Ales Kot ocupa un incómodo lugar entre el anonimato y el estrellato. En boca de muchos suena como eterna promesa y como sucesor de... Reseña Wolf 01: Sangre y magia

Ales Kot ocupa un incómodo lugar entre el anonimato y el estrellato. En boca de muchos suena como eterna promesa y como sucesor de Grant Morrison, pero los años pasan y su estatus permanece estancado, quizá destinado a ser un guionista de culto. Sus farragosos planteamientos de inicio suponen un obstáculo para los nuevos lectores, pero aseguran que aquel que continúa más allá del arranque, será un seguidor fiel. Wolf quizá es una de sus obras independientes más accesibles, pero no está exenta de estas pequeñas manías.

Wolf portada

Wolf 01: Sangre y magia

Guión de Ales Kot
Dibujo de Matt Taylor
Rústica, 160 págs. Color.
14,95€
ECC Ediciones. 2017

Por algún motivo, Ales Kot nos introduce sin preámbulos en medio de una historia que no conocemos, con un ambiente que no conocemos y unos personajes que no conocemos. Olvídate de explicaciones, como si nos hubiéramos perdido un número antes del primero, tendremos que ir deduciendo dónde estamos, quiénes son nuestros protagonista y qué demonios se supone que están haciendo. Sorprendentemente y pese al esfuerzo que supone por parte del lector, una vez situado la historia va sola.

Wolf 01

Wolf nos cuenta la historia de Antoine Wolfe, una especie de detective privado en Los Ángeles. ¿Os suena de algo, no? La peculiaridad de este ex-militar es que es inmortal, que desea morir y que los casos en los que se ve envuelto son de corte sobrenatural. La cosa se complicará cuando Anita Christ aparece para complicar la vida con cultos del apocalipsis, vampiros, monstruos primigenios (o algo así) y mafiosos.

¿Los Ángeles? ¿Detective? ¿Una mujer que aparece para complicarle la vida? Todo esto ya lo tenemos visto. ¿Acaso es un remedo de Philip Marlowe con tintes sobrenaturales? Pues sí, es justo eso, pero tranquilos que Kot tiene prohibido en su guía del guionista molón quedarse ahí. Había oído hablar de este Antoine Wolfe como una especie de Constantine o Harry Dresden pero es sin duda mucho más un Philip Marlowe, que tan pronto puede dominar la situación como resultar vapuleado por cualquier elemento de esa corrupta Los Ángeles. Una vez superamos esa manía que tiene Kot de espantar lectores en las primeras páginas con una tonelada de información desordenada y aparentemente inconexa, tenemos una historia en la que ser deudor de Raymond Chandler no es una carencia sino todo lo contrario. Ya sabemos que Ales Kot se las apaña muy bien con esas metaficciones suyas, pero aquí toma la novela negra detectivesca más clásica y el mundo sobrenatural y desarrolla un discurso integrado entre ambos géneros, que demuestra no sólo que los conoce, sino que los hace funcionar juntos enriqueciendo ambos.

Wolf 02

Los diálogos con doble sentido, la corrupción de las altas esferas, esa Los Ángeles que pese a incluir el factor racial y estar ambientada en el presente, parece congelada en el tiempo… Kot juega con el lector y parece saber cuando estás despistado y cuando le empiezas a seguir el juego y cuando ya te lo empiezas a oler todo, te menciona explícitamente Chandler como guiñando el ojo. Incluso cuando hace trampas y juega con algún flashback o algún truco argumental, te guiña el ojo y a través de sus personajes te suelta alguna puyita sobre la treta que te acaba de colar. Pero no sólo eso sino que al final se las ingenia para que esas trampas terminen siendo parte del discurso de la historia, haciendo que encajen y que funcionen a nivel argumental y simbólico.

Bajo una trama detectives y magia, te cuela su discurso sobre las historias y sobre el pensamiento mágico, cómo funcionan y cómo los mitos sobreviven sobre otros con la ley del más fuerte. Consigue una historia sobre magia que termina haciendo magia.

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La verdad es que Kot escribe para un tipo determinado de público aficionado a este tipo de flipes alegóricos y piruetas de subtexto y aunque trata de pasarlo como una historia de detectives sobrenaturales, no termina de funcionar en ese primer nivel. Este es el problema por el que Wolf puede no ser para todos los paladares. Quizá una historia de este tipo debería poder degustarse a varios niveles para poder llegar a más gente y en los más superficiales se queda coja si decides no llegar más allá.

No ayuda el dibujante Matt Taylor, altamente irregular y bastante limitado. En muchas ocasiones da la sensación de que, por más que lo coloree Lee Loughridge, sus dibujos están incompletos, como si les faltara algo. En un primer vistazo destacan sus fondos, pero rápidamente se ve lo poco que trata de disimular la trampa de usar un programa 3D. Ok, que todo el mundo lo hace, pero se trata de integrarlo con tu estilo para dar el pego, ¿no?.

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Narrativamente abusa de las talking heads y cuando trata de salirse de ello, se pasa de evidente y se le ve el cartón. Quiero achacarlo a que proviene del mundo de la ilustración y aún se está rodando en los ritmos y los códigos de los tebeos. A su favor tengo que destacar que sus portadas son espectaculares y tal vez en una temporada estemos hablando de un gran dibujante, pero la sensación que queda con el trabajo en Wolf no está a la altura de la historia.

Aún me sigo preguntando porque Ales Kot siempre lo pone tan difícil al principio si luego termina por molar. Si tras leer esta reseña aún no sabes si picar con Wolf te dejo caer que la historia completa serán sólo dos tomos… y que el siguiente cambia de dibujante.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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