¿Cómo conocisteis vosotros a los mutantes? Y no me refiero a las tortugas pastafaris ni al Vengador Tóxico ni a nadie salido de una... New X-Men 1 & 2, de Grant Morrison

¿Cómo conocisteis vosotros a los mutantes? Y no me refiero a las tortugas pastafaris ni al Vengador Tóxico ni a nadie salido de una cinta de Álex de la Iglesia; para los aficionados al tebeo superheroico, los mutantes han nacido con esa condición y poseen formas muy concretas: el tipo que lanza rayos por los ojos, el que es capaz de dispararte la sota de bastos envuelta en llamas, una imponente mujer que trae las tormentas o ese perfil diablesco con cuchillos jamoneros salidos de sus nudillos. Muchas formas que se pueden simplificar en una equis. En una X.

Lanzo la pregunta porque para mí el primer acercamiento fue con la serie de dibujos de los 90. Por aquel entonces la mayor parte de chavales de mi edad flipábamos con esa serie, la de los 4F y la de Spiderman; sobre todo con esta última. Esas series junto con Batman TAS eran las que lo petaban en el mundillo superheroico, así que no era de extrañar que en casa intentásemos estirarnos como Reed, lanzásemos telarañas imaginarias como Peter, o nos pusiéramos unos tenedores entre los dedos como Logan.

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Supongo que a la mayor parte de prepúberes por esa época, Chris Claremont nos era ajeno a todo aquello. Muy probablemente casi todos los chiquillos de mi edad, y otros más talluditos, llegáramos a la película del 2000 con lo que habíamos visto en la televisión como referencia y sin un solo tebeo a nuestras espaldas, así que no nos preocupaba si el traje no era amarillo, si Lobezno no parecía lo sufientemente achaparrado, o si Cíclope había quedado algo desdibujado. Por mi parte, creo que me decepcionó más no haber visto en carne y hueso a uno de los poochies más queridos de la Patrulla: Gambito.

Cuando a Morrison le encargaron poco después reflotar la franquicia tras una etapa de tinieblas para la formación mutante (Hickman no fue el primero con esta tarea), no sólo sabía que tenía que rescatar el componente «culebronesco» con el que Claremont les llevó a lo más alto y darles a los fieles aquello que les enamoró de la etapa dorada de la serie, queda patente por varios motivos que también tuvo en cuenta a los que empezábamos a acercarnos a las viñetas gracias a la animación y a esa película.

Con todo ello parió estos New X-Men que ahora Panini vuelve a publicar en 7 tomos. Un título muy demandado; hacía más de un lustro —desde el Coleccionable New X-Men— que no podíamos encontrar esta magnífica serie en librerías. De hecho, esta nueva edición recuerda un poco al coleccionable, salvo que ahora lo tenemos en una entrega menos y con una mejora ostensible en cuanto a calidad de papel. Eso sí, la nueva edición nos saldrá un billete azul más cara, y todos los tomos costarán 15 euros independientemente del número de páginas que contengan.

En un primer vistazo al reboot de Morrison, lo que más llama la atención es el vestuario de la Patrulla planteado por Frank Quitely: salvo contadas excepciones, combina el sobrio cuero negro que vimos en las películas de Singer con llamativas X en el característico y vistoso amarillo del grupo mutante. Está muy logrado y además sirve en parte como una declaración de intenciones de lo que hablaba en la introducción: «aquí tenéis a los personajes que añoráis los lectores de siempre y los que descubristeis la nueva hornada por otras vías, pero vamos a hacer que esto evolucione».

Y esta evolución no es simplemente una cuestión estética, sino que va mucho más allá en varios aspectos. Por un lado, los mutantes han creado y exportado al mundo su propia cultura; no gozan de una situación de igualdad con el resto de seres humanos, pero ya no son ese grupo de parias que se escondían como ratas; es más, en New X-Men vamos a ver grupos —sectas— de personas —muggles— que quieren gozar de habilidades mutantes por vías artificiosas y extremas. Si alguna vez de críos os daban envidia estos personajes porque vosotros también deseabais poder doblar el metal o provocar tempestades, que sepáis que es posible que a Grant Morrison también.

