Oglaf es un pastor que, sin saber leer ni escribir, descubre que su... ehm... su semilla forma palabras ante él. Pero ni siquiera es... Oglaf. Libro 1

Oglaf es un pastor que, sin saber leer ni escribir, descubre que su… ehm… su semilla forma palabras ante él. Pero ni siquiera es el protagonista. Podría serlo Ivan, aprendiz de mago de una severa ama que castiga su juvenil onanismo dotando a su semen de la indigna habilidad para el chivatazo. O podría ser la aventurera que, para acabar con un invierno que se ha alargado demasiado, haría lo que cualquiera de nosotros: calzarse un pene de goma y darle hasta que pida clemencia.

Oglaf llegó a nuestro país precedido por un aluvión de buenas críticas y galardones. Tiene una valoración media de 4,3/5 en Goodreads y 4,5/5 en Amazon, de manera que acometí su lectura dispuesto a encontrarme con un cómic muy divertido y… meh. Tengo la sensación de que la gente otorga sus máximas puntuaciones muy a la ligera, porque después de haberlo leído, me quedo con la impresión de que se trata de un cómic que parte de buenas ideas que, aunque muy bien dibujadas, no terminan de desarrollarse con la calidad que se espera de un 5 estrellas. Pero, ¿qué es Oglaf?

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Oglaf, que da nombre a la obra, no es más que uno de los personajes que pueblan un mundo de fantasía medieval donde el sexo está muy presente, de manera muy explícita, mundana y aceptada. El formato de tira cómica le viene muy al pelo para contar historias de 1 ó 2 páginas (a veces más) donde estos personajes pasan por situaciones absurdas, pasadas por el prisma de nuestra mentalidad occidental actual. No todas las historias tienen que ver con el sexo: algunas juegan directamente con los cánones clásicos del género de la espada y brujería o la fantasía épica, con bárbaros que repudian a sus hijas recién nacidas, o aventureros en busca de la fuente de la eterna juventud. Pero sí, la mayoría de las páginas cuentan con el reclamo del componente sexual, algunas de manera más explícita que otras. Hay personajes y tramas recurrentes, y otras que aparecen una sola vez, de modo que algunas de las tiras se pueden leer individualmente, mientras que otras requieren conocer un poco el trasfondo de los personajes para poder entender el chiste en su totalidad.

Será que este webcómic me ha cogido muy mayor, pero a estas alturas los chistes de caca culo pedo pis (o pollas, en este caso) ya no me hacen tanta gracia como cuando era crío. Es decir, como hace treinta años. En su favor, hay que decir que los autores se han esforzado por hacer la obra lo más inclusiva posible: Oglaf ha recibido alabanzas por su representación de sexos y sexualidad en Inverse.com y ha destacado por su inclusión de personas de color y personajes LGBT. Ganó también un premio Silver Ledger en 2016, que reconocen la excelencia en el arte y la edición del cómic Australiano. En 2013 fue nombrado Mejor Tira Cómica Clasificada X por NJ.com. Llegó al número 1 en la categoría de Romance y Erótica de ComicsAlliance en 2016. Oglaf.com fue nombrada por Cosmopolitan como una de las top 19 páginas porno para mujeres en 2017. Todo esto está muy bien si buscamos reconocimiento a la inclusividad, pero si dejamos de lado las risas, que son lo primordial, tenemos como resultado una tira cómica que sólo es divertida a ratos, y que únicamente me ha sacado una sonrisita ocasional.

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Las tiras se pueden leer online en oglaf.com (en inglés), aunque Fandogamia las está publicando en castellano dos días a la semana en su web Fanternet. No obstante, como nos conocen muy bien a los coleccionistas y saben que el papel es lo que nos mola (y no me refiero para limpiarnos después de), han sacado esta recopilación en papel del primer libro. En Australia, país de origen de esta tira, ya van por el tercer volumen, y en España, si las ventas lo permiten, seguiremos por el mismo camino. Si bien este primer volumen me ha proporcionado menos de lo que me prometía, y en este sentido ha supuesto una pequeña decepción, seguramente encuentre su público entre lectores menos exigentes o que no se hayan dejado llevar por los cantos de sirena de las efusivas críticas en otras webs.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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