Y seguimos la semana y hoy nos toca la procesión del Kirby del ejército de un solo hombre y para ello nos traemos una... Semana Kirby: Omac. Clásicos DC

Y seguimos la semana y hoy nos toca la procesión del Kirby del ejército de un solo hombre y para ello nos traemos una firma invitada pero solo en la web ya que tenemos con nosotros a don Álvaro Gekko, salido de las profundidades de la oscura maquinaria del podcast. Os dejamos con él.

Semana Kirby: OMAC

Si con Kamandi, Kirby interpretó a su antojo las claves de la ciencia ficción postapocalíptica de parajes desérticos o inundados con claro mensaje ecologista, en Omac explora la vertiente de la amenaza atómica con idénticas consecuencias en defecto de un desastre natural. O por el hombre o por la naturaleza, la humanidad está condenada. Pero no quedándose sólo con las amenazas que los megalómanos kirbianos puedan plantear en aras de la aniquilación sin ningún tipo de sentido lógico, reparte estopa a los buenismos sociales que pueden enervar el libre albedrío. Aunque no pudo desarrollar su concepto al ser cancelado en ocho números, los promotores sin rostro de la construcción de Omac, avatar militar definitivo, refleja mucha frialdad de una sociedad que nos podemos imaginar pero que no podemos ver (“sin alma” como explicitó John Byrne en la secuela de 1991). Ya en la introducción del alter ego de Omac se percibe mucha tensión en escenarios civiles y laborales dejando entrever una atmósfera de control extraña y hostil oculto en sonrisas artificiales. Y esta opacidad en los objetivos reales de la Agencia para la Paz Global se traduce en la propia creación que define a Omac y a su no-socio orbital. Este último concepto lo conecta a la carrera espacial de la época como hito de la sociedad estadounidense recién ocupada la Luna, sin perjuicio de una crítica sagaz a las posibilidades del hombre de colocar mecanismos de destrucción masiva como eje de control en el espacio. Ayuda a su representación física terrestre pero atisba una vigilancia bajo pena de muerte al resto de la humanidad. Esta relación (casi) simbiótica entre el satélite y Omac ataja argumentalmente los problemas que pueda tener el protagonista, mostrándolo como un personaje deus ex machina en si mismo imposible de superar, gracias a los chutes energéticos venidos de su colega espacial que deja a la altura del betún las buddy movies para siempre. En efecto, desde el principio, el autor va a las claras y nos somete a una criatura artificial imposible de detener, ¿dónde esta la gracia entonces? Que ahorrando cualquier trasfondo en el principal personaje, el presupuesto imaginativo se destina a la interpretación transparente y sin trampa ni cartón del mundo venidero, quedando Omac reducido a un mero vehículo que nos adentra en este futuro no fechado.

Semana Kirby: OMAC

Focaliza mucho la atención en la necesidad del hombre en desarrollar la tecnología no con fines para con el interés general, sino en ámbitos materiales y superficiales. Ese ejemplo lo podemos comprobar en el primer número gracias a una industria manufacturera de mujeres sintéticas desmontables de apariencia y tamaño real (cuya encarnación contemporánea la podemos observar en cierto archipiélago asiático). Lo mismo sucede con las desigualdades de clase, llevados aquí al extremo hasta el punto que las riquezas pueden arrendar ciudades enteras en una juerga de fin de semana. También con un discurso existencial del hombre contra su mortalidad donde los poderosos pueden intercambiar los cuerpos esbeltos y sanos de las clases bajas y vivir para siempre. Sin duda no son planteamientos de nuevo cuño, teniendo en cuenta las ficciones de género de este palo en literatura, cine, televisión y cómic, ya sea antes, durante o después. Pero vislumbrar estas inquietudes bajo la mirada del Rey es un plus añadido a los que le amamos como autor completo.

Si los temas pesimistas de la humanidad a futuro subyacen en todos y cada uno de los ocho episodios, los temas puros de entretenimiento elegidos por Kirby dominan los mismos. La acción desatada sin solución de continuidad y las ideas delirantes se desarrollan en pequeños arcos argumentales cerrados justificando las amenazadas más extravagantes y presentando conceptos apabullantes (una de electrocirugía desde el espacio por favor!!). Además, lo granado de su repertorio mental está asegurado en esta obra. Las excusas para destinar páginas completas a monstruos y criaturas imposibles, que no encajan con el planteamiento, son tan deliciosos como las explicaciones fuera de continuidad a la hora de encajar estas apariciones en este contexto futurista. Da igual quién, qué, dónde, cómo o porqué, en su modus operandi deben salir monstruos sí o sí, por muy estiradas al límite que estén sus apariciones. Y nosotros encantados.

Semana Kirby: OMAC

Omac se convierte en el planteamiento de obra con menor complejidad argumental de la etapa de Jack Kirby en DC Comics. Lamentando que no pudiera desarrollarla, sólo alcanzamos a rozar lo que podría haber dado de sí. Si bien despeja para sus continuadores una extensa parcela para que siga creciendo esta mitología (ya sin la exclusiva de su albacea inglés), este cómic supone el coitus interruptus más notorio de toda su carrera.

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