Lectores, poneos el traje. ¡Apresuraos crononautas! Démonos un garbeo a través del tiempo. Año 1828. Rumbo a Nantes. Allí nace el pequeño Jules Gabriel.... Reseña: Crononautas, de Millar & Murphy

Lectores, poneos el traje. ¡Apresuraos crononautas! Démonos un garbeo a través del tiempo.

Año 1828. Rumbo a Nantes. Allí nace el pequeño Jules Gabriel. Años después se convertirá en uno de los más grandes literatos de la historia, y padre de la ciencia ficción. Casi todos le conocerán por su apellido: Verne. Entre sus obras ya encontramos pequeños retazos sobre los viajes temporales.

Año 1895. Nos vamos hasta “la pérfida Albión”. El escritor H.G. Wells publica su novela La máquina del tiempo. No pretende conjeturar o retorcer teorías de la física, simplemente colorear una estupenda aventura con saltos temporales y criaturas de tiempos futuros. Un clásico que desatará una ola de novelas, tebeos y películas dedicadas a esta temática hasta nuestros días.

Año 1946. Viajamos a San Saba, en Texas. Ese año, en ese lugar, nace el actor Tommy Lee Jones.

Año 1969. Visitamos un cine de verano de Wyoming. Vemos la película Dos hombres y un destino, protagonizada por dos leyendas del celuloide: Paul Newman y Robert Redford. La camaradería de esos dos tipos impregnará la relación entre personajes en varios títulos posteriores a esta fecha.

Año 1994. Se estrena en cines Stargate, así que nos acercamos a unos cines de León para ver esta cinta protagonizada por James Spader sobre viajes interplanetarios a través de una especie de agujero de gusano con dos grandes portales circulares en sus extremos.

Año 1999. En la premiere de U.S. Marshals nos volvemos a cruzar con aquel chiquillo de San Saba.  Quedaos con su cara.

Año 2008. Sale a la luz la adaptación del cómic Wanted, guionizado por Mark Millar. Luego le llegará su turno a Kick-Ass y su secuela. El Millarverso está dando sus frutos y el autor de The Ultimates se frota las manos mientras se estruja los sesos en busca de más historias que puedan ser atractivas para Hollywood.

Año 2016. Exhaustos de tanto salto temporal paramos a descansar en una tienda de cómics. El próximo salto será lejano, así que nos llevaremos algo de lectura. Optamos por el último hijo del Millarverso: Crononautas; y esta vez los lápices son inmejorables. No se hable más.
Crononautas

Con este viaje simplemente he pretendido resumir algunas de las impresiones y las referencias más importantes que me han venido a la cabeza leyendo Crononautas, con Millar al guion y los que para mí son los lápices más diestros del presente “comiquero” americano, Sean Gordon Murphy, al dibujo. Esta obra perteneciente al MillarWorld ha sido publicada en nuestro país por Panini.

Cuando me enfrenté a esta lectura, poco sabía sobre Crononautas más allá de los viajes en el tiempo y de la dupla de protagonistas principales masculinos. Por un lado tenemos al doctor Corbin Quinn, el inventor de toda la tecnología necesaria para los viajes en el tiempo. Un tipo apuesto con un coeficiente intelectual de 240 y cuyo pasado, repleto de problemas familiares, regresa a menudo para atormentarle. Y por otro lado tenemos al doctor Danny Reilly, otro dandi de la vida que a priori parece más hombre de acción que su amigo el doctor Quinn. Presentados los personajes (que ocupan el 95% de las viñetas del tebeo), si os comento que algo sale mal en la primera incursión «tripulada» (entrecomillo porque un traje será todo lo que van a necesitar para cruzar el portal del tiempo), creo que es suficiente para que os hagáis una idea de los derroteros que toma la odisea.

A partir de aquí me gustaría analizar puntos más concretos de la trama y por ello no puedo evitar meter algún SPOILER. Estáis avisados viajeros.

Como casi todo tebeo de Millar, mejor o peor, Crononautas se puede decir que es entretenido. Es una historia cerrada (algo que se agradece) dividida en cuatro números, ligera y con la que pasas un buen rato. La historia es algo que ya hemos visto, no aporta grandes novedades al género. Vuelvo a notar a Millar más preocupado por hacer algo que se pueCrononautasda trasladar al cine (prueba de ello es que uno de los personajes es clavado a Tommy Lee Jones, como si el bueno de Mark ya estuviese pensando en el casting para la película) que por cerrar un buen guion de tebeo. Se queda en correcto y punto. Esto se puede apreciar sobre todo al comienzo del mismo, durante la presentación de los personajes. Esta primera parte se nota atropellada y por ello, aunque el contexto es atractivo, noto que no tiene la pausa suficiente. Me faltan viñetas; es compresiva en exceso. Aunque el pasado de Corbin Quinn logra darle pinceladas de dramatismo y algo de profundidad al personaje, no llega a preocuparme demasiado lo que le pasa. Además, el carácter intrépido de Danny Reilly se va apagando poco a poco por la desconcertante evolución de su compañero el doctor Quinn, y termina convirtiéndose en un evidente segundo plato.

En Crononautas hay aspectos generales sobre saltos temporales, como el hecho de que al viajar en el tiempo también puedan modificar su ubicación en el mapa, que me escaman; pero tampoco creo que deba entrar a analizar estos temas pseudocientíficos con ojo crítico porque, como sucede con referentes como La máquina del tiempo o el celuloide homólogo El tiempo en sus manos, tienes que comprar sus axiomas de inicio para poder continuar inmerso en la historia.

Sin lugar a dudas lo más atractivo de Crononautas es el dibujo del señor Sean Gordon Murphy. Imaginando un saloon del salvaje oeste repleto de dibujantes del panorama actual, con una Colt 45 en vez de un Rotring, y un Winchester en lugar de un lapicero, cuando el reloj de cuco diese las doce del mediodía, éste sería el tipo que quedaría en pie. La línea, sombra, anatomía de personajes, escorzos, nivel de detalle de los escenarios… son una delicia. El entintado de este señor es increíble. Además, los coloristas que le acompañan le suelen ir de perlas. En este caso, como ya ocurriera con The Wake, el color corre a cargo de Matt Hollingsworth. Los tonos pastel y una gama más tenue de lo normal son perfectos para no pisar el entintado de Murphy.

Crononautas

Me han hecho gracia dos o tres chascarrillos, una persecución con coches a través del tiempo que es probablemente lo más destacado del tebeo, encontrar las referencias a otras obras de los autores (los tebeos de las estanterías de algunos escenarios o el personaje de Thomas, el grandullón irlandés y antiguo miembro del IRA lleno de crucifijos tatuados en su espalda, salido de las páginas de Punk Rock Jesus) y algunos hechos “históricos” que Millar da por sentados en base a las teorías occidentales más tradicionales (véanse Jesucristo o Lee Harvey Oswald). Sí, tiene momentos que te arrancan una sonrisa.

En resumen, esta publicación de Panini es entretenida, y algunos de los aspectos negativos que le he sacado se deben más a que sé que Millar da más de sí que a que no me guste lo que hace en esta ocasión. Por eso creo que aunque sea una lectura apañada, Crononautas está algo lejos del mejor Millar. El mayor aliciente sin duda alguna es el dibujo de Murphy quien, hablando en términos matemáticos, no es condición necesaria para disfrutar de un tebeo, pero sí condición suficiente para que merezca la pena explorar sus páginas.

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

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