Ya ha terminado Providence, la que puede que sea la última gran obra de la carrera de Alan Moore en los cómics si es... Providence nº3

Ya ha terminado Providence, la que puede que sea la última gran obra de la carrera de Alan Moore en los cómics si es que cumple su promesa de retirarse. Y si en las dos entregas anteriores resultaba complicado abarcar la magnitud de esta historia, con la serie terminada resulta impensable abordarlo todo en una sola reseña.

En este tercer tomo llegaremos al fin del viaje de Robert Black, que lo ha llevado a la propia Providence donde conocerá al singular H.P. Lovecraft. Los acontecimientos tomarán una deriva que se venía fraguando desde el principio sin que nadie lo supiera. Conectará todo este viaje con la obra de Lovecraft, de sus seguidores, de todo el fenómeno a su alrededor hasta nuestros días y cerrará con The Courtyard y el Neonomicon, esas dos obras que considerábamos menores y aisladas y que ahora toman una nueva dimensión.

Providence nº3

Providence es tan amplio, que es complicado nos dispersarse y más en un tomo como éste donde cristaliza lo que se venía fraguando desde el principio. Sin embargo, hay algunas cosas que funcionan a lo largo de toda la obra.

Providence es una obra para más de una lectura. En una primera, la obra puede ser asimilada y tal vez hasta el final no te recorra esa sensación de que te habías perdido información. En cualquier caso, el mismo Moore utiliza el recurso de los sueños y esa extraña aceptación indiferente que los acompaña, para caminemos con los protagonistas y con sus mismas armas. No obstante, uno de los sellos de identidad de la obra de Moore es que con cada relectura accedes a un nuevo nivel de significado.

Providence trabaja para la grapa. Pese a que la obra en conjunto toma una nueva dimensión y el entendimiento completo requiere una lectura del tirón, Alan Moore entiende cada grapa como una unidad autónoma. Existe una continuidad temporal en la historia, pero nada parecido a cliffhangers, sino cada historia es una pieza más del mosaico pero con entidad propia. Una de las críticas que se han hecho ha esta serie es que los textos con los que finaliza cada capítulo rompen el ritmo de lectura. Sin embargo, se pasa por alto el formato grapa al hacer esta crítica, ya que no se puede interrumpir el ritmo de lectura con un contenido que va al final. Además estos textos terminan por aportar al final información bastante más importante de lo que puede parecer inicialmente.

Providence nº3

Si no eres aficionado a la obra de Lovecraft, puede que este cómic te resulte demasiado denso y te dé demasiada información que no te interesa, pero si te apasiona el genio de Providence, lo que hacen Alan Moore y Jacen Burrows con esta serie y especialmente con este tomo es directamente magia. Revisando los dos tomos anteriores, podía parecer que Providence sólo era un ejercicio (magistral, pero ejercicio) que mezclaba vida, obra y contexto de Lovecraft cuando en realidad nos contaba cómo la vida influyó a la obra… y la obra a la vida. Se las arreglará para explicar con este malabarismo cómo absolutamente todo lo que ha venido tras la obra de Lovecraft está relacionado y forma parte de algo mayor (desde el célebre círculo Lovecraft hasta los peluches de Cthulhu). Pero es que si no fuera bastante, se las arregla para un más difícil todavía y lo hace confluir todo hacia el gran final que entronca directamente con Neonomicon, aquello que en su día parecía una obra menor y aislada y que ahora es imprescindible para el entendimiento de Providence y que ahora toma una nueva dimensión mucho mayor de la que como obra exenta.

Y aunque quizá el mensaje no sea tan directo como en Promethea o el Amnios natal, muchas de la filias habituales de Moore están aquí: los juegos con el tiempo, el lenguaje como transformador de la realidad… incluso encontramos aquí mucho de lo que ya nos contaba en la lejana American Gothic en La Cosa del Pantano, sólo que esta vez la mitología es genuinamente americana, una religión que tendrá incluso su propia natividad.

Providence nº3

Es complicado no dejar en segundo plano al dibujante cuando estamos ante una obra de Alan Moore, pero quizá ese saber quedarse en la sombra, al servicio artesano del barbudo es uno de los puntos fuertes de Jacen Burrows. Lejos del lucimiento personal, Burrows parece consciente de la magnitud de la historia y decide ponerse a disposición de su arquitecto. Cuando tu guionista es capaz de tejer un número como el 11 y lograr algo tan difícil como integrar banda sonora en un cómic, establecer con ello un juego de montaje y un nuevo nivel simbólico, te toca rendirte a su genio y dejar que lleve las riendas.

Indudablemente Providence no es un tebeo para todos los públicos y viene bajo el brazo con un alto nivel de exigencia al lector. Providence requiere conocer la obra de Lovecraft y requiere un esfuerzo poco habitual por parte del lector, pero creedme que son dos requisitos muy leves para todo lo que te va a dar esta obra.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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