En la estepa tortera nos encanta crear debate, y uno de los más socorridos cuando hay tanta calma que incomoda, es ese eterno conflicto entre las criaturas creadas por CGI y los animatronics. Unos y ceros o «moñecos». Que gana la artesanía es un resultado tan clásico como el propio debate, y es que lo que muñecos y marionetas logran transmitir es especial. Especiales y llamativos… tanto como para que una religión como el vudú, cuyo cometido primigenio era el de sanar el espíritu y con una gran cantidad de seguidores en África — muchos más en el pasado —, continente donde tiene sus raíces, ha quedado reducida en la creencia popular al concepto de magia negra practicada con muñecos — «moderna» vertiente más típica de regiones caribeñas. El muñeco logra ser atractivo y repulsivo al mismo tiempo. Te mira y te atrapa. Te fija la mirada y amenaza. No molestes al muñeco, ni molestes a Sôichi… porque amontona clavos en su boca. Clavos para fijar sus dichosos muñecos a árboles. Clavos para articular el muñeco que hará innecesaria tu existencia.

Las caprichosas maldiciones de Sôichi portada
Las caprichosas maldiciones de Sôichi 1
Guion/Dibujo: Junji Ito
ECC Ediciones
Mayo de 2017
Rústica
296 páginas. B&N
978-84-16796-89-2
10.95 €


En mayo de 2017 ECC Ediciones publicaba el primer tomo de Las caprichosas maldiciones de Sôichi, un título más a sumar a la fuerte apuesta de la editorial por el maestro japonés del terror Junji Ito. Quizás sea uno de los autores cuya popularidad está creciendo con más fuerza en España en los últimos tiempos — de hecho fue uno de los autores estrella en el Salón del Manga de Barcelona del año pasado, al que acudió de la mano de ECC Ediciones precisamente.

Lo cierto es que no estaba muy familiarizado con la obra del autor hasta hace bien poquito — también me subí a la ola, lo admito —, pero de lo que me ha dado tiempo a leer he comprobado que no le falta imaginación. Tiene mucha facilidad para crear atmósferas complejas y bastante turbias buscando un lado grotesco a elementos comunes. En Las caprichosas maldiciones de Sôichi, sin ir más lejos, se basta de un niño retraído, unos clavos y el vudú, para componer una historia en la que puedes sentir la repulsa de todos los jóvenes que se acercan a ese extraño chaval, Sôichi. Un panorama en el que es difícil discernir entre la risa y el miedo.
Las caprichosas maldiciones de Sôichi 1

El manga, publicado originalmente en Japón allá por el 97, es un conjunto de pasajes de la vida del joven que le da título, y del entorno de personas, que para su desgracia, han entrado de una forma u otra en su vida. Padres, hermanos, primos, compañeros de clase… todos consiguen perturbar al fácilmente perturbable Sôichi y terminan por sufrir su afición por el vudú. Con una montonera de clavos apelmazados en la boca y más susceptible que Bruce Banner corriendo unos sanfermines, la versión tétrica de Daniel el Travieso tiene magia negra y mala baba para todos. Cuando le sale bien, tienes la vertiente más clásica del autor, y cuando le sale mal, Junji Ito nos da unas pinceladas cómicas que mezcladas con su versión tradicional se traducen en… «algo» poco común con lo que en algunas ocasiones no sabes realmente si desea provocarte la risa. Al final consigue hasta que te resulte entrañable el protagonista… si no tienes un corazón tan negro como el suyo.

Las caprichosas maldiciones de Sôichi house of puppets

Viñeta de House of Puppets, de Junji Ito

No es la primera vez que leo algo de Junji Ito relacionado con los muñecos o sus primos hermanos, las marionetas. El autor es sabedor de que tiene en estos objetos un valor seguro para sus «perversiones». Sin embargo, a diferencia de historias como House of puppets, aquí el tono es completamente distinto en la mayor parte del tomo. Me esperaba sangre y retorcimientos de la realidad, y los hay; pero lo que no me esperaba es que el cóctel habitual se tradujese en más sonrisas que lágrimas. Sí, me he reído, pero ni atisbo de miedo o asco. También os digo que después de leer el Fetus Collection de Shintaro Kago, leer a Junji Ito — que hila más fino — ya no será lo mismo, al menos en cuanto a esos elementos que podrían causar mareos y nauseas.

Cada capítulo, pese a que se construye sobre los hechos acaecidos en los anteriores, tampoco bebe tanto de ellos como para que sean especialmente necesarios. Me atrevería a decir que hasta se podrían alternar aleatoriamente y se seguirían disfrutando de igual forma.

Las caprichosas maldiciones de Sôichi 2

Algo así como las series procedimentales. Creo que cambiará esta sensación cuando avance algo más la historia.

Yo me quedo con el Junji Ito más «destroyer» de otros títulos que ha publicado la editorial, que por otra parte me parecen más representativos de cara al lector que quiera probar por primera vez con una obra de este excelente mangaka. No obstante, Las caprichosas maldiciones de Sôichi es igualmente curioso y entretenido. Los que siguen al autor disfrutarán, sobre todo si no se molestan al encontrar pinceladas de un humor que, pese a tratarse de Junji Ito, no es excesivamente negro la verdad. Incluso esos momentos en los que es necesario seguir el juego a los personajes y su incredulidad ante lo evidente — disparates — en esta ocasión cuesta menos, precisamente porque se pueden entender como parte de ese tono más «distendido».

No perdemos la pista a Sôichi.

A todo esto, creo que Gallofa no me parecía tan siniestro cuando era pequeño…

Las caprichosas maldiciones de Sôichi gallofa

¿Te interesa comprar este cómic?
Hazlo desde este link de Amazon y colabora con Es la Hora de las Tortas.
http://www.eslahoradelastortas.com/blog/media/2017/07/Las_caprichosas_maldiciones_de_Soichi-portada-500x769.jpghttp://www.eslahoradelastortas.com/blog/media/2017/07/Las_caprichosas_maldiciones_de_Soichi-portada-300x300.jpgJaime G. RuedaFeaturedReseñasECC Ediciones,Junji Ito,Manga,Reseñas
En la estepa tortera nos encanta crear debate, y uno de los más socorridos cuando hay tanta calma que incomoda, es ese eterno conflicto entre las criaturas creadas por CGI y los animatronics. Unos y ceros o «moñecos». Que gana la artesanía es un resultado tan clásico como el...