Dentro de la larga —ya casi 80 años, si contamos la época de Timely— y en ocasiones tumultuosa historia de Marvel Comics, hay un par de momentos que me hubiera gustado presenciar en vivo. Uno de ellos fue el 17 de diciembre de 1991, aquella famosa reunión dónde Todd McFarlane, Rob Liefeld y Jim Lee anunciaban su salida de la editorial. Y el otro, prácticamente 20 años antes, el 6 de marzo de 1970, fecha en la que Jack Kirby comunicaba por teléfono a Stan Lee que abandonaba Marvel y se iba a DC Comics.

Los paralelismos entre ambos momentos son obvios: ninguneo editorial, diferencias creativas, falta de control sobre sus creaciones… y el dinero (como no). En definitiva, un sentimiento de hartazgo acumulado con los años —especialmente sangrante en el caso de Kirby, donde las promesas rotas eran su pan de cada día— que les lleva a romper con la editorial y buscarse la vida en otra parte.

Posiblemente las repercusiones a largo plazo de la huida de los hot artist de los noventa, con la fundación de Image, fueron mucho mayores para la industria del cómic americano. Pero el impacto emocional para los trabajadores de Marvel que supuso la marcha de Kirby tuvo que ser algo brutal. Uno de los creadores del universo Marvel —quizá el más importante—, el dibujante que marcaba el estilo de la casa y que todos los recién llegados debían imitar, se iba. El momento está excelentemente narrado en el libro de Sean Howe Marvel Comics: La historia jamas contada. El propio John Buscema llegó a pensar que la editorial podría llegar a cerrar.

Terremotos editoriales aparte, Jack Kirby continuaría su carrera en DC —aunque seis años después volvería a Marvel… otro punto en común con alguno de los fundadores de Image—. El dibujante había llegado a un acuerdo con Carmine Infantino, director editorial de DC en esos años, para desarrollar algunas ideas y conceptos que no había podido –o no le permitieron– hacer en Marvel. Durante tres años se encargaría de escribir y dibujar lo que acabó conociéndose como la saga del Cuarto Mundo.

Y con esto llegamos al tebeo que ocupa nuestra reseña de hoy: el primer volumen de El Cuarto Mundo de Jack Kirby, donde ECC Ediciones recopila los primeros tebeos (entre octubre de 1970 y agosto de 1971) que forman parte de esta saga.

El Cuarto Mundo de Jack Kirby, Volumen 1

El Cuarto Mundo de Jack Kirby, Volumen 1

GUIÓN Y DIBUJO: Jack Kirby
EDICIÓN ORIGINAL: Superman`s Pal Jimmy Olsen núms. 133-139 USA, The Forever People núms. 1-3 USA, The New Gods núms. 1-3 USA, Mister Miracle núms. 1-3 USA
FECHA PUBLICACIÓN: Enero de 2017
FORMATO: Cartoné, 400 págs. A color.
ISBN: 978-84-16945-50-4
PRECIO: 35€

A su llegada a DC, Jack Kirby recogió el testigo de la serie Jimmy Olsen, el amigo de Superman y se encargó de crear tres series nuevas: Jóvenes Eternos, Los Nuevos Dioses y Mr. Milagro. Kirby estaría a cargo de los tebeos de Jimmy Olsen entre los números 133 y 150 USA. Jovenes Eternos y Los Nuevos Dioses durarían 11 números cada una, antes de su prematura cancelación por sus bajas ventas. Mr. Milagro duraría un poco mas, hasta el número 18. Este primer volumen de ECC recoge los siete primeros números de Jimmy Olsen y los tres primeros de cada una de las series restantes. El tomo se completa con una introducción de Grant Morrison y un par de artículos a modo de epílogo analizando la obra, a cargo de Mark Evanier (discipulo y colaborador de Kirby durante muchos años) y Jorge García.

La decisión de ECC de publicar la saga del Cuarto Mundo en orden de publicación puede resultar un poco controvertida. Al ir saltando de unas colecciones a otras la unidad cronológica de los distintos relatos se rompe y dificulta ligeramente seguir la narración de cada historia. Por otro lado, enfrentarse a la lectura de la saga de este modo hace más fácil ir cogiendo las conexiones entre todas las series y tener una visión más global de la historia. Publicar cada serie en un tomo independiente quizá hubiera impedido adquirir el tono y la intención global de la saga. Cualquiera de las dos opciones tiene ventajas e inconveniente, y en cualquier caso la inclusión del indice con todas las obras recopiladas en el tomo permitirá, cuando la saga completa esté publicada, una lectura de cada serie de forma independiente. Incomodo, sí, pero posible.

Antes de hablar de este primer volumen de forma global, creo que merece la pena analizar brevemente cada una de las series, pues tienen tonos y temáticas lo suficientemente independientes para detenerse en ellas por separado.

Ingenieria genética, versión Kirby.

Ingenieria genética, versión Kirby.

