¿Por dónde íbamos? Después de una entrega estupenda y con cierto regustillo teenager donde se nos presentaba a Quentin Quire, y con ese cliffhanger... New X-Men, de Grant Morrison. Desenlace y anexo

¿Por dónde íbamos?

Después de una entrega estupenda y con cierto regustillo teenager donde se nos presentaba a Quentin Quire, y con ese cliffhanger que nos dejaba a Scott con la carita del que sabe que ha metido la pata hasta el fondo, el quinto tomo de los New X-Men comienza con otro arco temático cuyo título, Asesinato en la mansión, ya deja entrever por dónde van los tiros. El clásico relato a lo Agatha Christie en busca del asesino, en el que la sesuda labor de investigación corre a cargo del dúo formado por nuestro detective Conan mutante: Bishop; junto con su Ran Mouri particular: Sabia. Dos personajes que pese a aparecer por primera vez a estas alturas, Morrison sabe darles peso y carisma gracias a ese aire de suficiencia que llevan los dos interrogando a los sospechosos con un punto de agresividad que los hace más originales. El hecho de que se les confíe la labor, y el respeto mostrado por los mutantes de peso en la escuela, aumenta el interés del lector y les confiere un aura molón en pocas viñetas. De hecho, un primer plano de Bishop homenajeando a Terminator es una de las portadas más llamativas de toda la serie, y no se puede molar más que un T-800.

Otra dosis de entretenimiento made in Grant que aunque pueda parecer un episodio más en esta estructura que lleva el conjunto al estilo de un procedimental, en realidad es el principio del fin y el desencadenante de la traca definitiva con el movimiento de dos personajes fuera de la escuela.

Así, las aventuras y desventuras amorosas de Cíclope sirven como excusa para encontrarnos de nuevo con Fantómex y dar paso a Ataque de arma plus, arco de cuatro números que Morrison aprovecha para darle sentido argumental —dentro del tronco central de la serie— al jardín de las Armas X en el que se había metido números atrás. Algo que en su momento comenté que me había parecido un poco plomizo, por lo menos no resultó ser una simple excusa para presentar nuevos personajes.

Ataque de arma plus supone un in crescendo en cuanto a épica con el que todo tiende a volverse cada vez más explosivo y amenazante. Una maniobra de distracción para la mano oculta detrás de todos los infortunios acaecidos en la escuela, que lo mejor que nos deja son los momentos más intimistas con ese Lobezno socarrón que tanto nos gusta, y el dibujazo de Chris Bachalo. Para mí, el mejor de toda la serie junto con Frank Quitely. Personajes expresivos, trazo y narrativa ágiles, distintivo y con personalidad. Me gustan hasta esas mega napias que planta a veces y con las que consigue que Logan y Dientes de Sable parezcan la familia de goris de los Fraggle Rock. A tope con eso. Bienaventurados los narizotas.

New X-Men Bachalo

Y tras las luces de artificio en el espacio y la andanada de mamporros y caras amenazantes del final del quinto tomo, en el sexto, en un mega arco de cinco números titulado Planeta X, el de Glasgow sube la apuesta de tollinas y nos deja con el culo torcido con un plot twist de aúpa. Un giro que una vez te es revelado y lo piensas un poco, te deja con cara de tonto. La cara de tonto que se te queda cuando te hacen jaque mate en tres movimientos. Vamos, que me la comí con patatas; lo cual está bien porque hace que lo disfrutes más (el que no se consuela es porque no quiere).
En Planeta X los contendientes luchan en pijama bajo la lluvia y todo se vuelve tenso y con varias apariciones salvadoras en el momento crítico de la contienda. Con el arte de Phil Jimenez, nos encontramos con mucho drama de postín y canon superheroico, que tampoco se puede decir que fuese la tónica habitual hasta el momento. Un cierre cumplidor que por el camino deja un listado de muertes y resurrecciones no tan convencional, y con cierto regustillo a reivindicación argumental de sucesos pretéritos dentro de la franquicia mutante. Como si Morrison dijese: «Véis chavales, se les mata y a otra cosa. ¡Que os acartonáis!».

Y la fiesta sigue en el último tomo de estos New X-Men de Morrison, con los números que son más «new» y más «de Morrison» que nunca. En Bienvenidos al mañana, el escocés juega con los muñecos como le da la gana en un futuro distópico en el que un Bestia totalmente pasado de vueltas atemoriza toda forma de vida y provoca las alianzas entre Homo sapiens, Homo superiores y máquinas. Un divertimento loco a modo de anexo a todo lo demás donde da continuación a personajes que hemos visto hasta ahora en la serie, y que como poco intriga por lo novedoso de la propuesta. Un salto temporal hacia delante con unos dibujos de Marc Silvestri que visualmente son un salto temporal hacia atrás, a la década de los 90.

Especialmente excitante es ver el uso que se le da a un antiguo centinela. De hecho, con esta, ya van al menos tres variantes o propuestas diferentes de Morrison con estas máquinas de matar.

New X-Men centinelas

En conjunto, creo que la serie deja una sensación de renovación fresca de los mutantes con un autor a los mandos bastante autocontenido para lo que nos tiene acostumbrados. Un rediseño de la Patrulla con tres o cuatro arcos muy potentes y con la ventaja de poder disfrutarlos de forma individual. Una estructura de guion que en conjunto bebe bastante de la de las series de televisión que empezaban a explotar hace veinte años, y una irregularidad en la calidad del dibujo que lastra la lectura y el paso del tiempo de una obra que fue sin duda más impactante en su día para los aficionados a los mutantes de lo que puede ser ahora. Un viraje superheroico a medio camino entre el estilo de los 90 que pretendía dejar atrás definitivamente, y la ola indie que un lustro más tarde conduciría el barco de la Casa de las Ideas por otras aguas (no tanto para unos mutantes que fueron condenados al ostracismo por no tener su pareja de baile cinematográfica en Disney, y que dejaron de ser el ariete de la compañía).

Un buen entretenimiento para los lectores menos familiarizados con la escuela de Charles, y seguro un placer para aquellos acérrimos seguidores que desde Claremont buscan con insistencia el tesoro Marvel donde marca la X.

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

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