Si no habéis reparado hasta el momento, echad un vistazo a la ventana con la ficha del tomo y mirad los nombres de los... Marvel Gold. Los Cuatro Fantásticos 10: Alcanzar las estrellas

Si no habéis reparado hasta el momento, echad un vistazo a la ventana con la ficha del tomo y mirad los nombres de los dibujantes que participan en este tomo: Pollard, Pérez, Byrne, Sienkiewicz, Ditko, Buscema… Menudo dream team. Pero a pesar de tener esos nombres, la verdad es que la colección atravesaba unos años algo inconsistentes, y que solo recordarán los fans más acérrimos de la primera familia. La colección necesitaba algo como lo que vendría justo después de este tomo: un autor que lo de todo, recupere la verdadera esencia de la colección adaptándola a los tiempos modernos. Y es que lo que vemos en Marvel Gold. Los Cuatro Fantásticos 10: Alcanzar las estrellas  es un buen esfuerzo por parte de Marv Wolfman y un movimiento arriesgado de Doug Moench de aportar una ambientación muy diferente a lo que habíamos visto hasta el momento. Pero ambos quedan, en mi opinión, en un quiero y no puedo.

Wolfman se alía con el solvente dibujante Keith Pollard y con un John Byrne en su mejor momento para contar una historia que duró nada menos que once meses. Lleva a los Cuatro Fantásticos a la galaxia Andrómeda, y concretamente a Xandar, planeta donde tenían lugar las aventuras de Nova, y enfrenta al grupo a los skrulls, a los Nuevos Campeones liderados por Nova y a la Esfinge, sin olvidar a un viejo enemigo del grupo que volvía una vez más, aunque con una condición diferente (como aliado) y con nuevo heraldo. De estos números, conviene remarcar un par de cosas:


En primer lugar, Wolfman plantea la larga historia sacando inicialmente a Johnny del grupo, de manera que pueda ir alternando historias cósmicas con otras más terrenales. Una idea que aporta variedad a la trama, aunque creo que de manera fallida. Y es que la excusa que pone Johnny para quedarse en la Tierra en lugar de ir a salvar por enésima vez a su planeta no es otra que… quiere volver a estudiar y demostrar que es un hombre de provecho, y no un «viva la vida» cualquiera. Una trama que suena ridícula no, lo siguiente, pero que entretiene, si consigues mirarlo con su pertinente perspectiva histórica.

El otro punto relevante de estos números es la incorporación del robot H.E.R.B.I.E. al equipo. Como la serie de animación, un año antes, había demostrado que el personaje gozaba de cierta popularidad, Marvel decidió incorporar al robot a su colección de cómic, en un ejercicio de metalenguaje en el que además, justificaban la ausencia de Johnny de la serie de TV porque se encontraba ausente de la ciudad cuando tuvieron que firmar los derechos. El robot podría haberse explotado algo más, pero para muchos autores (el primero de ellos John Byrne), resultaba más un engorro que una oportunidad. Así, acabarían deshaciéndose pronto del personaje, y lo peor, de una manera bastante desafortunada, que daba la impresión de haberse improvisado sin dar una salida digna.

De este enorme arco, también cabe destacar la presentación de Terrax el indómito como nuevo heraldo de Galactus, y una personalidad muy diferente de sus antecesores. Wolfman profundiza así, con estos números, en la figura de los heraldos, explicando que se basan en los elementos naturales y dando una explicación algo menos aleatoria que lo que habíamos visto hasta el momento.


Tras esta larga historia, que es probablemente lo más destacable de este tomo, tenemos varias historias cortas en las que el grupo vuelve a enfrentarse a viejos conocidos como Blastaar, los Siete de Salem, o los Cuatro Terribles. Tras ellos entrará un nuevo equipo creativo: el formado por Doug Moench y Bill Sienkiewicz, que aportarán un tono radicalmente diferente a la colección, aunque al principio sea de manera muy gradual. Moench le da un toque terrorífico, plagado de monstruos y criaturas salidas de una pesadilla. Comienza con una historia en la que el equipo se reencuentra con Namor, y se ve interrumpido por una historia en dos partes con la que Marvel quería dar un poco de margen a Sienkiewicz, cuya velocidad no era precisamente reputada, y temían que no llegara al ritmo mensual. Y para ello recurrieron a una historia que había encargado Coca Cola, pero que acabaría rechazando por su violencia (ver para creer). A partir de ahí Moench y Sienkiewicz alternan historias que pretenden dar algo de variedad (con una historia de mitología nórdica y otra de robots gigantes) pero pronto recurre nuevamente al horror, con monstruos y parásitos alienígenas.

Creo que el terror no es algo que encaje bien con la colección. Incluso cuando Wolfman en anteriores ocasiones (una de ellas en este mismo tomo) prueba con un tono más terrorífico con las historias de Agatha Harkness y Nueva Salem, no deja de ser un cómic de aventuras, y suele ser una isla dentro de un tono más distendido, pero Moench acaba llevándolo más a su terreno y creo que no acaba de funcionar.

En cuanto al dibujo, en este tomo tenemos muchos autores, y algunos bien diferentes, aunque como ya se ha dicho con anterioridad, esta colección gozaba de la unidad artística de los acabados y tintas de un autor que aportaba la unidad artística fuera cual fuera el bocetista: Joe Sinnott. De hecho, en un artículo de Raimon Fonseca incluido en el tomo, explica que fue el motivo por el que Sienkiewicz acabó aceptando la oferta de dibujar, ya que él mismo no se veía. En el último número del tomo hay una parte entintada por el propio Sienkiewicz que da la razón por completo al dibujante en su prejuicio. De hecho, hay unos números en los que Sinnott no pudo cumplir su compromiso por encontrarse acabando el crossover entre Spiderman y Superman, y fue sustituido por Pablo Marcos, con un resultado mucho más deficiente, especialmente en sus primeros números, donde los planos más alejados carecían prácticamente de detalle. Sinnott restaba algo del estilo del dibujante titular con sus tintas, pero ganaba con un estilo muy limpio, y sobre todo uniforme cuando mirabas la colección en conjunto. Lo que sí resulta muy llamativo es el anual 16 con el que se cierra el tomo, dibujado por la leyenda Steve Ditko, pero que destaca con un estilo radicalmente diferente, que homenajea un poco los primeros números de Kirby, pero que tienen viñetas que resultan feas de narices.

El tomo viene complementado con numerosos artículos que sitúan al lector, aportan testimonios de los autores responsables y explican un poco cómo se vivieron algunos de esos cambios cuando se publicó originalmente la serie. También incluye algunas tintas y colores originales, con explicaciones que enriquecen muchísimo la lectura y ayudan a saber cómo se trabajaba en aquella época.


En definitiva, Marvel Gold. Los Cuatro Fantásticos 10: Alcanzar las estrellas  es un tomo para completistas y muy fans de los personajes, con aventuras tan entretenidas y variadas como olvidables, y de las que apenas destacaría el primer y largo arco argumental de los primeros once números. No obstante, es una oportunidad para gozar del trabajo de leyendas como Byrne, Pérez o Buscema, que se encontraban en momentos muy altos de sus carreras.

Lo mejor: El primer arco argumental del tomo. Los extras y la edición en general. Joe Sinnott, siempre.

Lo peor: Historias variadas, pero algunas han envejecido algo mal.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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