El mercado superheroico está sobresaturado. Así, tal cual. Entre Marvel y DC se deben estar editando cerca de 100 series mensuales. Si además añades las...

El mercado superheroico está sobresaturado. Así, tal cual. Entre Marvel y DC se deben estar editando cerca de 100 series mensuales. Si además añades las independientes imprescindibles como Invencible, el Prophet del que hablábamos unos días, el Irredeemable de Mark Waid o la entrega periódica del Millarverso (la última, el Júpiter con el siempre perfecto Frank Quitely), la idea de lanzar un nuevo universo pijamero al mercado parece una idea un tanto suicida. Si además tienes en cuenta que ese universo es un reboot de otro que ya fracasó en su día, más aún. Y si piensas en que ese fracasado universo ya tuvo su oportunidad en su día en el mercado español y se pegó un trompazo épico, la idea de editar en España los cómics de Valiant parecía una misión condenada al fracaso.

Pero no. En 2013, Panini decidió tirarse a la piscina y lanzar toda una línea de tomos de la nueva Valiant. Un año duró el experimento. Supongo que para las ventas a las que está acostumbrada una editorial grande, las ventas de unos superhéroes independientes no son suficiente, por muchos premios a mejor editorial y mejores títulos que tengan. Así que se hicieron discretamente a un lado y los derechos pasaron a manos de Aleta, donde parece que los números sí salen.

El caso es que mi contacto con Valiant hasta la fecha se limitaba a un número bastante mediocre de Ninjak dibujado por Joe Quesada editado por Norma en la noche de los tiempos, y el primer tomo de la nueva X-O Manowar, que tenía su aquél (y un espectacular dibujo de Cary Nord), pero no suficiente para engancharme.  Pero resulta que sale el primer tomo de Quantum And Woody!, de la que no había oído hablar aún, pero que me sonaba que era de las mejor recordadas de la Valiant de los 90. Y tiene una fascinante portada con una cabra en medio. Una puñetera cabra.

quantum and woody

Y empiezas a oír comentarios. Y ni uno solo de ellos es negativo. Y llega el Expocómic, y pasas por el stand de Aleta, y esa cabra dibujada por Ryan Sook te hace ojitos.

Ah, what the hell. A la saca.

Una vez leído (de una sentada, por cierto), he de decir que ha sido toda una sorpresa. Por algún extraño motivo, me esperaba un tebeo de superhéroes. Aunque tenga una puñetera cabra en la portada. Y, hombre, lo es, de la misma forma que la JLI de Giffen, DeMatteis y Maguire era un tebeo de superhéroes. Y esa comparación no es al azar. El tono general de la serie me recuerda mucho a la química que había entre Blue Beetle y Booster Gold en uno de los tebeos más divertidos que nos ha dado el género desde… desde siempre, qué demonios.

¿Pero quiénes son Quantum y Woody?

Derek Henderson era un respetable científico afroamericano con un inteligente, formal y tímido hijo llamado Eric. Y en un acto de generosidad, decide adoptar a Woody, un chaval blanco que es todo lo contrario que el siempre recto Eric. Un bala perdida, inconsciente, extrovertido y un tanto ceporro. Pero en lugar de quedarse con su familia feliz, Woody pega la espantada y abandona a su familia adoptiva.

Años después, Derek aparece muerto. Y Woody vuelve a hacer acto de presencia para el funeral de su padre adoptivo, y vuelven a saltar chispas en el reencuentro con su hermano. Y en un estereotípico accidente de laboratorio, consiguen poderes energéticos. Uno ofensivos, el otro defensivos. Uno blanco, el otro negro. Uno descerebrado, el otro formal. Uno, enmascarado y con alias superheroico, Quantum, y el otro, a cara descubierta y con su nombre por delante, Woody. Y así tenemos el choque de personajes opuestos que tan bien funciona, al estilo de Límite 48 Horas o de Arma Letal.

Y la saga del clon.

Y una maldita cabra.

¿Y los autores, quiénes son?

Ilustres desconocidos para mí, la verdad.

Al guión nos encontramos con James Asmus, autor que lleva 7 años de carrera profesional y cuyos trabajos más renombrados son el segundo volumen de Ladrón de Ladrones, coescrito con Robert Kirkman y varias series en la franquicia mutante de Marvel, entre las que podríamos destacar los últimos números de Generación Hope y la más reciente serie de Gambito. Y después de leer este primer tomo de la serie me de claro fan inmediato de este tipo. Las situaciones que plantea son descacharrantes, los diálogos son impecables y el ritmo es perfecto.

Los lápices son obra de Tom Fowler, del que, tras rebuscar información, sí que había leído cosas. Aparece en los dos primeros tomos del Veneno de Rick Remender, en varios números del Green Arrow de Judd Winick y alguna cosilla de Grendel con Matt Wagner. Y, hombre, correcto, sin más. El chico cumple, pero no es un dibujante hot, ni le veo llegando a serlo nunca. Pero a ver, su dibujo consigue lo que la historia pide. Tiene una narrativa clara, deja claro al primer vistazo que estamos ante un tebeo humorístico, y no se hace confuso ni enmarañado en ningún momento. Sí, es eficaz, pero así como el guión es memorable, el dibujo aprueba pero no es especialmente destacable.

¿Y la edición?

Impecable. Tomo en tapa blanda con los cuatro primeros números de la serie y extras: portadas alternativas, lápices y tintas de algunas páginas y unos jocosísimos webcómics previos al lanzamiento la serie. Un total de 128 páginas por 12€. Comprar online el TPB en edición original saldría en torno a unos 11€, pero son 112 páginas, con lo que algo nos perderíamos. Nada que objetar por aquí, señoría.

¿Entonces?

Pues mira, Quantum And Woody es una de las series que más me ha hecho reír desde hace mucho tiempo, y no va a ser una de esas series eternas e interminables. Doce números, tres tomos, y una serie limitada llamada Quantum And Woody Must Die. Yo diría que es una compra obligada, pero allá cada cuál. Si aún no lo tienes claro, échale un ojo a las primeras páginas aquí. Por lo pronto, yo ya tengo el segundo tomo a la espera de ser leído. Pero eso, me temo, será el año que viene ya. Heh.

Lo dicho, gente. Hasta la próxima y feliz año nuevo a todos menos a uno. Y cuidado con esta noche. Y con el garrafón, que lo carga el diablo.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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