Jimmy Olsen, el amigo de Superman, es posiblemente la serie más ligera y menos conectada con la saga del Cuarto Mundo. Son sin embargo los tebeos donde Kirby da rienda suelta a su pasión por la ciencia ficción y los más atrevidos visualmente hablando. Estos primeros números nos relatan la visita de Jimmy Olsen y la Legión de Repartidores a la Zona Salvaje, un lugar sin ley lleno de peligros.

El bombardeo de conceptos puramente ci-fi a lo largo de sus páginas es constante. Descubriremos “El Proyecto”, donde se utiliza la ingeniería genética y la clonación (aunque Kirby no utilice nunca estos términos) para crear nuevos seres vivos. Hay ecos que me recuerdan a autores de la ciencia ficción clásica: conceptos como la Montaña del Juicio de los Peludos o la zoompista resuenan con las ciudades rodantes de la Historia del futuro de Robert A. Heinlein; la sociedad que deja entrever en la Zona Salvaje tiene de nuevo ideas del Heinlein sesentero de La Luna es una Cruel Amante o Forastero en Tierra Extraña. Y ese concierto de heliófono que presenciamos en el número 137 te lleva a rememorar los conciertos de Visi-Sonor del Mulo, el personaje de la saga de las Fundaciones de Asimov.

Los Nuevos Dioses es la serie más cósmica y la que se intuye que será el motor central de la saga. En ella se nos presentan Nueva Génesis y Apokolips, los dos planetas surgidos tras la destrucción de los Antiguos Dioses, y hogar de los Nuevos Dioses. La dicotomía entre el bien y el mal en estado puro. El protagonista de la historia es Orión, guerrero de Nueva Génesis, y el eje de la historia en su enfrentamiento con Darkseid, el líder supremo de Apokolips. Aunque empieza con un nivel épico bastante alto, la llegada a la Tierra de Orión diluye bastante este aspecto y acaba derivando en historias superheroicas bastante tópicas.

En Los Jóvenes Eternos nos encontramos con un grupo de jóvenes héroes provenientes de Superciudad, la capital de Nueva Génesis. Tras llegar a la Tierra para rescatar a su compañera Hermosa Soñadora, deciden quedarse y conocer mejor este mundo nuevo para ellos. En tono es la típica serie de grupo de superhéroes de la época con la particularidad de que cuando se enfrentan a una gran amenaza, pueden unirse y convocar a Infinity Man (sí, un rollo muy Power Rangers, pero sin robots gigantes). Unos personajes muy naive y buenrolleros que funcionan por contraste con los malvados villanos llegados de Apokolips a los que tendrán que hacer frente.

Por último, en Mr. Milagro se nos narran las aventuras de Scott Free, un huerfano escapado de Apokolips que, en la más pura tradición de DC, recoge el manto de Thaddeus Brown, un maestro escapista. Esta es la serie con el tono más puramente superheróico, aunque también le sirve a Kirby para ir introduciendo aspectos del mundo de los Nuevos Dioses.

¿Cuál es el nexo de unión entonces entre todas estas series? Sin duda, el personaje de Darkseid. Su llegada a la Tierra para hacerse con la ecuación de la Anti-Vida (concepto kirbyano donde los haya) es el desencadenante de todas las tramas: la llegada de los Jovenes Eternos, el conflicto con Orión en los Nuevos Dioses, la huida de Scott Free y su conversión en Mr. Milagro, etc. Como decía antes, la serie de Jimmy Olsen es la más desconectada de todo esto. Aunque es en el número 134 donde vemos por primera vez a Darkseid, la trama es completamente tangencial, relacionada sólo porque los villanos a los que se enfrentan Superman y sus compañeros en estos tebeos están bajo las ordenes de Darkseid. Pero ya en el último número que se recoge en este tomo se intuye que la serie va a desligarse todavía más de la saga del Cuarto Mundo.

Como tema de fondo más general, está siempre presente la dualidad entre Nueva Génesis y Apokolips. La una, como símbolo del bien, del desarrollo científico sostenible, y la otra, el mal, el industrialismo desatado más destructor. Si los personajes de Nueva Génesis buscan la armonía y la paz, los de Apokolips son crueles y malvados, cuyo único propósito es la dominación y la conquista. Una dicotomía mil veces vista, bien es cierto, pero que es un marco ideal para las grandes historias épicas.

Sin embargo, uno de los problemas de este primer tomo del Cuarto Mundo es que esa epopeya cósmica que se nos promete apenas se vislumbra. Algunos de los conceptos que nos presenta Kirby en estas páginas son prometedores, pero apenas se tocan. Todas las ideas se introducen en el contexto de unos clásicos tebeos de superhéroes. Son cómics de la silver age puros, con lo bueno, y todo lo malo, de esa época.

Y es que para un lector moderno enfrentarse a esta historia puede hacerse bastante duro. El modo de contar tebeos de superhéroes de esa época es algo que ha quedado terriblemente desfasado. Los diálogos son sobreexplicativos en exceso y suenan completamente artificiales. Los personajes resultan unidimensionales, con poco carisma y a veces hasta antipáticos. Por ejemplo, los chavales de la Legión de Repartidores me parecen sencillamente insufribles y sin gracia. Y los villanos, claro está, clichés de manual y sin el más mínimo trasfondo que te haga entender sus motivaciones o sus planes. Planes, por otro lado, que no soportan la más mínima mirada crítica, como es de esperar.

