Todo parecía tranquilo en la última noche de vacaciones de una joven abandonada que lucha por hacer frente a su nueva situación como madre... El Resto del Mundo 1

el resto del mundo

Todo parecía tranquilo en la última noche de vacaciones de una joven abandonada que lucha por hacer frente a su nueva situación como madre soltera. Pero mientras se refugia en un chalé de montaña, la naturaleza se desata: terremotos, devastación… una violencia natural sin precedentes. La destrucción en cadena la llevará a mantenerse en movimiento, proteger a su familia y aprender a usar su instinto de supervivencia para evitar ser arrastrada por la barbarie postapocalíptica.

Si aquí nos llevamos las manos a al cabeza y maldecimos en arameo cuando cae un chaparrón porque se forman atascos en las calles y entra un poco de agua por el marco de la ventana, imaginaos el desastre que puede suponer un terremoto y una tormenta desmadrada en un pequeño pueblo aislado en los pirineos franceses. Casas destrozadas, carreteras obstruidas, ríos desbordados, muchas víctimas y lo peor de todo: aislamiento del resto del mundo. A medida que pasan los días y empiezan a escasear los alimentos y el agua, la solidaridad y buena voluntad de los vecinos empieza a ceder al saqueo, al abuso y a la violencia. No es difícil de imaginar, ¿verdad? Pues es exactamente lo que nos narra Chauzy en este relato postapocalíptico visto desde el punto de vista de una madre soltera que no sólo ha de cuidar ella sola de sus dos hijos, sino que además debe superar el hecho de que su marido la ha abandonado por otra chica a la que dobla la edad.

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Chauzy utiliza el personaje protagonista de Marie como una cámara de fotos con la que retrata, no tanto el mundo que nos dejaría un desastre natural de tales características, sino cómo evoluciona la sociedad, y ella misma, para sobrevivir en ese mundo. Marie no es una mujer virtuosa, una de esas heroínas o héroes a los que estamos acostumbrados que siempre hace lo correcto, sino que asume su papel de madre loba que morderá a quien haga falta para cuidar de sus cachorros. Al dolor de saberse engañada por su marido se suma ahora el trance de tener que cuidar ella sola de sus hijos, y llevarles sanos y salvos a la civilización. Después de todo, las vacaciones de verano ya han acabado y las clases están a punto de empezar.

La de El Resto del Mundo no es una historia en absoluto original. Es más, me la puedo imaginar perfectamente como argumento de un telefilme de fin de semana, con esa protagonista estándar “madre divorciada, madura aunque todavía atractiva”. Chauzy se toma su tiempo para hacernos empatizar con Marie, para introducirnos en su mundo, en su decepción con su marido, en su agobio por tener que sacar adelante a su familia, poniéndola en situaciones que todos hemos vivido, en las que estamos de tan mal humor que cualquier cosa nos saca de quicio. Pero Marie debe dejar todo esto atrás porque ahora sólo una cosa importa: llevar a sus hijos a casa. Tal vez Chauzy se recrea demasiado en estos momentos de la historia, y en los primeros días después de la tormenta, mientras esperamos que algo suceda, que el guion deje de dar vueltas alrededor de la vida en la perdida villa de Cazeaux y empiece ya la aventura que se cuece a fuego lento. Algo que, sin duda, ocurrirá en el segundo volumen de esta historia.

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Chauzy realiza un trabajo estupendo al dibujo, con un trazo ágil pero a la vez lleno de detalles. Pero es en el color donde realmente da la campanada. Me encanta el regusto artesanal que deja la acuarela sobre el papel de alto gramaje. Los colores de las primeras páginas, de un día soleado en la montaña, contrastan con los que veremos después, marcados por el gris y el ocre de una ciudad sitiada y cubierta de un cielo plomizo. Y no podemos dejar de hablar del personaje más importante de este tebeo: la naturaleza. La propia naturaleza salvaje e indómita, desencadenante de la tragedia que se ha cebado con la pequeña localidad de Cazeaux. Paisajes agrestes destrozados, animales silvestres tan asustados como los propios humanos. Éste es el mundo que rodea ahora a Marie y sus hijos, al que Chauzy dota de materia con sus colores, depositándonos delicadamente en un paisaje antaño hermoso y acogedor, y que ahora esconde abundantes amenazas mortales. Imaginaos The Walking Dead, pero sustituyendo los zombies por la propia naturaleza. No sé qué da más miedo, porque al menos con los zombies puedes luchar.

Jean-Christophe Chauzy nació en 1964. Entre 1982 y 1990, participó regularmente en publicaciones de rock independiente. Su primer cómic, Vengeance, apareció en 1988 de la mano de la editorial Futuropolis. En 1993, en colaboración con Matz, desarrolló Peines perdues y, poco después, encaró la realización de una trilogía en solitario, titulada Un monde merveilleux. En su trayectoria destacan colaboraciones con Thierry Jonquet o Marc Villard. Su visión cínica de la sociedad y de las relaciones humanas le llevó a participar en los álbumes Bonne arrivée à Cotonou y Revanche, éste último con Nicolas Pothier. Entre 2015 y 2016 publica con Casterman El resto del mundo.

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La edición de ECC recrea la original de Casterman, sustituyendo únicamente en la portada el logo de ésta por el de la primera, e igualmente sin hacer mención ni en la portada ni en el lomo que se trata de una historia inconclusa, habiendo de esperar al segundo tomo, Le Monde d’Apres (titulado en castellano El Mundo de Después). Un “Volumen 1” o un escueto “01” habría sido muy de agradecer por parte de aquellos lectores que suponían que se trataba de un volumen único.

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El resto del mundo núm. 01
Jean-Christophe Chauzy
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Jesús Tomás Dado

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