Hay dos conceptos muy habituales en los últimos años de Marvel que hacen torcer el gesto a los lectores más veteranos: retrocontinuidad y reciclaje.... Ravencroft: Instituto Psiquiátrico Para Criminales

Hay dos conceptos muy habituales en los últimos años de Marvel que hacen torcer el gesto a los lectores más veteranos: retrocontinuidad y reciclaje. En el primero de ellos, el empeñarse en meter nuevas ideas en el pasado de la línea temporal una y otra vez acaba resultando cargante. No quiere decir que no se puedan hacer cosas buenas con ese concepto, que ahí tenemos el origen del Soldado de Invierno como una de las grandes historias de lo que llevamos de siglo, pero el uso y abuso de esta técnica cansa. Y el reciclaje de ideas… qué vamos a decir. Ese «para qué vamos a hacer algo nuevo si se puede volver a contar lo mismo otra vez» da una sensación de dejadez totalmente frustrante. Curiosamente, en este tomo centrado en el Instituto Ravencroft tenemos una buena ración de ambas… pero aún así es una lectura razonablemente agradable.

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Eso hay que reconocérselo a Frank Tieri: es uno de esos autores que quizás no vayan a cambiar las reglas del juego, pero rara vez escriben algo que merezca un suspenso. Y este Ravencroft: Instituto Psiquiátrico Para Criminales es exactamente eso: un tebeo resultón, que no va a cambiar nada en el Universo Marvel, pero que proporcionará un buen rato de entretenimiento. En esta miniserie que arranca después de lo sucedido en Matanza Absoluta, se pretende dar un poco más de protagonismo al Instituto Ravencroft, el manicomio en el que están internados un buen puñado de villanos de la editorial… a imagen y semejanza del Asilo Arkham de la Distinguida Competencia. Conoceremos los orígenes del Instituto gracias a un diario escrito por su fundador, Jonas Ravencroft, que es un trasunto de Amadeus Arkham. Y la demolición del antiguo Ravencroft para dar paso a una versión nueva… bueno, los que hayan leído El último Arkham, la historia en la que debutó Jeremiah, pillarán una referencia más.

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Pero aunque esta historia esté fuertemente inspirada en el Asilo Arkham, no es la única fuente de la que bebe. El actual alcalde de Nueva York, Wilson Fisk, ha puesto al frente de la gestión de la institución a un colorido grupo de personajes, entre los que podemos encontrar a Norman Osborn, Mac Gargan o Roderick Kingsley. Tener a los villanos al frente de las instituciones que supuestamente están en el lado del bien es precisamente el punto de partida del entorno en el que se desarrolló Reinado Oscuro allá por 2008-2009. Hay que reconocer que alguna de las historias de aquella época tuvo una cierta gracia, y volver -puntualmente- a una historia de esas características ha sacado alguna sonrisa.

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El pasado de Ravencroft no se limita a lo que ha ocurrido desde su primera aparición en El niño que llevas dentro a principios de los 90. Aquí, con tres especiales que sirven de prólogo a la serie principal, vemos que los terrenos donde se terminó edificando este manicomio tienen un historial de maldad. Se nos da a entender que esa tierra corrompe todo lo que toca desde el S.XV, vemos sangrientos enfrentamientos entre nativos y colonos, adoradores de Knull en la Tierra desde el S.XVII -lo que hablábamos de la retrocontinuidad-, sádicos experimentos con mutantes como víctimas y verdugos… y hasta la presencia del mismísimo Rey de los Vampiros.

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Aunque la historia que nos cuenta Frank Tieri es simplemente correcta, el dibujo que la acompaña hace que sea mucho más disfrutable. Ángel Unzueta hace un trabajo detallado, con un ambiente opresivo en algunos momentos, que le viene a la historia como un guante. Uno de los flashbacks, por cierto, está ilustrado por Guillermo Sanna, al que ya pudimos disfrutar en Camisa de Fuerza. ¿Se puede especializar un dibujante en historias de manicomios?

La sensación que deja este Ravencroft es que estamos ante una historia que llena la periferia de la línea argumental que va desde Matanza Absoluta hasta la futura El Rey de Negro. Lo que decíamos, posiblemente innecesaria y totalmente inspirada en obras anteriores, pero es un tebeo que nos ha hecho pasar un buen rato. Ojalá todo lo que leyéramos nos dejara esta sensación.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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