Se ha hecho esperar algo más de lo pretendido esta cuarta y penúltima entrega de esta pentalogía donde Luis Durán nos da su personal... Orlando y el juego 4: La danza de los errantes

Se ha hecho esperar algo más de lo pretendido esta cuarta y penúltima entrega de esta pentalogía donde Luis Durán nos da su personal visión de una historia de ciencia ficción. Sin embargo, ya comentamos en nuestra anterior reseña que el género de la premisa es solo uno más de la multitud de los que encontramos en Orlando y el juego. Estamos ante una obra que reflexiona sobre las historias a través de multitud de ellas con tantos tonos y planteamientos como capítulos.

Orlando y el juego 4: La danza de los errantes

En Orlando y el juego, Orlando vive en una dimensión por encima de nuestro espacio-tiempo y tendrá que bajar a nuestra realidad con la misión de corregir la interferencias de Marcel. Marcel es otro habitante de su dimensión y parece estar moviéndose por distintos rincones del multiverso para introducir pequeños cambios. La misión de Orlando es encontrarlo y poner fin a sus propósitos, pero creedme que por más que sea el hilo conductor, ésta es quizá la historia con menor relevancia de esta obra.

Orlando y el juego se apoya en un montón de pequeñas vidas e historias tocadas con aleteos de mariposa que nadie sabe dónde nos llevarán. Volveremos con Andrés el torcido en su viaje de custodia de las reliquias que hacen llover allá donde se encuentren, pero se trata de la única historia recurrente. El cantautor Joan Casas, Ana y su relación con el Arte o el bufón jorobado Dacio se ocuparán de dejarnos un retazo de su vida, un fragmento o, como los llama Luis Durán, un fractal.

Orlando y el juego 4: La danza de los errantes

El término fractal procede de fracción, pero realmente alude a esas formas geométricas cuya estructura se repite a distinta escala dentro del propio fractal. El ejemplo más conocido es el copo de nieve. Cuando Luis Durán llama fractales a cada uno de los capítulos ya nos está dejando caer que estas historias aparentemente unitarias forman parte de algo mayor y cómo también de algún modo resultan un patrón que se repite en otras historias. Tal como suele hacer Luis Durán, desde pequeños relatos dibuja una idea mucho mayor. Puede que Orlando y el juego sea una obra que trata de explicar lo grande desde lo pequeño, pero me atrevería a advertir que su epicentro está de hecho en la microhistorias, siendo la macrohistoria un resultado de éstas.

Hay muchas pistas que nos hablan de algo más grande, una especie de reflexión global acerca de las historias y la imaginación. De hecho incluso vemos muchos elementos recurrentes de otros relatos de Durán. No hablamos sólo de otras historias contadas en los tres tomos anteriores de Orlando y el juego, sino de aspectos y detalles que podemos ver en obras anteriores. Su interés en el medievo, esos piratas que trata de colar como puede en cada título donde ve hueco, una cierta fijación con la infancia… incluso tenemos personajes recurrentes como ese Tukumukuku, salido directamente de El Martín Pescador. En estos tiempos de auge del concepto de universo compartido, Luis Durán se monta el suyo, pero con una vuelta de tuerca que apoya su propuesta de historia global.

Orlando y el juego 4: La danza de los errantes

Orlando y el juego es algo así como la culminación de todo lo que nos ha contado, pero más allá de una tesis contenida, si hay una seña de identidad común a toda la obra de Durán es que desafía la interpretación unidireccional. No sólo es que haya más de una rama que seguir, sino que casi siempre Luis Durán sublima una poética que se niega a ser descifrada y simplemente hay que dejarla permear más allá de sesgos intelectuales.

Hay en este cuarto tomo un pasaje crucial donde Marcel esclarece de forma explícita muchas de las cosas que quedaban hasta ahora sugeridas, pero más allá de encerrarlo todo en un significado único, abre nuevas posibilidades sobre los dioses, la gente por encima de estas historias, que se alimenta de las emociones de estas… cosa que de algún modo nos debería sonar a los lectores de Orlando y el juego.

Orlando y el juego 4: La danza de los errantes

Como solo en un cómic de autor completo podría suceder, el dibujo se mueve en la misma línea de ambigüedad, que si bien porta toda la información que se requiere en primer plano, deja un montón de detalles a la parte menos consciente como esa extraño énfasis en los pies o esas miradas lánguidas marca de la casa. No se puede baremar el dibujo de Luis Durán fuera de su historia del mismo modo que ningún otro dibujo podría llegar tan bien a las ideas que se nos proponen. Puede que quienes no estén familiarizados con la obra de Durán se muestren algo titubeantes ante esta mezcla inclasificable de ilustración infantil, miniatura medieval, grabado clásico y quien sabe cuántas influencias más de las que hace gala Durán, pero la forma en que se mueven sus estilizadas figuras por esas zonas más abstractas de nuestro pensamiento, serían impensables con un estilo más convencional.

Son estas formas, miradas e ideas las que retozan con nuestra fantasía, nuestra imaginación, porque más allá de lo que Luis Durán nos diga, no es Orlando el jugador de esta obra, sino nosotros mismos.

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ORLANDO Y EL JUEGO 4
Duran Luis and DIABOLO EDICIONES
Precio: EUR 23,70
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Orlando y el juego 4: La danza de los errantes
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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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