“Surcando el inmenso paisaje blanco de un universo entero y helado, un tren que jamás se detiene rueda de un extremo a otro del... Rompenieves. Edición Integral, de Jacques Lob, Benjamin Legrand y Jean-Marc Rochette

“Surcando el inmenso paisaje blanco de un universo entero y helado, un tren que jamás se detiene rueda de un extremo a otro del planeta, es el Rompenieves, con mil y un vagones.”

Así comienza la historia de Snowpiercer, una de tantas obras que ha tardado una eternidad en tener una edición en condiciones en nuestro país. En el año 2006 Bang! Ediciones publicó Rompenieves en dos álbumes, pero han tenido que pasar 14 años hasta que Norma Editorial se haya decidido a publicar el integral de Casterman que vió la luz en el ya lejano 2014.

Snowpiercer

Rompenieves es una de esas obras que todo el mundo conoce gracias a sus contrapartidas audiovisuales. En 2014, el cineasta coreano Bong Joon-Ho llevó la historia al cine en una película que cosechó un éxito de crítica gracias a las solventes actuaciones de Chris Evans, Tilda Swinton o Ed Harris. No obstante en taquilla no le fue tan bien, pues costó 40 millones de dólares y recaudó algo más de 80. Pero la fiebre de Snowpiercer no acaba aquí, pues este año se ha estrenado un show televisivo (distribuido internacionalmente por Netflix) que ya ha confirmado una segunda temporada que contará con Sean Bean… y ya sabemos todos los que pasará. Resumiendo: Una película y una serie basadas en un tebeo que no ha leído casi nadie… Por lo que mejor vamos yendo al grano de toda la cuestión.

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No creo que descubra nada cuando digo de antemano que el cómic supera con creces a ambas adaptaciones. El universo creado por Jacques Lob (que solo pudo escribir la primera parte de las tres que integran este tomo publicadas en 1984, 1999 y 2000) es todo un ejemplo de texto profético. Tenemos un cambio climático dónde algo llamado el colapso (provocado por un arma usada en plena Guerra Fría) ha hecho que la Tierra sea inhabitable en toda su superficie por culpa de sus temperaturas cercanas a los cien grados bajo cero. Esta obra ya avisaba hace cuarenta años que habría un cambio climático forzado por el hombre, también trata sobre el miedo a una pandemia que pueda descontrolarse si no se confina a parte de la población (pandemia provocada por un virus, un enemigo invisible), pero sobre todo trata temas sociales de los que hablaremos en breve.

“Santa María, fuente de vida, rueda por nosotros”.

Snowpiercer comenzó a publicarse de manera serializada en una revista pasando bastante desapercibida en su momento. Su primer álbum recopilatorio (y el mejor de todos), data de 1984 y a lo largo de sus 106 páginas conoceremos a Proloff, un habitante de la casta más baja que puede ocupar el Rompenieves. El tren está ocupado por la Élite en su primeros vagones, luego van los militares y diverso personal de mantenimiento en los centrales y por último están las personas corrientes y molientes que tuvieron la mala suerte de no morir con el colapso y ahora agonizan hacinados en la cola del tren. Proloff logra la gesta de llegar a la sección intermedia del Rompenieves.

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El personaje de Proloff se me antoja fascinante. Es un superviviente, no un revolucionario, quiere escapar de la sección más miserable para mejorar su vida, pero no pretende encabezar un movimiento por el cambio. Mientras que aparentemente él tiene claro cuál es su papel, hay quien ve en su figura la de un salvador, otros simplemente ven una amenaza. Jacques Lob concibió la obra como una metáfora de la lucha de clases, casi como si se tratase de una nueva versión del clásico Rebelión en la granja de George Orwell. En las más de cien páginas que ocupa la primera historia de Snowpiercer, Lob denuncia fervientemente las diferencias entre ricos y pobres, la desigualdad que puede suponer la vida o la muerte dependiendo de algo tan arbitrario como el lugar que ocupas en el tren. Puede que el escenario sea una Tierra post apocalíptica, pero nada más lejos de ser un tebeo de acción (que también tiene, y mucha), estamos ante una historia humana, una crítica a este sistema que da mucho a unos pocos y poco a la mayoría. La evolución de Proloff ante lo que va descubriendo te puede poner los pelos de punta ya que los autores a través de los distintos vagones del tren van mostrando una radiografía terriblemente certera de la esencia del alma humana que deja en evidencia aquello de a veces es mejor no mirarse al espejo por miedo a lo que nos pueda mostrar.

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Como decía más arriba, Jacques Lob solo pudo escribir la primera entrega (Le Transperceneige), pues murió en 1990, años antes de que el dibujante Jean Marc Rochette decidiera seguir con la historia. Su sustituto fue Benjamin Legrand, que enfocó las siguientes entregas (L’Arpenteur y La Traversée) desde un prisma donde primó más la ciencia ficción llegando incluso a retorcer la esencia de la saga. En dichas entregas el protagonista se llama Puig Vallès y es un apeadero dedicándose a bajar del tren para buscar suministros entre otros caprichos para los más ricos del Rompenieves, como joyas u obras de arte. Si bien es cierto que las secuelas carecen de la profundidad de su antecesora, primando la acción y los cliffhangers en mitad de la obra, estas entregas no están exentas de elementos interesantes como la crítica a una sociedad que es manipulada mediante los mensajes religiosos de predicadores o que se les mantiene a raya con la promesa de poder ganar un viaje de realidad virtual. Pan y circo que decían en la antigua Roma. De menor extensión en lo que a número de páginas se refiere, los autores acaban cerrando un círculo en torno a los tres álbumes que le dan a Rompenieves un carácter muy sólido de obra cerrada donde han contado un puñado de historias apasionantes siendo el tren un personaje más.

Jean Marc Rochette es el dibujante de toda la obra, notándose mucho el paso del tiempo entre la publicación de un álbum y otro. Eso sí, logra un resultado magnífico en toda la saga de Snowpiercer, pasando de un estilo más burdo, sin pulir, con escenas más crudas en la primera parte a unos lápices más difuminados y sueltos en las continuaciones. Además hay numerosas escenas localizadas fuera del tren donde luce un trazo más suelto y un excelente manejo de los grises para lograr esa sensación combinada de confusión y vacío que hay en un paraje nevado y helado. Destacable también es su capacidad para mostrar ambientes opresivos, angustiosos y sucios como los del primer libro. Todo un gustazo, oigan

La edición de Norma Editorial es preciosa con encuadernación en cartoné, papel de calidad, un tamaño algo más reducido que el habitual para el tomo francobelga y una generosa cantidad de extras llenas de textos, bocetos e incluso ilustraciones que el propio Rochette hizo para la película y su consiguiente promoción siendo estas un encargo directo de Bong Joon Ho.

De los mejores tebeos que se han publicado en lo que va de 2020, corred a por él.

PD: Con el estreno de la película en 2013 se publicaron nuevas historias sobre Snowpiercer, esta vez a todo color, pero eso es otra historia.

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Txema Sáez

Fanático sin solución del cómic de superhéroes, del manga, del cine de terror, la literatura fantástica, los videojuegos y más heavy que una lluvia de mercurio al rojo vivo. Como los mejores turrones, he vuelto a casa por Navidad (aunque trece años he tardado).

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