Tras el paréntesis del número anterior, se retoma la trama del Señor Oscuro, que compondrá el eje troncal de la saga tras el final... Reseña Fábulas núm. 11

Tras el paréntesis del número anterior, se retoma la trama del Señor Oscuro, que compondrá el eje troncal de la saga tras el final de la guerra. Y aquí llega la gran pregunta: ¿Resiste Fábulas el pulso tras la guerra o se desinfla como se puede oír en los mentideros?

Fábulas núm. 11 portada

Fábulas núm. 11

Guión de Bill Willingham.
Dibujo de Mark Buckingham, David Lapham, Iñaki Miranda, Jim Fern y otros.
Cartoné, 464 páginas. Color.
39,50
ECC Edciones. 2016

Aún quedan 50 números para terminar la serie, pero el arranque de la postguerra es más que prometedor. A favor de los detractores, he de decir que lo que vemos aquí no suena a nuevo como la primera etapa de la serie, pero mantiene exactamente los mismos ingredientes con los que nos conquistaron en su día Bill Willingham y Mark Buckingham. Fábulas núm.11 recopila dos arcos argumentales: Brujas y Rosa Roja.

Tras una primera historia destinada a indagar en el pasado del Señor Oscuro, en Brujas, asistiremos a dos tramas paralelas principales que conviven con las otras mil subtramas. Frau Totenkinder prepara su jugada contra el señor oscuro mientras en la Granja el resto de las brujas mueven ficha. La segunda trama principal tiene como protagonista a Bufkin, el simio bibliotecario más entrañable de Villa Fábula, que tendrá que hacer frente a una amenaza mucho mayor de lo que este monete podría a priori manejar. El siguiente arco se centrará en el pasado de Rosa Roja y su vuelta al primer plano, culminando ambos arcos en el número 100 de la serie original con una batalla con toda la épica posible.

Fábulas núm. 11-01

Pero éstas no serán las únicas tramas, ya que asistiremos a las conspiraciones de Gepetto, le desarrollo de la religión azul de Apestoso, los ardides de Ozma, la vida en la Tierras Natales con Papamoscas como rey, el secreto de los hijos de Blanca y Lobo, el del bebé de Bella y Bestia

Decía hace unas líneas que Fábulas sigue conservando esos ingredientes que consiguieron engancharnos. Es cierto que pasada la guerra, la serie pierde su objetivo inicial y tiene que inventar otro (en este caso el Señor Oscuro), pero los personajes conservan su carisma casi intacto y ese “casi” es sólo para hacerlo crecer. Los personajes hasta ahora más secundarios ya tienen el bagaje suficiente como para darles sus propios momentazos y, de ese modo, Frau Totenkinder o Bufkin pasan al primer plano más que exitosamente.

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Mencionaba las subtramas y los personajes como puntos fuertes de Fábulas y es que en las buenas historias, sobre todo en las de largo recorrido, las tramas contribuyen a construir grandes personajes y los grandes personajes con multitud de dobleces y matices, suelen dar lugar a grandes tramas. Esta capacidad para desarrollar esta retroalimentación es la mayor virtud de Bill Willingham. Manejar un reparto tan coral como el de Fábulas y que cada uno ocupe su puesto en este gran tapiz es sin duda una de las partes que hicieron que esta serie acaparase todos los premios en su momento.

La otra parte es Mark Buckingham. En este tomo hay dibujantes muy competentes como David Lapham e incluso algunos invitados de auténtico lujo en el número 100, como Adam Hughes, pero palidecen ante Buckingham porque, sin entrar en juicios de valor sobre comparativas de calidad, Mark Buckingham es la imagen de Fábulas. Puede que no sea el dibujante original de la serie, pero la fuerte caracterización de sus personajes, su elegante narrativa y sus filigranas en los márgenes se han convertido en la imagen de Fábulas por méritos propios. Existen muy pocos dibujantes tan completos como Buckingham en el panorama USA y es una lástima que no se le haya prestado más atención entre el gran público. En este caso, al entintador habitual Steve Leialoha, se le suma Andrew Pepoy, que si bien cumple, desarrolla una pincelada algo impostada y resulta algo menos sólido y contundente que el primero.

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Ya son 100 números los de esta serie que aún mantiene un envidiable ritmo. Drama, comedia, épica, tragedia… Fábulas no sólo es capaz de dar cabida a todo, sino que además los dosifica con orden y elegancia. No puedo asegurar la calidad en el futuro, pero ya son dos tomos los aparecidos tras la guerra y esta serie aún no da síntoma de cansancio.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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