Cuando el compañero Lamastelle nos habló esta semana de Mi vecino Miyazaki  algo en mi inconsciente se removió. ¿No tenía yo por ahí una...

isla00Cuando el compañero Lamastelle nos habló esta semana de Mi vecino Miyazaki  algo en mi inconsciente se removió. ¿No tenía yo por ahí una maravilla de album que rezuma «ghiblismo» por todas sus páginas? Sí, sí… ése mismo que obtuvo una medalla de plata del Premio Internacional del Manga de Japón… El de La isla sin sonrisa, de Enrique Fernández.

Para ahorrar faena, comenzaremos con el típico copia-pega del texto informativo que facilitaba la editorial y que podréis encontrar en cualquier tienda online a la que deberiáis ir inmediatamente a comprarlo si es que no lo tenéis aún: Entre el sueño y la realidad. A medio camino entre los cuentos marítimos de Stevenson y la fantasía animista de Miyazaki, Enrique Fernández construye un relato onírico y poético, con un dibujo espléndido, sobre la búsqueda de la felicidad. Yulkukany es una isla ballenera, batida por las tormentas y habitada por individuos taciturnos y desconfiados. Milander Dean, un geólogo atormentado por su pasado, desembarca en su costa para realizar una investigación de rutina. El encuentro con una niña cambiará su vida.

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Así que tenemos la típica historia del extranjero que llega a una comunidad, le resulta incompresible su modo de vida comparándolo con lo que él considera el mundo normal y la progresiva adaptación hasta integrarse con ellos. ¿Verdad? ¡¡Pues no!! No voy a destripar en absoluto la trama más allá de lo mostrado por la editorial en su sipnosis, pero debo advertiros de que hay más de lo que parece en un principio… mucho más.

El contrapunto que nos ofrece Milander, amargado y enfurruñado permanentemente no sólo por un episodio trágico que le atormenta sino también por decisión propia llegando hasta el punto de enfurecerse consigo mismo cuando descubre que accidentalmente está sonriendo, en oposición a la joven e imaginativa Eli que tiene «la cabeza llena de pájaros» y que encuentra una explicación fantasiosa a cualquier suceso que acontezca en la isla adornándolo con una pátina de folcklore popular, es el hilo narrativo principal que nos conduce por la historia.

Las relaciones según Eli

Las relaciones según Eli

Gráficamente el álbum es simplemente impecable. Una narrativa perfecta que unido al estilo de dibujo y la paleta de colores elegida nos dan la sensación cuando terminamos la lectura de que no hemos leído una novela gráfica, sino que acabamos de asistir a la proyección de un film. Incluso podría jurar que en mi cabeza los personajes no están estáticos de viñeta a viñeta, que se desplazan animados de una secuencia a otra. Indudablemente éste estilo de dibujo, unido a cierta parte fantástica de la historia, es lo que nos obliga a todos a relacionar La isla sin sonrisa con el Estudio Ghibli.

En resumen: nos encontramos ante una gran historia bellamente ilustrada que merece muy mucho la pena ser leída. Y una vez leída volver a comenzar por la primera página y quedarse embobado en todas y cada una de sus hermosas viñetas. Y que si no se fían ustedes de mi recomendación para su lectura, hagan caso a los japoneses. Que digo yo que por algo le dieron una medalla…

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Nacho

Lector desde hace eones y dotado de memoria daguerrotípica que le ha permitido parecer que sabe mucho cuando en realidad lo único que hace es recordar. Y lo que no recuerda... ¡se lo inventa!

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