Saludos, mis queridos lectores. Hoy toca comentar una obra recuperada de entre las nieblas del pasado. Hoy toca el número 5 de Pulgarcito…digooooo, de... Reseña: Pulgarcito 5.

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Saludos, mis queridos lectores. Hoy toca comentar una obra recuperada de entre las nieblas del pasado. Hoy toca el número 5 de Pulgarcito…digooooo, de Pulgarcito.

Ahm, Pulgarcito… Ahm, Trini…

Este tebeo me trae emociones encontradas. La nueva edición de Ediciones B ya había pasado por esta vez, reseñada y comentada por el Señor Tete. En cuanto supe que iba a salir una nueva edición, supe que terminaría en mis estanterías, aunque sin prisa.

La edición en tomitos me echó algo para atrás, no os mentiré. No realmente porque me preocupase que encareciera la colección (sale el tomito a 10 euros) sino por la dificultad en moverlo, prestarlo, leerlo…

De niño yo adoraba esta serie. Lástima que en la pequeña ciudad del norte de España donde vivía la distribución de tebeos en quioscoa o pequeñas librerías fuera (por decirlo de manera suave) caótica y aleatoria. Ni siquiera las colecciones de Bruguera estaban garantizadas. Así que leíamos las series así de aquella manera…

Pero Pulgarcito me gustaba. Y me gustaba porque salían versiones de historias clásicas que ya conocía. ¿Qué niño no se ha puesto de protagonista en las historias que le gustan? Pulgarcito lo hacía, como nosotros lo hacíamos.

Y en aquellos tiempos en los que no es que no había internet, sino que no había ni tele (que solamente emitía por las tardes y en dos canales y gracias) Pulgarcito era otra ventana al mundo exterior.

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En este tomo tenemos dos historias. Una ambientada en la Cataluña donde vive Pulgarcito. La otra en el Londres al que lo lleva de «vacaciones» el Señor Ogro. Y los niños de la época veíamos los bonitos dibujos de Jan del Puente del Londres, del Kilt escocés, de aquel cottage…

Me gustaba (y me gusta) el dibujo de Jan, aunque en aquella época ese entintado de trazo grueso y esas narices me resultaban raras.

Y el color era raro, también. Años después, aprendimos que esa saturación de color era como de la imprenta. Pero en aquelllos tiempos de infancia, ¿qué sabíamos nosotros?

Y si he hablado antes de nueva edición y no reedición se debe (entre otras cosas) al nuevo coloreado que ha recibido el trabajo de Jan. Aquí se explica mejor de lo que yo podría hacerlo.

¿Y gana o pierde Pulgarcito con el nuevo color? A mí no me ha importado. Ha pasado demasiado tiempo desde que leía estas historias como para tener grabado el antiguo color en mi memoria. Así que leo las historias con el nuevo color (que sigue teniendo un tono especial de Jan) y no noto nada raro.

El tomo se completa con unas páginas comparando los cambios hechos en el texto entre los originales de Jan y lo que en su día se publicó. Me encantan estos textos sobre las obras y los autores.

Y para los coleccionistas (o los que quieran atraer con viles engaños a niños pequeños al mundo de Pulgarcito) el lomo viene decorado, lo que quedará monísimo en nuestras colecciones cuando terminemos la serie.

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Lamastelle

Lamastelle

Aprendió a leer para viajar con el Capitán Trueno. Ha navegado por los mares del tebeo europeo, americano y japonés. Ha visitado la Luna y guiado un velero por los canales de Marte. Pilotó a Mazinguer Z. Defendió la Tierra de mil invasiones. Ha comandado naves entre mundos. Ahora, en su villa situada en una isla sin nombre, disfruta de su biblioteca y reseña para ELHDLT.

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