Que no, que no me muero

Que no, que no me muero
Guion: María Hernández Martí
Dibujo: Javi de Castro
Formato: Rústica. 210 x 210 mm. 168 páginas.
Sinopsis: Lupe tiene 38 años, pareja, perro, padres, hermanos, amigos, problemas de trabajo, clientes que no pagan y un cáncer de mama. Se enfrenta a esto último con el mismo sentido del humor peculiar que aplica al resto de su vida, pero se encuentra con que de pronto se espera de ella que sea un ejemplo de positivismo y superación. Y que tome batidos de remolacha.

Que no, que no me muero es la primera novela gráfica publicada por modernito books, una joven editorial nacida en 2011 que hasta el momento había centrado su actividad en la edición de libros ilustrados y que arranca esta nueva línea editorial de forma notable, con una historia de tintes autobiográficos sobre el cáncer que tuvo un cálido recibimiento durante su presentación inicial (problemas de impresión han retrasado su fecha de lanzamiento definitiva hasta este mes de abril) en el pasado Graf de Barcelona.

La autora del guion es María Hernández Martí, periodista y escritora que debuta en el campo de la historieta con esta obra, mientras que de la parte gráfica se ocupa Javi de Castro, un joven leonés que acaba de ser nominado en dos categorías de los Premios del Salón Internacional del Cómic de Barcelona de este año por su labor como dibujante en La última aventura (Dibbuks, 2015); concretamente en las de Autor/Autora revelación español/a del 2015 y Mejor obra de autor/autora español/a publicada en España en 2015.

Ambos autores parecen haberse entendido a la perfección a la hora de crear este libro protagonizado por Lupe, una mujer de 38 años a la que le diagnostican un cáncer de mama. A lo largo de sus páginas aprenderemos mucho sobre esta enfermedad y su tratamiento, sobre cómo afecta física y psicológicamente a quien la padece, sobre cómo es vista socialmente y las distintas formas en que reaccionan los familiares, amigos, conocidos y también algún que otro desconocido que rodean a la enferma.

Pero no se asusten: aunque evidentemente hay momentos en que Lupe se encuentra anímicamente sumida en la miseria, no estamos ante un dramón lacrimógeno. Tampoco estamos ante una proclama absurdamente optimista acerca de lo maravillosa que es la vida y de cómo sólo con “pensamiento positivo” se puede salir de cualquier problema, no importa lo grave que sea.

No. Nos encontramos ante una obra escrita desde la experiencia, narrada con la misma naturalidad y normalidad que exhibe y reivindica su protagonista. Aderezada, eso sí, con bastantes toques de humor de la mano de una Lupe que no se muerde la lengua y de algunas situaciones que tienen ese puntito de surrealismo que a veces se dan en la vida real y que, inevitablemente, nos arrancarán alguna que otra sonrisa.

Que no, que no me muero L 3La historia se desarrolla a través de pequeños capítulos de entre una y cinco páginas de extensión. Cada uno cuenta con una página de título, que siempre comienza por una letra diferente del abecedario hasta cubrirlo completamente (aunque hay algunas repeticiones y la W se ha omitido) y que guarda relación con lo que en él se explica.

Capítulo a capítulo, María Hernández va tejiendo la historia y nos va implicando en ella, haciendo que empaticemos con Lupe y sus problemas médicos y laborales, y consiguiendo caracterizar perfectamente a toda una serie de personajes secundarios (el Señor muy alto y muy serio, Josefinita, el amigo idiota…) en tan sólo unas pocas viñetas y líneas de diálogo.

En cuanto al trabajo de Javi de Castro, no puedo tener más que palabras de elogio. Parece mentira que alguien tan joven ya haya sido capaz de brindarnos como autor completo dos cómics tan frescos y sorprendentes como Agustín (autoeditado, 2013) y Sandía para cenar (Thermozero, 2014), ambos de lo mejor que he leído estos últimos años… y eso cuando su carrera tan solo ha echado a andar y todavía está en periodo de “aprendizaje”. ¿Qué cotas de excelencia será capaz de alcanzar en cinco, diez… quince años? El tiempo lo dirá, pero parece claro que estamos ante un autor llamado a hacer cosas muy grandes. El futuro es suyo.

