La variedad de escenarios y situaciones (infinitos) que ofrecen los confines del universo -del nuestro o de uno paralelo, da igual- supone el último gran... Reseña: Antares

La variedad de escenarios y situaciones (infinitos) que ofrecen los confines del universo -del nuestro o de uno paralelo, da igual- supone el último gran reto para la imaginación humana. El espacio es la última frontera, ya se sabe. Dicho esto, no cabe duda de que Antares, tercera entrega de la saga Los mundos de Aldebarán creada por el autor brasileiro Luiz Eduardo de Oliveira “Leo”, es una buena muestra de lo que el mundo del cómic es capaz de ofrecer en el terreno de la ci-fi ambientada en el espacio.

los mundos de aldebarán
Guion: Leo.
Dibujo: Leo.
Editorial: ECC Ediciones.
Contiene: Antares episodes, #1-6 FR.
Formato: Cartoné, 320 págs.
Precio: 32 €.


Creo no equivocarme si afirmo que el medio literario ha sido tradicionalmente el que mejor se ha llevado con las historias de ciencia-ficción, también con las de exploración espacial como en el caso que nos ocupa. Las cotas más altas del género se han alcanzado en ciertas novelas, eso es indudable. Obviamente, esto no le resta valor a las obras maestras desplegadas en otros medios, como el audiovisual, con adaptaciones que superan incluso al referente en papel: ahí está el caso de 2001. Una Odisea en el Espacio. A su favor, el cómic y el cine tienen la ventaja evidente de poder recrear visualmente maravillosos mundos inexplorados, tecnologías imposibles y estrafalarias especies extraterrestres. Por otro lado, el grado de implicación que puede llegar a obtenerse leyendo una novela quizá no tenga igual, cualquier situación es más potente cuando es reconstruida por la imaginación de uno mismo. En todo caso, sin querer poner un medio por encima del otro, creo que el disfrute sensorial que provoca el poder ver con tus propios ojos un universo nuevo, construido con los mimbres adecuados, coherente y creíble a la par que espectacular, es, en mi opinión, algo incomparable. El cine nos ha dado grandes obras maestras, pero si me apuras pienso que el potencial del cómic está un paso por delante en este sentido. La narrativa cinematográfica tiene que lidiar con los palos en la rueda que suponen las limitaciones técnicas. La imaginación de guionistas y directores se ve limitada por descarnadas cuestiones de producción, o directamente por carencias de tipo tecnológico. El cómic no tiene esos problemas, el papel soporta cualquier cosa que podamos imaginar. Por ejemplo, nunca sabremos cómo habría sido la peli de Dune de Jodorowsky, pero me atrevo a decir que no habría alcanzado los niveles de excelencia de los tebeos que de ella nacieron, tales como El Incal o La Casta de los Metabarones, con los legendarios de dibujos de Moebius y Juan Giménez respectivamente.

Los mundos de Aldebarán es una obra enorme estructurada en tres ciclos narrativos compuestos cada uno de ellos por cinco o seis álbumes. Sean: Aldebarán, Betelguese y el volumen que hoy nos ocupa, Antares. Todos ellos publicados por Dargaud en el mercado franco-belga. En nuestro país, la editorial ECC ha publicado la saga completa (a falta de la continuación aún inconclusa, Survivants) en tres tomos independientes en tapa dura. A lo largo de los tres ciclos se explora la colonización humana de maravillosos mundos habitables dispersos por la vía láctea, al alcance de la mano desde que el hombre es capaz de viajar a velocidades superiores a la de la luz. Hay que destacar que, aunque las tres entregas se continúan una directamente de la otra, resulta totalmente accesible el descubrir estos mundos de Aldebarán empezando por cualquiera de ellas. El orden de lectura adecuado es el lógico, de Aldebarán a Antares, pasando por Betelguese, pero cada entrega contiene información suficiente, en resúmenes previos o en anotaciones a lo largo de la narración, para que cada uno de ellos se pueda disfrutar sin haber leído lo anterior. En todo caso recomiendo empezar por el principio para no arruinar la experiencia de descubrir los hechos pasados por uno mismo.

antares paisaje

A finales del siglo XXI la humanidad ha descubierto el viaje intergaláctico. La Tierra está al borde del colapso medioambiental, por lo que la conquista del espacio se ha convertido casi en una necesidad. En este contexto, Los mundos de Aldebarán cuenta la historia de la joven Kim Keller, exploradora y más tarde también bióloga, nativa del planeta colonia Aldebarán. Cada uno de los tres ciclos que conforman la saga está dedicado a un nuevo mundo por explorar, donde Kim tendrá que deshacer todo tipo de entuertos en los que se verán implicados seres alienígenas inteligentes, criaturas monstruosas y humanos aún más peligrosos. Situaciones plagadas de viajes espaciales y arriesgadas aventuras en nuevos horizontes, casi siempre hostiles, que harán las delicias de todo aficionado a la fantasía y la ciencia-ficción.

