“Rey muerto no tiene sueños” es una obra personal sobre un tema universal: relaciones de pareja que terminan de forma abrupta en el momento... Rey muerto no tiene sueños

¿Cómo somos capaces de engañarnos a nosotros mismos de forma inconsciente? ¿Cóomo no somos capaces de ver lo que está sucediendo a nuestro alrededor y en qué momento decidimos cegarnos inconscientemente para no ver nada más allá de lo que consideramos es una realidad clara para nosotros? “Rey muerto no tiene sueños” es una obra personal sobre un tema universal: relaciones de pareja que terminan de forma abrupta en el momento en que menos nos lo podíamos esperar. Todos hemos pasado por ello. Y de una forma u otra todos lo hemos superado. O por lo menos eso es lo que creemos. Amor, realidad virtual, androides y muerte.

Hay ocasiones en las que un dibujante decide que ya está preparado para contar sus propias historias. Que después de años ilustrando las ideas de otros autores, es el momento de lanzarse como autor completo. Les pasa también a actores que quieren dirigir una película, a cantantes de grupos musicales que emprenden una carrera en solitario, y a dibujantes que también quieren ser guionistas. En ocasiones sale bien, y en ocasiones sale mal. Lamentablemente, en el caso de Valentín Ramón, ha salido mal. Muy mal.

rey muerto

Valentín Ramón ha publicado mayoritariamente su trabajo como dibujante en los Estados Unidos a través de la editorial IDW. Sus series mas conocidas son D4ve (publicada en España por Sapristi y tanteada en la actualidad por Hivemind para convertirla en serie de televisión) y Hot Damn, de las que es co-creador junto al guionista Ryan Ferrier. Tras hacer sus pinitos como guionista en la difunta Linea Laberinto de Planeta, edita de forma independiente y casi minimalista Zeta: o estas con nosotros o contra nosotros. Este nuevo proyecto que hoy nos ocupa, Rey muerto no tiene sueños, estuvo un año rondando por varias editoriales españolas, pero ninguna se decidió a publicarlo, de modo que el autor se decantó por la autoedición. Y sabiendo esto podemos entender muchas cosas.

Podemos entender, por ejemplo, por qué este tebeo es un mero ejercicio de autoterapia catártica, sin ningún interés para el lector. Estamos ante una obra con un muy buen dibujo, pero sin una base argumental lo bastante sólida como para sostenerlo. Es un cómic lento, aburrido y pretencioso, que destila unas ínfulas de profundidad que no acierta a satisfacer. Es un Blade Runner pasado por el filtro adolescente de alguien que lo flipó mucho con Olvídate de mí y que ha descubierto la ciencia ficción con Black Mirror pero se cree Godard en Alphaville. Gráficamente, la referencia más obvia sería Geof Darrow, por aquello del horror vacui y la robotización, aunque salvando las distancias.

La lectura del farragoso guion podría ser más soportable si no fuera por el factor que lastra definitivamente, y sin posibilidad de redención, esta obra: la espantosa, horrible e insoportable rotulación. En mis más de cuarenta años de lectura JAMÁS he leído un tebeo con tantas faltas de ortografía como este. Hablamos de un ratio de dos errores ortográficos por página, siendo generosos, y eso sin contar fallos de maquetación como doble espacio entre palabras, dejar espacio antes de un punto, etc. La fuente tipográfica escogida recuerda tanto a la inefable comic sans que ya de entrada da una ineludible imagen de amateurismo que se mantiene durante toda la obra (¿serifas en las íes que no empiezan palabra? ¿En serio?). Ser autor completo significa escribir y dibujar la obra, pero eso no exime de contar con un buen corrector (y no hablo del de Word, que parece haber sido el único que ha revisado ese texto, y saltándose páginas enteras) que te ayude a detectar todos esos fallos de ortografía. Cuadros de texto justificados a la izquierda, otros centrados, con total aleatoriedad… Leer cada página era un suplicio por no saber de qué bocadillo te iba a saltar la siguiente bofetada. La muerte a pellizcos.

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Entiendo los distintos motivos por los que un autor se puede decantar por la autoedición, pero una de las cosas que suelen hacer las editoriales profesionales (no hablo de las grandes, sino de las buenas), es orientar a sus autores, guiarles en el proceso de creación y pulir sus errores. Valentín Ramón, al prescindir de una editorial y no contar, aparentemente, con ninguna ayuda externa, ha concebido un tebeo fallido y de muy difícil lectura. Eso sí, muy bien dibujado.

Rey muerto no tiene sueños es el primer álbum de una serie de libros con historias autoconclusivas, que estarán publicados en el mismo formato bajo el sello The blackest pill, y se centrará en el futuro que nos espera y la estupidez humana, los dos elementos imprescindibles para cualquier futuro distópico. Este tebeo no está disponible en tiendas, sino que se puede adquirir únicamente a través de la plataforma de impresión bajo demanda de Amazon, siguiendo el enlace que os dejamos aquí abajo.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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