Una de las cosas que más me gustaron de Origen, la última gran obra maestra de Christopher Nolan, es el peso que tenía la...

Una de las cosas que más me gustaron de Origen, la última gran obra maestra de Christopher Nolan, es el peso que tenía la banda sonora en la película. No era un simple decorado sonoro, no era sonido ambiental como si fuera el hilo musical en la consulta del dentista, como en muchas ocasiones. No estaba metida con calzador, como en tantas otras. En Origen, la banda sonora es un protagonista más, alcanzando su momento de gloria en el momento de los sueños dentro de sueños dentro de sueños.

En el mundo del cómic, de momento, no hay bandas sonoras. Quizás en un futuro, si se acaba dando un salto definitivo a un soporte digital, puede que llegue. Pero hoy por hoy, el cómic es un medio exclusivamente visual (vale, y táctil y olfativo). Podríamos decir que el equivalente a la banda sonora en el medio gráfico es el coloreado. En ocasiones, acompaña a la narración de forma fluida, pero en ocasiones parece que lo haya dado el primero que pasaba por ahí con el único objetivo de que el tebeo no salga a la venta en blanco y negro. En este Och8 que nos ocupa hoy, el color es equivalente a la banda sonora de Origen.

och8

Och8 es una historia de viajes temporales. Este tipo de ciencia ficción es peligroso. Si se consigue hilar bien la historia, puede quedar algo espectacular al estilo Cronocrímenes, Una Cuestión de Tiempo o Más Allá Del Tiempo, por no mencionar las mismas de siempre. Si no… te puede salir cualquiera de las chapuceras paradojas circulares a las que tan aficionado es Steven Moffat en Doctor Who.

Aquí, el autor crea un interesante batiburrillo entre 12 Monos, los mitos del Triángulo de las Bermudas, Mad Max y varias referencias más. El protagonista, un crononauta llamado Joshua, viaja ¿en el tiempo? ¿entre dimensiones? a un ¿lugar? ¿tiempo? llamado La Mezcla con el objetivo de asesinar a un hombre llamado La Lanza. El problema es que, al igual que en la película de Terry Gilliam, el viaje temporal ha trastocado los recuerdos del protagonista. Dejaremos que sea el lector quien descubra quién es La Lanza o por qué quiere matarlo Joshua.

El caso es que la historia está narrada en cuatro momentos temporales diferentes, y al principio se hace levemente confusa… si no acudimos a la primera página del tebeo. En ella, leemos “El pasado es verde. El presente es lila. El futuro es azul. La mezcla es algo totalmente distinto”. Entre otras cosas, la mezcla es naranja. Y a esto me refería con la importancia argumental del color en esta obra. Sólo con echar un vistazo al color del fondo de cada viñeta, sabemos en qué punto cronológico de la historia estamos. Cierto es, por otro lado, que según avanzas en la historia esa confusión va desapareciendo y la aclaración cromática deja de ser imprescindible, pero esa matización en el ambiente sigue presente hasta el final.

Aún siendo un argumento no especialmente original, se lee con agrado. Es una historia en la que el cómo es más importante que el qué, y aquí Och8 se merece un aplauso en pie. Gráficamente es una absoluta delicia, un completo placer visual. Quizás no sea una obra rompedora en la exploración de las posibilidades narrativas del medio, pero se agradece que haga el esfuerzo de buscar caminos nuevos.

El autor

El brasileño Rafael Albuquerque presenta aquí su primera obra larga como autor completo, con ayuda de Mike Johnson (Supergirl, Tierra 2, Star Trek) a los diálogos. Guioniza de forma más que competente, y se encarga de toda la parte gráfica (dibuja, entinta y colorea) con un dominio envidiable. He visto sus lápices en series como Batman o American Vampire, pero es ésta su obra que, por algún motivo, más me ha llegado.

En resumen…

La lectura de este tomo ha sido muy agradable, pero hay un detalle que me ha dejado un tanto descolocado. Ese número 1 que se ve en el lomo, así como el Volume 1: Outcast que acompaña a la edición original de Dark Horse, dan a entender que Och8 es una serie abierta. Pero la verdad es que la historia aquí contada queda razonablemente bien cerrada, con un final suficientemente abierto como para poder desarrollar posibles secuelas. Además, los cinco números integrados en este tomo se publicaron con puntual cadencia mensual entre febrero y junio del año pasado, no habiéndose publicado ningún número más desde entonces. Aún así, tenga la obra continuación o no, los cinco tebeos americanos aquí incluidos son una lectura totalmente recomendable.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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