Ha transcurrido tan sólo una semana y volvemos a la carga con Osamu Tezuka. Este viernes es el turno de Ayako. Es una suerte... Reseña: Ayako 1, de Osamu Tezuka

Ha transcurrido tan sólo una semana y volvemos a la carga con Osamu Tezuka. Este viernes es el turno de Ayako. Es una suerte que la obra de Tezuka sea tan extensa, como es una suerte también que aún te resten un montón de sus obras por disfrutar, como es mi caso. Y hablando de suerte, estaría encantado de ceder mi parte a Ayako, la joven protagonista del manga del que hablaremos hoy… aunque sólo sea un poquito.

Ayako, de Osamu Tezuka. Publicada por Planeta Cómic en dos tomos, de los cuales, el primero, hace ya unos días que ha salido a la venta. Esta obra fue publicada originalmente en Japón entre los años 1972 y 1973 en la revista Big Comic, dedicada al manga de corte seinen. Precisamente en esta misma revista fue donde Tezuka nos regaló Bárbara, la obra que reseñamos la semana pasada, o MW, publicada hace un tiempo por Planeta Cómic.

La obra que traigo hoy está encuadrada en el Japón de posguerra, una época confusa para el país en la que las tropas aliadas, encabezadas por EEUU, han tomado el control, y han llevado a cabo importantes reformas estructurales. Entre estas reformas destaca una profunda redistribución de las propiedades agropecuarias. El clan Tenge, el clan al que pertenece la familia de la pequeña Ayako, ha vivido siempre de sus tierras, de sus vastos arrozales, y tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial han visto reducidas sus propiedades y capacidad económica de forma drástica. Pensareis: “pero bueno, ¿es que ahora son pobres o qué?”. No, para nada. La merma de la capacidad adquisitiva de esta familia es el menor de sus problemas. El gran problema de la familia de Ayako es que el lado más sórdido y oscuro del ser humano aflora demasiado a menudo en cada uno de ellos… o al menos en la mayoría de miembros del clan Tenge.

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Principales componentes del clan Tenge. Arriba (izda a dcha): Sakuemon (patriarca), Iba (mujer de Sakuemon), Ichirô (hermano mayor de Ayako), Sue (mujer de Ichirô). Abajo el resto de hermanos (izda a dcha): Jirô (espía de moral discutible), Naoko (posiblemente el único miembro cuerdo de la familia), Shirô (protodetective Conan) y Ayako (la pequeñaja).

Os puedo adelantar, porque ya lo sabréis si habéis leído la sinopsis del manga, que Ayako es fruto de un incesto. Esto, unido a la cesión de favores de carácter sexual por motivos de herencia, la participación de uno de los miembros más jóvenes en política al margen, y en contra, de los mezquinos intereses del patriarca de la familia, y la peligrosa doble vida de uno de los miembros de la familia como espía de altos estamentos del gobierno de ocupación americano, forman un cóctel explosivo. Una escabrosa maraña de graves delitos como la violación o el asesinato en la que se enreda, sin comerlo ni beberlo, el alma más pura de la familia, Ayako. Para callar a la pequeña y salvaguardar el “honor” del clan, Ayako acaba recluida en una especie de cobertizo donde pasará más de dos décadas de su vida, sin más luz que la que se cuela por un pequeño tragaluz situado en el techo, y sin más compañía que la sombra de aquellos pájaros despistados que se posan sobre las barras de la solitaria abertura.

A partir de aquí se me puede escapar algún SPOILER, aunque ya sabéis que siempre intento no destripar demasiado.

Ayako es una historia dura, en la que no cuesta posicionarse porque, salvo contados personajes, todo el mundo se comporta de una forma muy ruin. Incluso alguno de los personajes más blancos de la historia, como el joven e inteligente Shirô, hermano de Ayako, muestra conductas de moralidad más que discutible, y por momentos parece claudicar ante la maldad que reina en la casa. Notables son los silencios calculados de algunos de los miembros de la familia, que terminan haciendo un daño irreparable, y minando las esperanzas de Ayako. Como se suele decir: “el que calla, otorga”.

Algo especialmente bien trabajado en Ayako es la evolución de la mayoría de personajes, como son los casos de Shirô y Jiro (otro hermano mayor de Ayako, agente doble y conductor de gran parte del tebeo), y especial es esa evolución en Ayako. Encerrada como un pequeño gusano de seda en una caja de zapatos, termina transformándose y abandonando su crisálida en cautiverio. Y aquí acaba la comparación con el mundo de los insectos, porque el mecanismo de unas alas no se puede comparar al de un cerebro, y el de Ayako ha sufrido demasiados traumas.

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Ayako en su particular prisión familiar

La visión que Osamu Tezuka nos da de la naturaleza humana es terrible, desalentadora. Sin duda esta es una de las etapas más oscuras del autor (aromas de desolación que ya se percibían en la lectura de la semana pasada, Bárbara, que fue publicada en las mismas fechas aproximadamente). El lenguaje de Tezuka, como casi siempre, es muy directo. Hay mucha naturalidad en los diálogos en una obra, que a pesar de tener más de cuatro décadas a sus espaldas, sigue siendo fresca y disfrutable al máximo.

Recomendar a Tezuka, decir que el manga es interesante (el adjetivo más perverso de todo el diccionario) o un must-read para el aficionado al manga, son “cuñadeces”, y perdonad la expresión, pero me atrevería a decir que prácticamente la totalidad de los lectores de tebeos conocen y disfrutan las lecturas de Osamu Tezuka. Lo que sí puedo decir, por comparar con otras obras de este señor, es que es de las que más me han enganchado de lejos (vamos, que me lo he leído de una sentada).

En cuanto a la edición, un tebeo de 457 páginas en blanco y negro, en cartoné y por 28 euros parece razonable, aunque me sigue pareciendo un precio algo elevado… como viene siendo habitual en el mercado del cómic. Es cierto que es una edición elegante.

Ahora a esperar la segunda parte de esta fusión entre la mítica serie de televisión Dallas, y la oscarizada película de 2015 Room (puede que fusionar no sea lo mío… seguro que vosotros haríais mejor uso de los pendientes Pothara). Si pudiera elegir de entre todos los desarrollos imaginables para el segundo tomo, enseñaría a Ayako a usar un hacha, uno grande, de esos que usaban los enanos para matar trolls, y teñiría las páginas con la sangre del clan Tenge. Venganza gourmet al más puro estilo Tarantino… aunque parece poco probable.

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

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