La Herencia de la Ira Guión de Jason Aaron. Dibujo de Ron Garney. Panini Comics. 2016 Cartoné, 136 págs. Color. 15€ Tengo que empezar...

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La Herencia de la Ira

Guión de Jason Aaron.
Dibujo de Ron Garney.
Panini Comics. 2016
Cartoné, 136 págs. Color.
15

Tengo que empezar esta reseña con un detalle tan tonto que perfectamente podría dejar fuera, pero ya advierto que todo el resto de la reseña va girar tanto en torno a las alabanzas al trabajo de Jason Aaron y Ron Garney en La Herencia de la Ira, que voy a empezar con una pega aunque sea nimia. Más de una y de dos veces hemos visto cómo traducir ciertos títulos de su idioma original puede dar quebraderos de cabeza, recordemos sin movernos de guionista la controversia que hubo con Paletos Cabrones. En el caso de La herencia de la Ira es una traducción libre de Men of Wrath, pero que personalmente considero acertada ya que en inglés existía un juego de palabras con Wrath (ira) y Rath, el apellido de los protagonistas, intraducible en castellano. Una traducción literal habría perdido la referencia la familia. La pena es no haber aprovechado una casualidad que se ha dado en castellano y es que uno de los dos protagonistas y, para más inri el padre, se llama Ira. Un “Herencia de Ira” habría sido redondo, ¿no?

Dejándonos de minucias, La Herencia de la Ira, es una obra para el sello Icon de Marvel que parte con un cierto componente autobiográfico. Tal como se nos explica en el prólogo, el tatarabuelo de Jason Aaron, Ira Aaron, mató a un hombre en una discusión por unas ovejas. La historia de este tebeo gira en torno a cómo las acciones violentas se transmiten como si estuvieran escritas en los genes y cómo se perpetúan de generación en generación. Ira Wrath es un viejo tipo duro. Tiene cáncer y se está muriendo, pero aún puede merendarse cinco tipos como tú sin pestañear y rematarlo con un escupitajo de sangre. Tras una vida dedicada al asesinato por dinero, Ira recibirá el encargo más difícil de su vida.

La otra pata de esta historia es Ruben Rath, hijo de Ira y sin ninguna gana de saber de su padre. Ruben es uno de esos perdedores de manual tan presentes en las historias de la cultura yanki y como suele ser frecuente en Aaron, estamos ante una historia del sur de los Estados Unidos; nos sumerge en lo peor y lo más negro y violento de la cultura americana.

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Quizá con La Herencia de la Ira estamos ante una historia más simple que otras de Aaron más conocidas como Scalped o Paletos cabrones. Son sólo 5 números, con lo que la mitad es presentación de los personajes y la situación y la otra mitad es violencia pura. Aún así se las arregla para plagar el cómic de esos momentazos de caracterización tan potentes en los que es experto Aaron y que llegan más allá de la cabeza del lector como una patada directa al corazón. Estamos ante un tebeo duro sucio y rápido no exento de alguna excentricidad de esas tan molonas que podemos ver en otros de sus tebeos o en la serie de TV Banshee.

En tan solo cinco números y con toda la acción que cabe en el tomo, es aún capaz de reflexionar sobre la violencia y la familia. Y nada de maniqueísmos o de juicios morales fáciles. Jason Aaron es un talentazo y si algo se le da bien es jugar con los personajes y con la carga simbólica de lo que los rodea para llegarnos a lo más hondo.

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Aunque en un registro completamente distinto, Ron Garney nos había demostrado sobradamente en Capitán América o Lobezno que es un dibujante especialmente dotado para la acción. No obstante sabe que esta vez no estamos en una historia de pijamas sino ante algo duro, sucio, negro, violento y sin concesiones y adapta su estilo con un grafismo que por momentos se antoja cercano al Frank Miller de Sin City. Narrativamente, la palabra que define a Garney es eficaz. Huye de las viguerías compositivas tan de moda en los últimos años en favor de una distribución de página sencilla donde el contenido de las viñetas y no la disposición o forma de éstas lleva la carga narrativa.

Dada su corta extensión, este tebeo no quedará en la memoria con lo ha hecho Scalped o como parece que hará Paletos Cabrones, pero sabe meterte la mano en las tripas y dejar que termines el tebeo con un escalofrío en la espalda.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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