Vamos con la última entrega de una de los personajes más desquiciados -y también más divertidos- que ha dado Marvel en los últimos tiempos,... Motorista Fantasma Cósmico: Destruye la Historia de Marvel

Vamos con la última entrega de una de los personajes más desquiciados -y también más divertidos- que ha dado Marvel en los últimos tiempos, el Motorista Fantasma Cósmico. Donny Cates, el último niño bonito del mainstream americano que procede del cómic indie, se sacó de la manga un poochie cósmico dentro de su etapa en la serie mensual de Thanos, un personaje que aportaba un alivio cómico a la historia del Titán y ha acabado sobreviviendo a la historia en la que apareció. Así, el propio Cates lo rescató para una divertidísima serie limitada, e incluso ha llegado a usarlo dentro de su etapa en los Guardianes de la Galaxia. Y esta versión trastornada de Frank Castle ha calado tanto en los lectores que por fin sale de debajo del ala protectora de su creador y protagoniza su primera historia con otros autores. Con todos ustedes, el Motorista Fantasma Cósmico Destruye la Historia de Marvel.

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Hablemos claro: tenía mis reservas respecto a este tomo, por tres motivos principalmente. La ausencia de Donny Cates no era uno de ellos -en el cómic americano es ley de vida que los personajes trasciendan a sus creadores, ni siquiera Watchmen es sagrado- pero sí lo era que no me sonara ni de oídas el nombre de los nuevos escritores asociado al cómic. A la televisión y los videojuegos sí, pero eso es otro cantar. El baile de dibujantes, con tres dibujantes distintos en los seis números que dura esta miniserie, hacía pensar que el editor no se había molestado en orquestar la con una planificación suficiente para darle una coherencia estilística, más aún teniendo autores tan diferentes entre sí como Gerardo Sandoval y Todd Nauck. Y lo de «Destruye la historia de Marvel» es un tópico tan manido que empezaba a oler a que el Motorista Fantasma Cósmico se estaba convirtiendo en un chiste de segunda muy poco después de su creación. Así que, quizás con más recelos de la cuenta, me enfrenté a la lectura de este tomo.

Y oye, me alegro de haberme equivocado.

El planteamiento de la historia es bastante típico. El Frank Castle del futuro está desplazado en el pasado, y decide que, dado que el día más traumático de su vida fue el día en el que su familia fue asesinada en el conocido tiroteo en Central Park, va a cambiar el pasado, importándole tres narices la paradoja consiguiente. Así que se planta en su casa el día antes del asesinato, haciéndose pasar por su tío Fredo y aprovecha para pasar un rato con su mujer y sus hijos… y con él mismo, ya de paso. Eso sí, ante el plan de cambiar la historia, Uatu -que por entonces aún estaba vivo- dice que verdes las han segado, y que la creación del Castigador es un punto no modificable de la historia de Marvel.

Pero el eje de la miniserie no es el intento de Castle de salvar a su familia -ya sabemos cómo acaban estas cosas-, sino las conversaciones del Castle futuro con los Castle del presente. Para hacerse el guay, les cuenta a todos que es un superhéroe y les va dando un repaso a la historia del Universo Marvel metiéndose a sí mismo en escenas en las que no estuvo y que conoce yo qué sé por qué, dejando un regustillo a la memorable Big Fish de Tim Burton. No destruye, por tanto, literalmente la historia de Marvel, sino que la cuenta recreada a su antojo.

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Así, el primer número se centra en las conversaciones con su hijo al que cuenta historias de los 4F, el segundo con su mujer hablando de Spiderman, el tercero con su hija y la Patrulla X, el cuarto con su yo pasado y el Capitán América… y el resto lo dejamos para que el lector se lo vaya encontrando. Pero no es sólo recontar momentos estelares de la historia de la editorial. También es mirar con bastante mala baba y meter el dedo en la llaga de momentos que, con la conveniente dosis de suspensión de la incredulidad, nos hemos ido tragando sin plantearnos lo que estábamos leyendo. Tenemos así una obra firmada por dos tipos que tienen un conocimiento muy profundo de la historia de Marvel y un puntillo de mala leche que acerca esta serie más a la muy recomendable Masacre Gwen que a, yo qué sé, Punisher destruye el Universo Marvel. Así, por ejemplo, tenemos al Motorista contemplando la mítica escena de Amazing Spider-Man nº50 cuando Peter Parker deja su traje en un cubo de basura diciendo que lo deja, pensando «Jo, había olvidado lo teatrero que era este puto chaval en su día». O el díalogo que más carcajadas me ha arrancado de todo el tomo, ambientado justo después de La muerte de Jean DeWolff:

-Rara vez sonreía, ¿sabéis? Es una pena que una mujer tan atractiva nunca sonriera.
-Uuuf. Te voy a dar un consejo… ese tipo de comentarios no van a envejecer nada bien.
-¿Qué? Era guapa. ¿Acaso no debía mirarla?
-Colega, te estás metiendo en un jardín…

Sí, mala leche, pero una mala leche escrita desde el conocimiento de un fan de muchos años atrás, con cariño y un toque de nostalgia también. Que sí, que puede que este tipo de humor no sea para todos los públicos… pero yo sí que estoy dentro del público al que está enfocada..

Ah, y resulta que, aunque no sean especialmente conocidos en el mundo del cómic, Paul Scheer y Nick Giovannetti tienen una serie para Boom Studios llamada Aliens vs Parker que, aunque inédita en castellano, tiene unas buenísimas críticas. Habrá que echarle un ojo también.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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