Como en toda la obra del autor, en Antares no faltan las reflexiones político-sociales ni los tintes ecologistas. La conquista del espacio y de los mundos habitables que éste contiene, retrotrae continuamente al debate sobre la tradicional colonización -mucho más prosaica- de unos pueblos sobre otros que hemos conocido a lo largo de la historia de nuestro propio planeta. Las dudas de los personajes acerca de la moralidad de sus acciones colonizadoras son constantes, y el mensaje conservacionista y de relación sostenible con el entorno está omnipresente. En uno de los pasajes del libro, la propia Kim Keller llega a la conclusión de que el expansionismo es un rasgo connatural al ser humano, imparable, y por la misma razón susceptible de ser planificado con mucho cuidado, teniendo en cuenta múltiples factores, incluidos valores universales de respeto a otras formas de vida, y consumado con la máxima prudencia.

El comienzo de Antares nos sitúa en una versión futura de la ciudad de París asolada por la contaminación. El dibujo de Leo representa de forma formidable una sociedad en caída, en las últimas, de colores tristones y calles desiertas. La sociedad humana de la Tierra se muestra decadente y marchita, casi por inanición, dejándose llevar como un cadáver que flota en el río víctima de los excesos del pasado. Nuestro planeta languidece, pero no por una gran catástrofe (tan propia de otras historias de ciencia ficción), sino por la simple caducidad de una trayectoria plagada de excesos, como el cuerpo anciano de una estrella del rock sin dinero para clínicas de desintoxicación, por poner un ejemplo. Este final de la moderna sociedad industrializada iniciada en el siglo XX puede resultar menos espectacular que el impacto de un meteorito o que un apocalipsis zombi, pero se ajusta más a la visión que, al menos yo, tengo del fin de nuestros días. Quién sabe. El caso es que los habitantes de la Tierra de finales del Siglo XXI ya no consideran el respeto al medio ambiente como una frivolidad propia de países avanzados llenos de ciudadanos con el estómago lleno, para ellos es cuestión de vida o muerte. A la fuerza ahorcan. Por tanto, pienso que el enfoque deliberadamente ecologista del relato no sólo es suficientemente interesante, sino que se adapta perfectamente al tipo de historia que nos quieren contar.

viñetas antares

El caso es que Kim, en contra de su voluntad y lastrada por acontecimientos que se cuentan en volúmenes anteriores, se ve embarcada en una nueva aventura. Esta vez hacia el planeta Antares, como la estrella, pero no exactamente. La elección del nombre del planeta es uno de esos detalles de ci-fi dura que plagan el tebeo, que no voy a desvelar aquí, pero que van sumando para que la credibilidad de la historia aumente por momentos y la sensación de inmersión sea total.

Dicha expedición está financiada por una corporación con tintes religiosos peligrosamente sectarios. Los líderes de tal empresa profesan un culto totalmente retrógrado y misógino, puesto ahí, pareciera, para destacar la fuerza y la independencia de las mujeres protagonistas. Las tramas que envuelven al vicepresidente de la empresa y su fanatismo funcionan bien como recurso narrativo, con pasajes de injusticias incómodas donde la implicación con las protagonistas es total, al estilo de los juicios de El Planeta de los Simios, pero acaban decayendo e incluso molestando. El hecho de que los promotores del viaje espacial tengan esa mentalidad me resulta una burda excusa para poner encima de la mesa un tema que no encaja, al menos no de esta manera tan poco sofisticada, en el mundo que nos quieren contar. El peso de la historia recae en los hombros de los personajes femeninos, y estos tienen la suficiente fuerza como para crecer por sí mismos sin necesidad de poner un contrapunto masculino estúpido y fanático que no entra en cabeza de nadie. Quizá éste sea el pequeño pero que le pongo a la historia.

Las chicas de Leo son valientes y aguerridas, de armas tomar, pero en ningún caso se comportan como hombres en cuerpos de mujeres, el autor brasileño sabe darles a cada una de ellas su propia idiosincrasia particular. La importancia del género femenino en la historia es capital, y tanto el desarrollo del personaje de Kim Keller como el de alguna de sus compañeras es formidable. De hecho, puede decirse que el relato destila una sana reivindicación feminista. No obstante, la inclusión de esa corriente de pensamiento reaccionario de los meapilas de la corporación Forward Entreprises como contrapunto de la mujer de finales del XXI, completamente liberada, me parece un recurso torpe y algo burdo. Por ejemplo, las protagonistas del tebeo tienen una moral abierta frente a la desnudez, y esa postura genera una serie de tramas tumultuosas, con gritos puestos en el cielo, que uno no puede creerse en un viaje por el espacio, aunque tales embrollos resulten entretenidos en sí mismos. Cabe destacar que Leo dibuja mujeres muy atractivas, como la misma compañera de piso de Kim en París parece percibir, obsesionada con las curvas y las bragas de su amiga.

