Aprovechando que desde ayer los amigos sevillanos pueden deleitarse con la exposición «…y se escribe Spirou» en el Centro Cultural LAB (éste levantino agradacería... Reseña El nido de los Marsupilamis

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Aprovechando que desde ayer los amigos sevillanos pueden deleitarse con la exposición «…y se escribe Spirou» en el Centro Cultural LAB (éste levantino agradacería unos afotos de la misma si alguien lo tiene a bien…), y a pesar de que según el plan editorial de Dibukks nos indica de que por desracia en este año sólo tenemos un album nuevo de la «serie regular» que es el 52, por lo que siguiendo con ésa progresión no disfrutaremos del regreso del Marsupilami hasta el 2019 (que no es una queja, que bastante hacen), aplacaré un poco el «mono» del personaje releyendo por enésima vez el magistral tomo que Franquín hizo hace casi cincuenta años, y al que no se le nota en absoluto el paso del tiempo.

Como si de un documental de la segunda cadena de Televisión Española se tratase, asistimos a la proyección del material rodado por Seccotine, reportera rival de los aguerridos protagonistas de la serie, que ha conseguido grabar en Palombia a los Marsupilamis en libertad mostrándonos su forma de vida, incluyendo cortejo de la pareja, hábitos alimenticios, e incluso sorprendentes revelaciones como el hecho de que sean ovíparos. Bueno, algo se nota el paso del tiempo en el hecho de que se trata una proyección relatada por la reportera en lugar de ser un documental con audio integrado, o el hecho de que sea en cinematógrafo en lugar de vídeo, pero no molesta en absoluto para la historia.

Aparte de la genialidad que nos demuestra Franquín dotando al animal de usos y costumbres propios,  tenemos para adornarnos la proyección los comentarios de la señora pesada sentada junto a Fantasio, que nos recordará en más de una ocasión a la típica que hoy en día podemos encontrar en cualquier sala de cine, y por supuesto el chiste recurrente del pobre jaguar que ve como su cola merma en cada aparición.

Puestos a contar anécdotas curiosas, se dice que el autor ya comenzaba a sufrir ligeros síntomas de agotamiento en la serie, pero que el próximo nacimiento de su hija fue la inspiración que tuvo para realizar ésta historia. Y por otra parte el personaje viene directamente inspirado por Eugenio el Jeep, el animal de la cuarta dimensión que creó Segar enThimber Theatre para Popeye (otro día les hablaré de ésto) que en el país vecino lo denominaban Pilou-Pilou. Así que machihembrando marsupial junto a Pilou y añadiendo amigo en francés «ami» apareció el vocablo para denominar al pesonaje. Una comparativa:

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En cuanto ediciones en castellano, aparte del tomo viejuno de Grijalbo que tengo y que dificilillo estará de localizar, tienen la recopilación que hizo en aquellos tomos en blanco y negro PlanetadeAgostini, a la espera de que los amigos de Dibukks lo reediten como debe ser en su línea de integrales.

Y ya como curiosidad final, y echando mano de los trastos de mi hogar, aquí tienen mi Bebé Marsupilami negro que supera en tamaño al supuesto adulto progenitor:

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Nacho

Lector desde hace eones y dotado de memoria daguerrotípica que le ha permitido parecer que sabe mucho cuando en realidad lo único que hace es recordar. Y lo que no recuerda... ¡se lo inventa!

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