¿Siempre hay una vuelta de tuerca extra para un personaje archiconocido? Supongo que las posibilidades son infinitas, siempre que no te importe despojarle de... Reseña: Batman: Oscuras lealtades, de Howard Chaykin

¿Siempre hay una vuelta de tuerca extra para un personaje archiconocido? Supongo que las posibilidades son infinitas, siempre que no te importe despojarle de algunas de las características que lo definieron en origen. Con Batman ya hemos visto de todo. Nos hemos descacharrado con el Batman más histriónico y multicolor, luciendo un ridículo antifaz, combatiendo ridículas amenazas, y portador de ridículos artefactos más propios de un James Bond trasnochado o del Inspector Gadget; y también nos hemos acongojado con el más lúgubre y atormentado de los justicieros en calzoncillos. La línea Otros Mundos supuso la excusa perfecta para sacar al pobre Bruce, entre otros héroes, de la monotonía, y justificar los supuestos.

Es curioso que estemos ante un Otros Mundos, publicado por primera vez en 1996, desarrollando un relato sobre el murciélago ambientado en 1939, en el que a Batman se le tilda de bolchevique. Y digo curioso porque Batman nació precisamente ese año, 1939, pocos días después de que el fascismo se alzase en España. ¡Maldita sea Batman! ¿Dónde estaban tus calzoncillos justicieros cuando tanto los necesitábamos?

El veterano Howard Chaykin, leyenda del tebeo, un habitual en historias sobre el murciélago y responsable de obras como American Flagg o El hijo de Superman (su obra es muy extensa), firma este Batman: Oscuras Lealtades, reeditado por ECC Ediciones en diciembre del pasado 2016. Un título perteneciente a una línea, Otros Mundos, que nos ha dejado historias, como poco, curiosas.

Los acontecimientos narrados en Batman: Oscuras Lealtades se sitúan justo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, en una América dominada por grandes fortunas y grupos radicales de marcado carácter fascista (espera… ¿OTROS Mundos?), que con un cóctel de antisemitismo, xenofobia y homofobia por bandera, tachan a Batman de peligrosa rata comunista. Un escenario en el que el Joker es líder de un trasunto de Ku Klux Klan al que denominan Legión Blanca, que al igual que este grupo de gente necesitada de abrazos, van ataviados con disfraces de papón, al que añaden una esvástica en el capirote. El traje de fiesta definitivo de Belcebú vaya. Unos EEUU en los que el Pingüino es un tal Milt Biggsley, una especie de magnate con poderosa influencia en la política, y Harvey Dent un tal Pewtie, senador estadounidense pro Legión Blanca. Dos elementos de cuidado, operando en la sombra  para derrocar al presidente de los EEUU, Franklin Delano Roosevelt, y así empezar a estrechar lazos con el mismísimo Adolf Hitler. Sí, «Adolfo» hace acto de presencia en Batman: Oscuras lealtades. Nada más turbio para el mejor detective del mundo. Además, la actriz de Hollywood Kitty Grimalkin – así se llama la Catwoman de toda la vida – y Alfred – con éste sí que no hay dudas – tienen un gran peso en la historia.

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Los «papones», bocas sujetas con alfileres y Batman en escorzos que no pasan de moda

Batman: Oscuras lealtades es un tebeo bastante loco. En vez de llevar el contexto sociopolítico de los años treinta y cuarenta al batuniverso, lo que hace es tomar a héroes y villanos de la ciudad de Gotham, y los teletransporta al plano del lector. Por ello hacen acto de presencia personajes como Hitler y Roosevelt, y los personajes clásicos del battebeo aparecen camuflados al más puro estilo Nolan. Pero por otro lado, en vez de ser un tebeo que te transmita la turbidez de la época, es extrañamente luminoso y pulp, hasta el punto de dar la sensación por momentos de estar viendo al Batman de Adam West… pese a que Batman lleve uno de los trajes más sobrios que recuerdo. Sí, un experimento bizarro.

El problema de encorsetar a los villanos en el “equipo fascista”, de manera absoluta y sin escala de grises, a la vez que les das ese tono de revista pulp, es que te quedan personajes muy desdibujados. Pingüino y Dos Caras no te dicen nada, y al Joker te lo tomas a risa (pero no risa provocada por el clásico gas nervioso del payaso). No me terminan de convencer.

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¿Cerré con llave?

Por otro lado, tenemos a un Alfred estupendo. Un Alfred muy diferente a lo que estamos acostumbrados. En esta ocasión es un tío de acción (la última página os hará bastante gracia a este respecto) que me recuerda por momentos al Watson de las películas sobre Sherlock Holmes dirigidas por Guy Ritchie. También considero que Catwoman es otro acierto, con el trasfondo más interesante que un tebeo de setenta y dos páginas, y con un montón de personajes, puede ofrecer.

En cuanto al dibujo, diría que la narrativa es estupenda, pero hay dos temas que me sacan un poco de la historia. Una son las constantes muecas de todos los personajes torciendo la boca hacia un lado. Veo que es una tendencia habitual de Howard Chaykin, y no me gusta, porque me parece un gesto forzadísimo fuera de escenas con tensión, que da un terrible aspecto de maníaco a los “buenos”. Bastante perturbador. Pero bueno, es algo muy personal que no debería echar para atrás a nadie. Lo que sí es un no rotundo para mí es el color, que tiene toda la pinta de sufrir, o bien las limitaciones del software disponible en los noventa, o del «retoque-pegote» en años posteriores. Creo sinceramente que el tebeo habría ganado mucho en blanco y negro… y estando ambientado en la primera mitad del siglo XX encajaría perfectamente.

Para terminar me gustaría comentar dos guiños que me han encantado: Bruce Wayne leyendo a The Shadow, y esa pelea entre Batman y el Joker sobre una máquina de escribir gigante (cuya explicación radica en que pertenece a un parque temático diseñado por el propio Bruce). ¿No os suena eso de darse mamporros sobre máquinas de escribir? Os dejo una imagen.

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¡Ven aquí Deadshot que te voy a atizar con el SUPR!

Un tebeo para completistas del detective, y para aquellos que disfrutan leyendo a sus personajes favoritos fuera de su medio habitual.

Y con Batman y un bizcocho, creo que ya va siendo hora de cerrar el tebeo y ponerse a trabajar… ¡hippies!

 

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

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