En cualquier caso, estos no son problemas exclusivos de este Cuarto Mundo, sino del noventa por ciento de los cómics de superhéroes de aquella época. Otro contexto, otro público, otra forma de hacer tebeos. Es algo de lo que debemos ser conscientes cuando nos acercamos a estas obras y tenemos que ser capaces de contextualizar. Sin este esfuerzo suplementario por nuestra parte, la lectura está condenada a convertirse en un martirio.

Bueno, ¿pues si obviamos estos defectos, que nos queda? Más allá de sus conceptos científicos disparatados que le dan ese toque de pulp añejo tan encantador, o sus ideas mitológicas y pseudo-religiosas que prometen ampliarse en siguientes entregas, lo más disfrutable de este primer tomo del Cuarto Mundo es indudablemente el dibujo de Kirby.

El coche de la Legión de Repartidores

El coche de la Legión de Repartidores

La fuerza de su trazo, resaltado por el trabajo de su entintador habitual Vince Colletta, y su capacidad de crear páginas impactantes la encontramos aquí en estado puro. La segunda página de su primer número de Jimmy Olsen es un resumen perfecto del estilo Kirby: una doble splash page con una perspectiva imposible, donde se nos muestra el diseño de un vehículo futurista con un diseño espectacular… y niños que parecen señores pequeños.

Las escenas de acción son siempre una muestra de su maestría a la hora de plantear páginas llenas de dinamismo. Cuando lo necesita, sus viñetas son un puñetazo directo a la cara del lector. Por ejemplo, esa persecución por la zoompista en el número 134 de Jimmy Olsen es un manual de ritmo narrativo.

Kirby se atreve de vez en cuando a experimentar con técnicas de collage y fotomontaje de vez en cuando (algo que ya había hecho anteriormente en Marvel). Aunque se agradecen este tipo de experimentos, el resultado no termina siempre de convencer, pues la integración con el dibujo chirría demasiado.

Su diseño de personajes y escenarios es inimitable. Excesivo, grandioso y siempre sorprendente. A este respecto se agradece mucho la inclusión en el tomo de esa pequeña galería de diseños de personajes, donde podemos ver un Kirby —entintado por Don Heck— con un estilo más cuidado.

Los personajes que nos presenta en estas páginas resultan icónicos. Una variedad de diseños que van desde el temible Darkseid —que acabaría convirtiéndose en uno de los villanos fundamentales del universo DC— con ese aspecto oscuro y amenazador, pasando por el aspecto más superheroico de Mr. Milagro hasta llegar al barroquismo tecnológico de personajes como Orión o Metrón y su silla Mobius. También es cierto que a veces se pasa de frenada y nos encontramos diseños descacharrantes como ese Corredor Negro. Kirby consiguió que tragáramos con un surfista plateado, pero un esquiador cósmico resulta ya demasiado.

Del mismo modo, sus mundos de fantasía y los elementos tecnológicos parecen en ocasiones saltar de la página. Y es que Kirby era un maestro en el diseño de escenarios. Si nunca habéis visto su trabajo para la adaptación cinematográfica de la novela de Zelazny El Señor de la luz, estáis tardando. Esos diseños abigarrados como los de la Montaña del Juicio o Superciudad resultan complejos e hipnóticos. El aspecto del Habitat, la ciudad árbol de la Zona Salvaje, cautiva tu imaginación y te deja con ganas de ver mucho más de ella.

Superciudad la capital de Nueva Génesis

Superciudad, la capital de Nueva Génesis

Para terminar con el aspecto gráfico, mencionar que el recoloreado digital llevado a cabo para esta edición es absolutamente respetuoso con la obra original. Se basa en el uso de colores planos como en las técnicas de cuatricomía clásicas y no abusa de efectos modernos, más allá de pequeños degradados y ligeras mejoras en la iluminación. Un coloreado adecuado para un tebeo clásico de la época. La única pega es no haber podido recuperar el color de los collages originales de Kirby. En el libro de Mark Evanier Jack Kirby, King of Comics puede verse alguno de ellos y son espectaculares.

En definitiva, si este primer tomo del Cuarto Mundo resulta un poquito decepcionante a nivel argumental, como espectáculo visual es puro disfrute. En todo caso, el Cuarto Mundo supone una mirada sin filtros a una de las mentes creativas más importantes del siglo XX. Alguien que, como otros creadores como Tolkien o George Lucas, ha definido el imaginario colectivo de nuestra cultura popular y nos ha dotado de un referente común que funciona como mitología moderna. Por todo ello, siempre merece la pena acercarse a la obra de Jack, El Rey, Kirby.

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Dentro de la larga —ya casi 80 años, si contamos la época de Timely— y en ocasiones tumultuosa historia de Marvel Comics, hay un par de momentos que me hubiera gustado presenciar en vivo. Uno de ellos fue el 17 de diciembre de 1991, aquella famosa reunión dónde Todd...