Además, sorprende escogiendo los miembros que componen el grupo principal, destacando algunas ausencias importantes como Ororo, así como la incorporación de Emma Frost. Rebotada del gran genocidio mutante, es la navaja suiza perfecta que gusta de emplear Morrison. No sólo aporta ese punto macarra y de moralidad dudosa a algunas situaciones, sino que se adentra de lleno en el ya clásico triángulo amoroso compuesto por Scott, Jean y Logan, dándole una nueva dimensión, explotando el «culebroneo», y haciendo de Scott Summers un personaje con más mordiente si cabe; y digo si cabe porque me parece una de las lecturas en las que este líder brilla con más fuerza. De hecho, me resulta mucho más interesante que Jean o Logan, y no suele ser habitual.

emma frost

El pueblo de los malditos

También se le da una vuelta de tuerca al Centinela que conocíamos hasta entonces, y sobre todo, se plantea la mutación como algo grotesco y no tan molón para algunos personajes. En esta línea se desarrolla a Bestia de manera excepcional, planteando un giro en su mutación, una involución en su aspecto, con la que explotar sus demonios internos como no habíamos visto hasta la fecha.

Como véis, bastante novedad y una lectura muy entretenida con ese Morrison que plantea ideas potentes pero de forma contenida y sin que llegue a saturar al lector, que tanto viejos como nuevos lectores disfrutarán (no sé si mucho aficionado al tebeo quedará sin haber leído esta etapa). Si te van los mutis es de obligada lectura, y si no has empezado con ellos, diría que es una buena forma de tomar contacto con ellos.

Pero, ¿todo es positivo en cuanto a este tebeo? Me temo que no. En cuanto al apartado gráfico tenemos luces y sombras. Las luces vienen de la mano de un Frank Quitely maravilloso que vuelve a demostrar que hace una dupla perfecta con el escocés, pero que trabaja a su ritmo. Un ritmo que da como resultado unas ilustraciones y composiciones de página magníficas, pero que no soporta el tener que sacar una nueva entrega cada quince o treinta días, con lo que necesitó de sustitutos en un montonazo de números… y aquí es donde entran Igor Kordey y Ethan van Sciver. ¿Son malos dibujantes? Pues no —y como muestra os pongo unas ilustraciones de Kordey para que lo comprobéis con vuestros propios ojos—, pero estamos hablando de unos tiempos de realización extremadamente cortos, y las cosas salen como salen. El bajón entre los números dibujados por Quitely y los que no lo están es tan grande como los antebrazos peludos de Bestia. Especialmente doloroso en aquellos que tienen que ver con el Imperio Shi’ar, porque todos esos elementos espaciales están llenos de diseños de naves, tecnología y trajes que requieren un buen detalle, y acabamos teniendo unos fondos planos con algún degradado que se antojan pobres. Y es una pena por dos razones: porque los reemplazos de Quitely dibujan bastante mejor de lo que demuestran en estos New X-Men, y porque de haber sido esta una etapa al completo con Morrison y Quitely, habría tenido una unidad o entidad mucho mayor, al estilo de lo que nos encontramos en el Estela Plateada de Slott y los Allred que se acaba de recopilar.

Nosotros, los muertos (dibujo de Kordey)

Por lo que sabemos sobre Marvel Must-Have, la nueva colección de la editorial con algunos arcos de etapas destacadas de diferentes series, saldrá un tomo con E de Extinción, el primer arco de estos New X-Men; tres números que están dibujados al completo por Quitely. Sinceramente, me parece un arco estupendo y que si lo que te atrae es el dibujo de Quitely, el Marvel Must-Have podría estar bien, pero creo que el que empiece con eso va a querer seguir, por lo que no sé si merecerá mucho la pena. Y es que aunque Morrison estuviese muy influenciado por el auge de las series de televisión y las estructuras procedimentales con un hilo conductor troncal al estilo de Expediente X, te deja unos cliffhangers tremendos con los que será difícil aguantarse; el final del segundo tomo no te permite parar ahí, os lo garantizo.

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Jaime G. Rueda

¿Qué decir? Si mezclas las más brutales paranoias de Charles Burns y Brandom Graham te quedas corto para describir la mierda que deambula por mi azotea. Esperad, ¿lo oléis?... creo que se me está quemando la comida. Ahora vuelvo. @Jaime_G_Rueda @elhdlt

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