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En esta nueva entrega vuelve a dejar patente todas las virtudes que ya había exhibido en sus anteriores trabajos: sus extraordinarias dotes como narrador, la elegancia y claridad de su dibujo, la expresividad que es capaz de conferir a los rostros de sus personajes…

Los que ya conozcáis a de Castro, sabréis que es un autor al que le gusta experimentar y usar todas las herramientas a su alcance para lograr resultados sorprendentes. Así, en su fanzine Más allá del Valle del Ultratiempo creó el primer (por lo menos, que yo conozca) túnel espacio-temporal “real” de la historia del cómic. Y antes de eso ya había jugado con los recursos que permiten los webcómics, como el uso de gifs animados en Everybody y Open24hours, o el de viñetas imposiblemente largas como la de Mientras tanto….

Pues bien, en este nuevo trabajo también encontramos composiciones de página y uso de recursos sorprendentes en momentos puntuales, siempre al servicio de la historia que nos está contando y sin efectismos que nos saquen de la lectura. De todos ellos destacaría dos: la composición de “Ojos”, capítulo que hay que leer girando el cómic, y las viñetas en forma de abanicos de “Estrógenos”, que sirven para mostrarnos de forma muy gráfica algunos de los efectos de la quimioterapia.

También requiere una mención especial el uso del color que hace de Castro: con una paleta intencionadamente limitada consigue realzar sus dibujos y darle una extraordinaria vitalidad a las páginas. Como hace con su trazo, entiende que muchas veces menos puede ser más si ese “menos” se utiliza correctamente. Y con ese talento innato que tiene para el cómic, así lo hace: jugando con los contrastes, aprovechando el color de fondo como un elemento más con el que trabajar, o usando en ocasiones diferentes tonos en función del capítulo para resaltar la ambientación, el elemento principal de la historia o el tono que se le quiere dar. Así por ejemplo en “Árbol” y “Kiwis” predominan los tonos verdes, por motivos evidentes, al igual que en “No” y “Sión, Sión” que transcurren en un parque; en “Dificultades” se muestra una cadena de correos de Gmail en las que se ha optado por contrastar el blanco con el rojo, que, además de utilizarse en el logo de este servicio web, tradicionalmente asociamos a las situaciones de peligro; en “Entierros” se usan el negro y grises muy intensos, siempre tan presentes en estos tristes eventos; mientras que en “Gracias” cobran el protagonismo el púrpura y el verde de la remolacha, objeto protagonista de dicho capítulo. Sorprendentemente (o no), el momento en que de Castro utiliza una paleta de colores más tradicional es en la bucólica portada de una revista de los testigos de Jehová, lo cual no hace más que reforzar el contraste entre esa utópica fantasía y la vida real de la protagonista. Delicioso.

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En conclusión: una novela gráfica interesante, bien escrita, de lectura amena, con una temática y realización que a buen seguro llamará la atención de ese tipo de público más generalista que normalmente no lee cómics, y que supone un paso más en la carrera de uno de los autores nacionales que más alegrías nos va a dar a los lectores en los próximos años. Leanlo ustedes ahora y así podrán decir en el futuro aquello de “yo ya era fan de Javi de Castro antes de que fuera mainstream” 😉

Rafael DomeneActualidadFeaturedReseñasJavi de Castro,María Hernández Martí,Modernito Books,Reseñas,Tebeo Español
Que no, que no me muero Guion: María Hernández Martí Dibujo: Javi de Castro Formato: Rústica. 210 x 210 mm. 168 páginas. Sinopsis: Lupe tiene 38 años, pareja, perro, padres, hermanos, amigos, problemas de trabajo, clientes que no pagan y un cáncer de mama. Se enfrenta a esto último con el mismo sentido...