A la hora de comenzar con esta sección que fue presentada hace dos semanas, parecía apropiado empezar con un peso pesado. Si entre todas...

A la hora de comenzar con esta sección que fue presentada hace dos semanas, parecía apropiado empezar con un peso pesado. Si entre todas estas nuevas estrellas emergentes del guión de cómic había alguien que despuntaba un poco más que los demás, ese era Jonathan Hickman. Sin embargo, Hickman es un guionista escurridizo y la verdad es que no sabía muy bien por dónde abordar este artículo. Estamos ante uno de los guionistas más populares del momento y resultaba huidiza la posibilidad de identificar sus rasgos elementales.

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Cuanto más profundizaba en su obra, más me iba dando cuenta del motivo por el que me resultaba tan difícil saber cómo enfocar este post. Podía ver algunos rasgos elementales muy básicos y evidentes: la potencia de los diálogos, los giros sorpresa, el gusto por la ciencia ficción… pero algo me decía que todo esto tenía algo más que un montón de características sueltas. Al leer a Hickman da la sensación de que hay algo más trabajado, más sólido… o eso creía, ya no sé qué pensar.

Jonathan Hickman es un mentiroso. Y no, no pienso retractarme de esta afirmación. Pero antes de que las furiosas hordas de fans (si es que en sus cuatro años de carrera ya las tiene) se me lancen a la yugular, dejad que me explique. Sabía que había algo me había llamado la atención de este joven guionista de Carolina del Sur al igual que se lo llamó en 2004 al jurado del primer Comic Book Idol, en el que quedó finalista. Si Hickman ha conseguido esa frescura que ha ido encandilando una cantidad considerable de fans, ha sido por su capacidad de sorprendernos, de cambiar de tercio cuando menos nos lo esperamos, por su capacidad para engañarnos. Ahí es donde está ese plan maestro que parece vislumbrarse en todas sus historias. Como un trilero guía nuestra vista hacia un punto solo para mostrar que nos ha engañado, peor aún, que nosotros mismo hemos intuido de manera errónea. Este juego de manos narrativo es el rasgo que nos ha conquistado a los fans de Hickman.

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Quizá en sus primeras obras, cuando aún era inexperto es donde mejor se pueden llegar a vislumbrar sus tretas. Así, con su ópera prima, The Nightly News en 2006, comienza con lo que parece una historia de ciencia ficción con moraleja, casi como si fuera una especie de manifiesto social contra la alienación. Sin embargo, llega un momento en el que empezamos a poner todo en duda ¿Quiénes son los buenos y quienes los malos? ¿Están los protagonistas en el bando correcto? ¿Nos habrá engañado?? No en vano el subtítulo de esta miniserie es ‘Una mentira contada en seis partes’. En esta primera obra también se encargaba de las labores graficas (y casi de todo lo demás) y podemos percibir un talento nada desdeñable para el diseño y la ilustración e incluso tiene algunas grandes ideas y usa con habilidad recursos como los pies de página, por ejemplo. Sin embargo, adolece de varias carencias gráficas en lo que se refiere a narrativa, de modo que lo suple con una verborrea digna del mismísimo Bendis, dejando que las palabras cuenten su historia.

En su siguiente obra, Pax romana, continua bajo el marco de la ciencia ficción y comenzamos a ver su gusto por la idea de los viajes en el tiempo y las historias con componente futurista en tiempos pasados. Comienza a perfeccionar su artimañas de engaño y ya aquí, luce trucos narrativos como el flashback, una historia dentro de una historia como si intentara despistarnos, cosa que consigue. Rizará el rizo con un Transhuman, cómic- documental, un nuevo experimento que pese a que no dibuja él, mantiene el peso de la historia en las palabras.

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Tras una breve experiencia en Top Cow con Pilot Season: Core, llegaremos a Red Mass from Mars, de nuevo para el sello madre de Image. Esta vez acompañado por los dibujos de Ryan Bodenheim, empezaremos a vislumbrar lo que terminará estallando en Marvel. De hecho, incluso siendo de nuevo una historia de Ci-Fi con moraleja, comienzan a observarse los primeros elementos superheroicos en algunos de los protagonistas e incluso llega a participar de la estética cinemascope popularizada por Bryan Hitch en Authority. Con la labor grafica en otras manos, la narrativa fluye mucho más cómodamente y se permite una trama mucho más estructurada y compleja.

Y entonces llega Guerreros Secretos. Jugando con la baza de que coescribe con el popularísimo Brian Bendis, Hickman llega al gran público y comienza su embuste definitvo. Ya no se verá limitado por el formato miniserie. Bajo el manto de una gran editorial y con el gancho comercial de Bendis, se puede permitir todo el tiempo del mundo para urdir sus argucias y desplegarlas a partir de entonces en obras como, Shang Chi, Shield, el reciente Ultimate Thor o incluso al frente de los Cuatro Fantásticos, uno de los grandes estandartes de la Casa de las Ideas.

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Aceptémoslo, da igual qué intentemos deducir, Hickman se las arreglará para darnos mil pistas falsas y dejarnos de nuevo con la boca abierta cuando menos lo esperamos. Viajes en el tiempo, personajes inesperados, retrocontinuidades y todos los recovecos a los que se le permita llegar serán su herramientas. Su mayor virtud será dejarnos ver que existe un plan maestro detrás de lo que hace, pero no nos desvelará de qué se trata hasta que sea demasiado tarde. Su mano será más rápida que nuestro ojo.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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