La nostalgia ochentera funciona. Los que fuimos niños en los 70 y principios de los 80 estamos ahora en la cuarentena, y no es que veamos la madurez en el horizonte, es que ya estamos metidos de lleno en ella, y tenemos más cerca la jubilación que el instituto. Para gente como nosotros están pensados productos como Stranger Things (¿habrá algún texto que se hable de los 80 en el que no se mencione esta serie?), como el remake de It o tantos otros remakes de producciones de la época que hemos visto en los últimos años. Somos nosotros los que miramos las marcianadas que se ven a veces en Yo Fui A EGB (por cierto, Javier Ikaz, el coautor del libro, escribe el prólogo de Plaza de la Bacalá) con una sonrisa acompañada de un deje de tristeza. Somos los que vemos Rick And Morty y pensamos que es una versión desequilibrada de la pareja protagonista de Regreso Al Futuro. Somos los que vemos El Despertar de la Fuerza y pensamos “esta película ya no la han hecho pensando en mí”. En resumen, los que podemos decir “con Franco éramos más jóvenes”, porque para nosotros los hijos de la democracia son los hermanos pequeños. Para este tipo de gente está pensado Plaza de la Bacalá.

Plaza de la Bacala
Guión y dibujo: Carmelo Manresa
Formato: Rústica, 176 páginas.
Precio: 13.90€

Plaza de la Bacalá

La primera sensación que da la lectura de Plaza de la Bacalá es que el autor, sin duda alguna, vivió la época. No todas las vivencias que cuenta Carmelo Manresa aquí son compartidas (alguna sí, en el Móstoles de mi infancia también había un karateka callejero al que le gustaba presumir de sus nunchakus dándole palizas al vacío), pero el espíritu general que se respira a lo largo de las páginas es tremendamente familiar. Y aunque él fuera un niño de Levante y yo uno de Madrid que pasaba sus veranos en pueblos pequeños de la Castilla profunda, vivimos historias tremendamente similares. Si me hubieran dicho que el autor nació en 1973 en Alcorcón en lugar de en 1965 en un pueblo de Alicante, me lo habría creído sin problemas.

En mi barrio, las maquinitas estaban en los bares. Y a la nave del Space Invaders no la llamábamos tanque, era “el láser”. Pero siempre había uno alrededor pidiendo que le dejaras. Eso sí, cuando abrieron los recreativos blancos de la calle Miguel Ángel, apareció la figura del tipo chungo que no te lo pedía, te decía “anda, quita, que esta pantalla te la paso yo”. Esta pantalla, y la siguiente, y hasta que le mataban. Cuando el chungo te quitaba la máquina, te habías quedado sin tus cinco duros ya te podías ir a casa. Y más te valía no replicarle.

Y que levante la mano si hay algún chaval de aquella época que en algún momento no cantara el himno nacional, inconscientes de las implicaciones de esa melodía, mencionando a cierto dictador cuya mujer utilizaba un detergente que todos recordamos.

El autor

Carmelo Manresa (Callosa de Segura, Alicante, 1965). Estudió Bellas Artes en la Facultad de San Carlos de Valencia y actualmente compagina su labor como dibujante de cómics con la de profesor de Enseñanza Secundaria. Ha colaborado en publicaciones de humor gráfico como El Jueves, Amaniaco o TMEO. Esta última le publicó en 2010 un libro titulado Sarmiento, empleado del ayuntamiento, en el que se recopilaban historietas aparecidas en la revista.

En resumen…

Nostalgia, decía al principio, aunque la verdad es que lo que realmente provoca esta obra es evocación. Quizás no hayas vivido situaciones idénticas a las que el autor retrata aquí, pero sí que te traerán al recuerdo otras muy similares. El flipado de Bruce Lee. El dependiente del kiosco del barrio (en mi caso, una señora con muy mal café a la que llamábamos “la vieja”). El cine bullicioso sin ningún tipo de aislamiento acústico, que si tenía varias salas escuchabas la película de al lado sin el más mínimo problema.

Enfrentarse a Plaza de la Bacalá es un momento de introspección. De una lectura absorbente que te aísla del mundo exterior mientras se abren dentro de tu cabeza las compuertas de la memoria. El gran problema que tiene es que cuando lo cierras, dejas atrás ese mundo en el que todo era más sencillo y te toca volver a la puñetera realidad.

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http://www.eslahoradelastortas.com/blog/media/2017/09/Portada-UDL-Plaza-de-la-Bacala-500x734.jpghttp://www.eslahoradelastortas.com/blog/media/2017/09/Portada-UDL-Plaza-de-la-Bacala-300x300.jpgEnrique AcebesFeaturedReseñasDesfiladero Ediciones,Tebeo Español
La nostalgia ochentera funciona. Los que fuimos niños en los 70 y principios de los 80 estamos ahora en la cuarentena, y no es que veamos la madurez en el horizonte, es que ya estamos metidos de lleno en ella, y tenemos más cerca la jubilación que el instituto....