, salvo que no es una experiencia lectora para todos los públicos. No por el exceso de violencia y sangre, sino porque requiere de una paciencia y de una capacidad de asimilación abundantes para poder soportar el festín de mamporros sin aburrirse. Y reconozco que en algún momento me he visto saturado de acción, y eso que he visto películas de artes marciales como si no hubiera un mañana. Pero dicen que lo bueno cansa, y que lo bueno, si breve, dos veces bueno. En este caso, Darrow ha optado por saturar al lector de ultraviolencia, por explorar sus límites y de convertir este cómic en un espectáculo visual y narrativo, marcando una pausa en la historia del cowboy shaolin para explorar una de sus facetas: la de luchador sin más.

shaolin cowboy

shaolin cowboy

Este volumen de The Shaolin Cowboy: Bufé de Extras, publicado en España por NORMA Editorial, contiene los números 1 al 4 de la serie de Dark Horse. Recordemos que el volumen anterior contenía los números publicados por Burlyman Entertainment, y que al continuar la serie en la nueva editorial reiniciaron la numeración. Esta edición, aunque algo cara para el contenido que trae, es una ocasión ideal para hacerse con la colección completa de una de las obras más conocidas de Geof Darrow. Contiene menos extras y menos páginas que el volumen anterior, Abriendo Camino, y la experiencia lectora es algo menos gratificante, pero es el precio que hay que pagar por tener en las estanterías esta obra única de un autor que está en el Olimpo de los dibujantes de cómics merced a su estilo hiperdetallado y a su claridad narrativa.

Compartir:

Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

No hay ningún comentario todavía.

Anímate a ser el primero en comentar.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com