Por otro lado, desde el punto de vista del lector, el mismo viaje espacial del que hablábamos, desde la Tierra hasta Antares, resulta ser un prodigio narrativo. Inteligentemente, Leo nos niega la visión de la inmensidad del cosmos casi hasta que no hemos llegado a nuestro destino. En ningún momento del viaje vemos el espacio. Todas estas tramas mencionadas de odio rancio y mojigato, encerradas en una nave de pasillos estrechos y habitaciones minúsculas, sin ventanas, proporcionan una sensación de intensa claustrofobia. Al margen de lo acertado o no de las situaciones propuestas, la planificación del viaje por parte del autor es absolutamente sensacional.

Pero sin duda el punto más fuerte de Antares, como ocurre en toda la saga de Los mundos de Aldebarán, es la recreación de un nuevo universo imaginario y lógico. El espíritu de exploración y la sensación de maravilla se extienden prácticamente por cada una de las viñetas del relato, rebosantes de fantasía e imaginación. La flora y fauna del planeta Antares es fascinante: original y extraña, bella y peligrosa. Los animales que viven en el planeta son, por lo general, implacables, pero su aspecto monstruoso (esos sudarios voladores carnívoros) no distrae al lector de la verdadera naturaleza neutral de su existencia. Leo no pretende mostrar a las criaturas de sus mundos como cándidos peluches, no juega con el lector para colar un mensaje ecologista maniqueo. El entorno que desarrolla el autor brasileño es realista, incluso excesivamente peligroso, la misma Kim no duda en disparar a cualquier criatura antes de preguntar, si cree que debe hacerlo… Y no por ello cambia la dirección del mensaje conservacionista y de respeto por el medio ambiente. Paralelamente, la flora de Antares es especialmente evocadora, con plantas terribles provistas de peligrosas funciones nunca vistas, superiores a las de las plantas que conocemos, que conforman junglas insólitas más parecidas a los arrecifes de coral que a cualquier otra cosa que hayamos visto en la tierra. Porque es cierto que todo lo que Antares tiene que ofrecer puede tener su referente en la Tierra, como el mismo autor dice: “Nuestro imaginario bebe necesariamente de lo que hemos vivido”, pero al mismo tiempo todo resulta novedoso y sugerente.

viñetas antares 2

La trama avanza sustentada en la aventura y la exploración, y espoleada por una serie de misterios que no se resolverán hasta las páginas finales. El planeta Antares esconde secretos fabulosos a la par que aterradores, que producen fascinación y rechazo al mismo tiempo. Accidentes inesperados y travesías llenas de peligros… Insectos mecánicos y enigmáticas desapariciones… Los paisajes abiertos excelentemente dibujados y las incursiones en escenarios más complicados (ese extraordinario descubrimiento en aquella cueva) consiguen hacerte sentir muy lejos, a años luz, de tu hogar. En este sentido la obra recuerda un poco a la magnífica versión moderna de Prophet, la de Brandon Graham, pero alcanzando cotas más elevadas en mi opinión.

Ese final, no excesivamente original, con reminiscencias de Contact o Encuentros en la tercera fase, en el que se introducen un puñado de nuevas ideas y escenarios, deja la historia completamente abierta y al lector con ganas de continuar. Una vez que has pisado Antares, aunque de un poco de miedo, no quieres abandonarlo. No obstante, la satisfacción una vez acabado el libro es total, sobre todo en estos tiempos que corren en los que algunos hemos aprendido a apreciar esas historias narradas de forma compresiva y que se tardan en leer. Y si a todo esto le añadimos algunas páginas con anotaciones y fichas con detalles del universo en el que nos estamos moviendo, que refuerzan la implicación con Los mundos de Aldebarán, el resultado es un tebeo simplemente excepcional.

antares plantas

Resumiendo: Antares es una obra descomunal dentro de una saga descomunal, que raya a la altura de sus dos hermanas mayores, manteniendo el nivel y expandiendo las fronteras de este rico universo creado por Leo. Mientras leía no podía evitar pensar en cuanto me gustaría ver una película que adaptara la historia, poder contemplar en una sala de cine esa sobredosis de escenarios imposibles, tecnología asombrosa y criaturas sobrecogedoras, pero… ¿realmente el cine es el medio ideal para contar algo así? ¿Existe la voluntad necesaria para filmar un proyecto tan ambicioso? Creo que podemos decir con orgullo que, para cierto tipo de historias, el cómic, como medio de expresión, está un paso por delante de sus competidores.

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Mario

He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves Skrull más allá de Apokolips. He visto al Doctor Manhattan brillar en la oscuridad cerca de la Zona Azul de la Luna. Todos esos momentos, guerra química y podcast.

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