Segundo y último tomo publicado por la editorial Planeta de la serie Kanan, el último Padawan. Aquí concluyen temporalmente las aventuras en el mundo... Reseña: Star Wars. Kanan, el último padawan #2

Segundo y último tomo publicado por la editorial Planeta de la serie Kanan, el último Padawan. Aquí concluyen temporalmente las aventuras en el mundo del cómic de uno de los personajes principales de la serie de animación Star Wars Rebels. El joven Padawan, de nombre Caleb Dume, vivió muy de cerca las Guerras Clon junto a la Maestra Depa Billaba. En el tomo anterior, Greig Wisman y Pepe Larraz narraban como el muchacho se convertía en el forajido Kanan Jarrus, componiéndoselas por los bajos fondos de una galaxia muy, muy lejana tras sobrevivir a la Orden 66. No obstante, rompiendo la continuidad de aquellas historias, casi a modo de flashback, en esta segunda entrega los autores dan un paso atrás en la cronología del personaje para centrarse en sus primeros pasos en la orden Jedi. Y esa decisión por aquí se celebra.

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Guion: Greg Weisman.
Dibujo: Pepe Larraz.
Editorial: Planeta.
Formato: 144 páginas, color, rústica sin solapas.
Contiene: Star Wars: Kanan 7-12 USA..
Precio: 16.95 €


Quizá las mejores ideas del primer arco argumental de Kanan, el último Padawan, contenido en los primeros 6 números USA y recogido en el tomo anterior, estuvieran en sus 3 ó 4 primeras páginas. En ellas contemplábamos a Kanan (todavía Caleb) luchando codo con codo con las tropas clon contra el malvado ejército droide de los separatistas. El mismo Caleb reflexionaba sobre cómo había acabado encontrado su lugar en el mundo en medio de la desolación de la guerra. Por fin se sentía útil y realizado, pero para ello había tenido que conocer el horror. Esas contradicciones que atormentan al muchacho se dan de bruces con la brutal traición de los soldados clon, sus camaradas y amigos en el campo de batalla, tras la Orden (66) del protoemperador Palpatine. El tebeo proseguía con un corre que te pillo al estilo contrabandista muy entretenido, pero las sensaciones de estas primeras páginas no se iban a recuperar hasta la publicación del tomo que hoy tenemos entre manos.

El segundo y último arco argumental del que estamos hablando, que contiene los números #7-12 USA, se centra en la progresión del propio Caleb como aprendiz de Jedi, haciendo hincapié en su papel al lado de su maestra en las Guerras Clon. La trama se asienta en una aventura que los personajes protagonistas de Star Wars Rebels viven en un planeta muy especial para Kanan. Herido y confinado en un tanque Bacta, Kanan rememora sus inicios en la Fuerza. La historia comienza con Caleb (Kanan) como pequeño discípulo en el templo Jedi, bajo la tutela del Maestro Yoda, igual que todos los younglings al parecer (“el maestro de Jedi que me enseñó a mí”, decía Obi-Wan… ¿pero no había sido Qui-Gon?). Caleb destaca por sus habilidades, pero también por sus ganas de pasar a la acción. Tras una reyerta en la que el joven muestra su valía, es acogido como Padawan por la Maestra Billaba. En aquellos tiempos de necesidad, no tardarán en ser enviados a las más peligrosas misiones en el contexto de las Guerras Clon.

Punto y aparte merece la mencionada maestra Depa Billaba, presentada aquí como una suerte de Jedi Fracasado (véase el juego de rol de West End Games, indispensable para cualquier aspirante a real fan de Star Wars). La relación maestro-discípulo es interesante y bastante original. Las dudas iniciales que Billaba suscita en Caleb, unida a la propia inseguridad que habita en la maestra tras sobrevivir a una desastrosa campaña en la que murieron la mayor parte de los clones a su cargo, plantan la semilla de una relación que se va a desarrollar de forma eficaz y a buen ritmo. En cualquier caso, es importante remarcar que la Maestra Depa Billaba no es un personaje creado para la ocasión. Si afinamos la vista se la puede ver en La Amenaza Fantasma sentada junto al maestro Yoda y al resto sus compañeros del consejo Jedi.

