Hay expresiones artísticas que son probablemente tan antiguas como el ser humano. La danza, la música o la literatura (si consideramos la transmisión oral... Historia de la Santa Rusia

Hay expresiones artísticas que son probablemente tan antiguas como el ser humano. La danza, la música o la literatura (si consideramos la transmisión oral de historias como parte de ésta) nos han acompañado desde la noche de los tiempos y determinar una fecha concreta para su creación resulta imposible. Otras artes, como la fotografía o el cine, son prácticamente recién llegadas y, al estar ligadas a ciertos desarrollos tecnológicos, podemos concretar con bastante precisión su aparición en la historia.

Los tebeos, sin embargo, se encuentran en una situación intermedia. Aunque existe cierto consenso en que las «historias en estampas» de Rodolphe Töpffer podrían considerarse como el origen de la historieta, otros estudiosos del tema lo llevan a la alta edad media (el famoso tápiz de Bayeux) o, forzando todavía más el asunto, a las cuevas de Altamira y el arte rupestre en general. Al final todo depende de qué consideremos que es un tebeo y la definición que le demos a la narrativa gráfica y el arte secuencial; uno de esos debates apasionados, y probablemente estériles, que sin embargo resulta fascinante e interesantísimo para aquellos que amamos el cómic y queremos conocer mejor sus entresijos.

Debates esencialistas aparte, como decía antes, los orígenes del tebeo «moderno» podemos situarlo en la primera mitad del siglo XIX. La editorial El Nadir está haciendo el esfuerzo de traernos estos primeros cómics con obras como Pioneros del cómic o ésta que reseñamos hoy: Historia de la Santa Rusia, de Gustave Doré.

Historia de la Santa Rusia

Si hay algo por lo que se reconoce a Gustave Doré hoy en día es por sus excepcionales grabados ilustrando obras clásicas de la literatura universal: Don Quijote, El paraíso perdido, La divina comedia, etc. Recuerdo que mis tíos tenían en la casa del pueblo una de esas Biblias juveniles con las ilustraciones de Doré y yo me podía tirar horas contemplando esos detallados dibujos.

Pero la faceta de este francés, nacido en 1832, como caricaturista y narrador gráfico es mucho menos conocida (yo la ignoraba completamente hasta que llegó esta obra a mis manos). Antes de hacerse famoso con sus grabados, Doré intentaba abrirse camino en los periódicos de la época, publicando caricaturas y viñetas humorísticas. Tras varias publicaciones largas, en 1854, en los albores de la guerra de Crimea, Doré se embarca en el ambicioso proyecto de contar, a lo largo de más de 100 páginas, la historia del Imperio Ruso, en clave paródica y burlesca.

Y eso es lo que nos encontramos en Historia de la Santa Rusia. Una obra que sigue la tradición de escritores satíricos como Swift, Sterne y, sobre todo Rabelais (ese mismo año Doré estaba ilustrando su Gargantua y Pantagruel). La obra utiliza viñetas acompañadas de texto para contarnos una visión deformada y profundamente cruel de la historia de Rusia. El principal objeto de burla de Doré son los gobernantes rusos: una sucesión de seres sanguinarios, opresores de su propio pueblo y preocupados solo de mantenerse en el poder a toda costa. Pero su visión del pueblo ruso tampoco se queda corta: gente ignorante, violenta y sin dignidad.

La obra de Doré no pretende ser una representación fidedigna de Rusia, sino una soflama patriótica francesa con la intención burlarse de un enemigo. Obviando esto, la historia de Doré resulta en general bastante divertida. Su humor se apoya sobre todo en los juegos de palabras (aquí la traducción de René Parra es esencial) y los dobles sentidos, la yuxtaposición entre lo que se dice en el texto y lo que se muestra en la viñeta. Muchos chistes se basan en lo que hoy llamaríamos running gags: la «zarina kólica» (el envenenamiento, principal causa de muerte de los zares), el látigo de nudos (instrumento «civilizador» de Rusia) o las referencias a la victoria de Rusia frente a Napoleón en 1812.

Historia de la Santa Rusia

Visión de Doré sobre la victoria rusa de 1812 frente a Napoleón.

La inventiva de Doré a la hora de plantear algunos chistes gráficos es destacable y en momentos muy sorprendente. Por ejemplo, su resumen del reinado de Iván el Terrible como un manchurrón de sangre en una viñeta a toda página es impactante y genial. También utiliza recursos metalingüisticos, introduciéndose como personaje en la propia narración. Resulta brillante el momento en el que discute con su lápiz por no querer representar las «depravaciones» de Catalina II por miedo a la censura.

El autor tampoco se corta a la hora de representar la violencia. Sus viñetas están repletas de decapitaciones, desmembramientos y muchas otras animaladas bastante explicitas. Pero siempre con un estilo de dibujo caricaturesco que apoya el tono de burla general de toda la obra.

Respecto a la edición que nos ofrece El Nadir, no se le puede poner ninguna pega. Encuadernación en tapa dura, papel de alto gramaje, impresión perfecta y un buen tamaño que permite disfrutar del arte de Doré, sobre todo de los grabados a toda página que cierran la obra, mucho más detallados que en el resto. El tomo se completa con una introducción de René Parra y un epílogo de David Kluntz, que nos permiten poner en contexto la obra y sacarle todo el jugo posible. Algo que considero esencial en este tipo de obras.

Historia de la Santa Rusia tal vez no sea una obra imprescindible dentro de la historia del tebeo. Su tono excesivamente paródico y propagandístico juega en su contra en muchas ocasiones. Pero es una lectura interesante, entretenida y divertida, en la que se disfruta, sobre todo, el despliegue de recursos gráficos que nos muestra Doré. Recomendable sin duda para todos aquellos que tengan interés en los orígenes del arte secuencial.

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Ángel Ruiz

De pequeño fue testigo de como sus G.I. Joes eran devorados por su perro. Desde entonces, para superar el trauma, pasa las noches consumiendo todo tipo de subcultura: ciencia-ficción, fantasia, tebeos, películas, series... nada es suficiente para olvidar esa imagen de Destro entre las fauces de su mascota.

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