DMZ forma parte de esa tanda de principios de este siglo que supuso la última oleada de títulos de éxito en Vertigo, como Fábulas, Y, el último hombre o Scalped. La que es probablemente la obra magna de Brian Wood, nos sitúa unos Estados Unidos un poco distintos de los que conocemos y en los que ambiente y argumento se confunden.

DMZ portada

DMZ Libro 01

Guión de Brian Wood.
Dibujo de Riccardo Burchielli y Kristian Donaldson.
Cartoné, 304 páginas. Color.
29,50
ECC Edciones. 2016

Sin darnos demasiadas explicaciones nos vamos enterando por el camino de lo que pasa junto con su personaje principal, Matty Roth. Cuando embarcamos en el helicóptero con Matty, tan sólo sabemos que estamos viviendo la Segunda Guerra Civil Americana. La isla de Manhattan ha sido declarada zona desmilitarizada ) DMZ y Matty acompañará a un veterano periodista estrella en calidad de fotógrafo becario. Las cosas se descontrolarán y se encontrará solo en medio de lo que es un paraje inhóspito repleto de francotiradores, saqueadores y escombros. Descubriremos con él qué es la DMZ y que quizá la guerra no es lo que nos habían contado.

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Los bandos de esta guerra, sus motivaciones, ideas, mentiras y métodos se irán exponiendo a lo largo del tomo, pero no de manera expositiva (tal vez un poco en el número de arranque, pero es inevitable) y siempre dejando cosas por explicar, ya que al fin y al cabo, descubriremos qué es la DMZ, quiénes la pueblan y cómo funciona através de los ojos del recién llegado Matty. De hecho, aunque iremos descubriendo y arrojando luz sobre los dos bandos de esta guerra, se nos presentan de inicio deliberadamente etéreos y nebulosos, llenos de misterio sobre quiénes son y qué los hace funcionar. La intención es centrarse en el tercer bando que es protagonista de la obra: los civiles que viven en la isla de Manhattan en medio de dos frentes.

La obra comprende dos arcos argumentales. El primero de ellos, Sobre el terreno, es sin más una recopilación de historias cortas para ponernos en situación, conocer a los personajes principales y saber dónde nos hemos metido con Matty. Incluso cuando en el segundo arco, El cuerpo del periodista, tenemos un desarrollo de trama y personajes, la serie casi funciona como un procedimental más que como una historia larga. El protagonista es la DMZ y lo importante es conocer cómo funciona, cómo ha llegado a ser lo que es y quiénes son los buenos y quiénes los malos, si es que existe tal cosa. Tanto el gobierno de los Estados Unidos como el Ejército de los Estados libres mienten y usan todas las artimañas a su alcance para conseguir sus objetivos y el alto el fuego de Manhattan no es más que un estado de guerra intermitente y descentralizado.

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Pese a que el ambiente resulta envolventemente convincente y terminas por hacerte con los personajes, la historia que se nos cuenta en DMZ no está exenta de flaquezas. La sucesión de casualidades que se unen para que Matty sea el único periodista sobre el terreno está un tanto forzada y suceden demasiadas cosas que invitan a pensar que están solucionadas de forma poco sólida (o bien que hay gato encerrado y se explicará con el tiempo, ya veremos). Sin embargo, hay dos grandes errores que convierten DMZ en un gran tebeo cuando podría haber sido una obra maestra. Por un lado, y pese a que el segundo arco tiene un mayor desarrollo de trama y personajes, se echa en falta una dirección para la historia. DMZ construye un rico fresco, pero se asemeja más a un deambular sobre la marcha que a una historia con una orientación meditada. Por otro lado, tenemos una reflexión un tanto simplista sobre la guerra. Si bien no se cae en el maniqueísmo entre bandos y se ilustran algunas motivaciones e incluso alguna que otra de sus miserias, queda un mensaje algo mojigato de “la guerra es mala” centrándose en la damnificacion de los civiles sin lugar para un análisis más profundo sobre las causas. Una disección acertada sobre las razones que convierten a los civiles (que a buen seguro saben que “la guerra es mala”) en contendientes, habría puesto el broche de oro.

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Aunque Brian Wood también dibuja algunas secciones, el peso del apartado gráfico corre a cargo de Riccardo Burchielli, un dibujante italiano para el que DMZ fue su primer trabajo en los USA. En la tradición europea clásica, Burchielli es conservador en la narración sin grandes alardes ni rupturas y con hincapié en la creación de ambientes, lo que termina por dotar a esta obra de un plus de documental que le va como anillo al dedo. Tal vez, si acaso, se echa de menos un poco más de intensidad en las escenas de acción. Las escenas auxiliares que dibuja Wood, no solo cambian el estilo gráfico sino también el narrativo (gráfico y escrito). Wood es más un ilustrador que un dibujante de cómic con lo que sus escenas son más una sucesión de estáticas unidas por textos de apoyo, que si bien lucen bastante, aportan muy poco al conjunto.

En general, DMZ es un tebeo repleto de aciertos y desaciertos. Sin duda una lectura fluida y agradable, mucho más allá de la mera corrección y quizá por eso sean más lamentables esos errores que le impiden ser sobresaliente.

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DMZ forma parte de esa tanda de principios de este siglo que supuso la última oleada de títulos de éxito en Vertigo, como Fábulas, Y, el último hombre o Scalped. La que es probablemente la obra magna de Brian Wood, nos sitúa unos Estados Unidos un poco distintos de...