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La Maestra Billaba en el consejo Jedi. Versión cinematográfica.

Si bien el trabajo a los guiones de Greg Weisman crece notablemente respecto al primer tomo (otra vez dignas de antención las reflexiones del propio Caleb, esta vez ante la primera vida que quita con su sable de luz, así como su estrecha relación con los clones, ya apuntada en aquella primera entrega), lo que realmente destaca de este segundo arco es la maestría de Pepe Larraz. El dibujante madrileño está completamente inmenso a lo largo de todo el tomo. La dinámica de las viñetas y la sensación cinética en los movimientos de personajes y vehículos es sobrecogedora. Pero sin perder en ningún caso la disciplina en cuanto al respeto por las anatomías (humanas o alienígenas) ni por los sagrados diseños de la franquicia. Por poner un ejemplo: el combate de la Maestra Billaba contra el famoso General Grevius. Simplemente brillante. En el primer tomo, el trabajo de dibujante y colorista resultaba muy correcto, pero, decíamos, quizá provisto de un estilo y color demasiado pijameros para el universo Star Wars. Aquí el arte de Pepe Larraz y David Curiel alcanza su máximo esplendor, proporcionándonos un tebeo sencillo y efectivo en los pasajes intermedios, y absolutamente espectacular en las secuencias de acción. Para quitarse el sombrero.

El último número que contiene el tomo es un epílogo bastante intrascendente dibujado por Andrea Broccardo. El relato parece cumplir la misión de unir lo contado en los números anteriores con lo que acontece en la serie de televisión Star Wars Rebels. Aventurilla con la versión adulta de Kanan (inevitable coleta y perilla) de protagonista, que enlaza con su versión infantil y con los personajes de los bajos fondos de la primera parte.

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Para terminar, quisiera expresar mi disgusto personal con algunos aspectos de la edición española de los nuevos tebeos de Star Wars. Las traducciones son, por lo general, incómodas de leer, con construcciones gramaticales imposibles y plagadas de oraciones subordinadas (conectadas por “que”) que empobrecen la experiencia lectora. Además se introducen gran cantidad de palabrotas que no respetan el espíritu de la versión original, ni han estado nunca en el universo Star Wars; en ningún caso la traslación, creo, debería ser tan ruda (por ejemplo: “your damn bussines” se traduce aquí como “tus putos asuntos”). De la coherencia con las traducciones tradicionales ya ni hablamos: «Caminantes» en vez de “andadores”, «Corredor de Kessel» en vez de “Carrera”, «chico» en vez de “niño”… Además la rotulación es muy deficiente, partiendo las palabras con guiones siempre que se puede, precisamente al contrario de lo que sugieren las buenas maneras. A todo esto hay que añadir las molestas páginas de publicidad con fragmentos de otros tebeos de Star Wars publicados por la editorial que se incluyen al final de cada grapa (también en los tomos de Kanan), y que además encarecen el precio… Visto el envoltorio, alguien podría sentir la tentación de pensar que Planeta no aprecia el producto que vende, porque es muy consciente de que tiene entre manos una golosina que muchos vamos a comprar llueva o truene. En todo caso, nunca es tarde para reconducir la situación.

En cuanto a Kanan, el último Padawan, que es al fin y al cabo lo que importa… De lo mejor, sino lo mejor, que se ha publicado hasta el momento del nuevo canon Star Wars.

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Mario

He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves Skrull más allá de Apokolips. He visto al Doctor Manhattan brillar en la oscuridad cerca de la Zona Azul de la Luna. Todos esos momentos, guerra química y podcast.

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