Nos situamos en la América de la depresión, en la región del Delta del Mississippi, en aquellos primeros años del blues. Partiremos de ese... Reseña: Avery’s blues

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Avery’s blues

Guión de Angux.
Dibujo de Núria Tamarit.
Dibbuks. 2016
Cartoné, 80 págs. Color.
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Me acerqué a Avery’s blues por el glamour que acompaña a las historias de cruces de caminos, pactos diabólicos y bluesmen (prefiero dejarlo en genérico porque no parece haber acuerdo sobre si la leyenda original es la de Tommy Johnson o la de Robert Johnson). Fue la temática lo que me atrajo, ya que para sus autores es prácticamente una ópera prima. Tanto el guionista Angux (nombre bajo el que se encuentra Juan Manuel Anguas) como la dibujante Núria Tamarit habían publicado con anterioridad, pero casi siempre en el circuito fanzinero o semiprofesional. Avery’s blues supone para ambos su salto al mercado francés con la editorial Steinkis Editions y nos llega a España de la mano de Dibbuks.

Nos situamos en la América de la depresión. No estoy seguro de si aparece explícitamente en el cómic, pero todo nos lleva a pensar en la región del Delta del Mississippi, en aquellos primeros años del blues. Partiremos de ese cruce de caminos, pero esta vez el diablo nos propondrá un giro de tuerca. El alma de Avery está ya condenada al infierno, así que si quiere convertirse en el mejor bluesman del mundo tendrá que conseguirle un alma pura. Avery convencerá con engaños al pequeño Johnny sacándolo de la casa de sus padres alcohólicos y ambos se embarcarán en un viaje en busca del diablo.

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El periplo nos llevará tan dentro de esa corrompida América, ruin y alcohólica, como del interior de los dos protagonistas. Avery se nos mostrará abiertamente mezquino y egoísta, mientras que Johnny es la candidez y la ignorancia personificadas. Todo en Avery’s blues es profundamente exagerado y directo. En parte puede ser porque se le quedan cortas las 80 páginas y en parte por un cierto aire de cuento infantil que rodea a toda la obra, pese a la profunda negrura de la misma.

Aún así, como en todo viaje, por el camino tanto los protagonistas como nosotros mismos atravesaremos un aprendizaje no exento de algunas sorpresas. Pese a que no puedo dejar de reconocerle ciertos méritos a la historia, se queda apenas en una acelerada presentación de la historia y los personajes y no puedo evitar pensar que podría haber funcionado mejor en el doble de páginas.

En cualquier caso, Avery’s blues cuenta con algo que juega muy a su favor y es que el apartado gráfico se mueve muy por encima de lo que podríamos suponer de una dibujante novel. Con un estilo que nos puede recordar a un cruce de Bastien Vives con Emma Ríos, resulta profundamente expresionista, lo que le va al pelo tanto al aura fabulesca, como a la suciedad y la corrupción de la atmósfera. La simpleza de formas nos captura con una falsa inocencia, que resulta aún más perturbadora y agobiante al funcionar con su paleta cálida pero deliberadamente insaturada y triste.

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Quizá sea algo paradójico, pero veo dos maneras de abordar este cómic como lector. Por un lado, podéis abordarlo bajo la perspectiva más cerebral (como reconozco que hizo este intelectualillo de medio pelo que escribe), en cuyo caso se queda a falta de un desarrollo un poco más complejo. Por el otro lado, este tebeo en su sencillez de planteamientos funciona de un modo casi poético, con lo que tal vez sería mejor dejar sitio a las sensaciones que nos provoca. En este caso, y aunque suene contradictorio, tal vez habría funcionado mejor como una historia aún más corta.

Avery’s blues no es un tebeo perfecto, pero está sin ninguna duda muy por encima de lo que se puede esperar de una ópera prima. No conviene perder de vista a ninguno de sus dos autores.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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