Una de las características de la trayectoria de Chris Claremont al frente de los imposibles Hombres X fue su proverbial elasticidad. La tradicional capacidad... Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X. 5

Una de las características de la trayectoria de Chris Claremont al frente de los imposibles Hombres X fue su proverbial elasticidad. La tradicional capacidad del escritor británico para adaptarse al dibujante de turno (o para plegarse a él, según se mire) es patente en casi todos los casos. Él mismo nos lo explicaba en el último Salón del cómic de Getxo. A grandes rasgos, la Patrulla X de Cockrum era la de la sensación de maravilla, la de Byrne la de la aventura y el tono superheroico más usual, con Paul Smith las mujeres tenían el poder, y en el caso que hoy nos ocupa, el de un todavía inexperto John Romita Jr., los ochenta tomaban el mando, con todo lo que eso conlleva.

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Panini Comics, en su esfuerzo por reunir en una serie de volúmenes de lujo toda la historia de La Imposible Patrulla-X, recoge en esta quinta entrega formato Marvel Gold gran parte de la etapa Romita Jr. en la serie regular del grupo (The Uncanny X-Men #176-192 USA). A estas alturas de la película ya queda muy poco de la Patrulla viajera de Byrne, incluso de las odiseas espaciales ilustradas por Cokrum. Claremont, aunque sin renunciar a su estilo dialogante, parece imponer más cómodamente sus inquietudes personales cuando trabaja junto a un artista brillante pero neófito. Las fuentes de siempre siguen ahí: clara influencia de otros medios ―sobre todo del cine― y gusto por el folletín. Cuando Claremont vuela libre, La Patrulla X se convierte en una soap opera con elementos fantásticos, algo de crítica social y mucha menos acción de la habitual.

El tomo se inicia con una aventura muy cinematográfica, como le gusta a papá Claremont, a lo Seis días y siete noches (aunque varios años antes en esta ocasión), con Cíclope y Madelyne Prior de luna de miel. Claremont nunca quiso deshacerse de Jean Grey, y a la primera de cambio la trajo de vuelta utilizando un subterfugio. El caso es que el salseo ocupa casi toda la atención del lector. En estos primeros números desfilan los Morlocks, Mística y la Hermandad de Mutantes Diabólicos, pero en todas las tramas destaca el enredo sentimental, la tragedia adolescente y los problemas de identidad.

En toda buena telenovela que se precie no puede faltar el drama entre padres e hijos. El abandono y el rencor, la pérdida y el reencuentro en relaciones casi siempre tormentosas. Aquí se vuelve a apuntar hacia el lazo familiar entre Mística y Rondador Nocturno, a lo mejor porque ambos tienen la piel azul. Y Pícara siente ese vacío de figuras paternales que el profesor Xavier y la propia Mística luchan por ocupar. Todo muy trágico, y todo muy retorcido.

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En cuanto a los picores, Kitty ha contraído una deuda amorosa con Calibán (para el recuerdo la grotesca boda de portada), aunque obviamente no está enamorada de él. La muchacha madura a marchas forzadas en los túneles morlock, y lo que le queda. Coincide que por aquellos tiempos tenían lugar las Secret Wars, y Peter Rasputin, su verdadero amor, había vuelto enchochado de una mujer adulta (muy importante lo de que fuera mayor de edad) con la que no se cansó de retozar en un planeta muy lejano y que además la había palmado. La muchacha llora por ese primer amor demasiado blanco para el ruso, apaciguado en cierto modo por la introducción de Doug Ramsey, un chico formal, miembro de los Nuevos Mutantes y, por tanto, de su edad. La mano de Jim Shooter y de lo políticamente correcto se convierte en la excusa perfecta para que Claremont introduzca líneas y líneas de angustia existencial adolescente. Visto con perspectiva, su esfuerzo por adaptarse a la continuidad del propio Universo Marvel y a las correspondientes exigencias editoriales resulta casi heroico, también a la hora de cuadrar entre montañas de texto dichos lazos sentimentales y familiares entre los personajes.

En los números de la etapa Romita Jr. no hay tanto sitio para la acción, al menos no tanto como para la introspección. Mística se emplea utilizando sus poderes multiformes de forma imaginativa, de la misma forma que la haría popular en las pelis del siglo XXI, pero el peso de sus intervenciones lo lleva su angustia por haber perdido a Pícara. La muchacha del mechón blanco ―que no se sabe si es muchacha o es mayor; una “viejoven” adelantada a su época― sufre por el martirio que le suponen sus poderes (muy por encima de los problemas festivos de sus compañeros: ella no puede tocar a nadie); y además comparte espacio en su mente con una mujer a la que de alguna manera asesinó. Más madera. Lo mismo le pasa a Tormenta pero al revés, cuando el hombre del que está enamorada le arrebata su conexión mutante con la naturaleza. El caso es que los medicamentos (figurados) para la depresión han tomado el control. El que sea capaz de entrar en el juego lo va a disfrutar, y mucho.

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Entre añoranzas y pesares, Claremont tiene tiempo para seguir reclamando ideas del mundo del cine, como esa historia de Kaijus ambientada en el mismo Japón, cuando la novia de Lockheed adquiere un tamaño descomunal y arrasador. La colección avanza entre quiebros y menciones a la continuidad del Universo Marvel de la época: la invasión de los espectros espaciales enemigos de ROM y el frío procedente del Cofre de los Antiguos Inviernos, abierto en la colección de Thor, tienen su trascendencia en las tramas; algo que resulta curioso visto desde nuestra perspectiva actual, donde estas cosas no se cuidan tanto.

A partir de aquí la cosa tira por la influencia estética del BDSM, tan propia de Claremont y de su Club Fuego Infernal, y por la vuelta de las mujeres fatales. Selene es la villana recurrente, personaje que debuta en New Mutants #9 USA y que cobra protagonismo durante un buen periodo de tiempo, pero que apenas va a tener relevancia en la historia global de los mutantes. Una dominatrix en toda regla que esclaviza a Rachel Summers y a su amiga de Nueva Roma; con mazmorra, vestidos de sirvienta, cadenas y toda la pesca. Y a todo esto, Rachel también está muy angustiada por sus cosas, por su viaje en el tiempo y su futuro incierto y todo eso.

Más adelante, en una pirueta completamente surrealista, Claremont convierte Manhattan en una suerte de reino a medio camino entre la espada y la brujería, obra y gracia de un collar mágico que contiene la esencia de Kulan Gath (villano extraído de la Era Hiboria). Aquí vuelve a aparecer Selene para arreglar las cosas, o para ponerlas todavía más del revés, pero el caso es que con ella se retoma la fantasía pajillera. La aventura con delirios de evento ―en la que participan Spiderman, el Capi y otros vengadores―, deriva en una crisis espaciotemporal que trae a Nimrod, un centinela del futuro, a nuestro tiempo. Y eso es lo mejor que se puede decir de ella.

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No obstante, el plato fuerte del tochal es la inclusión de la serie limitada de seis números Kitty Pryde & Wolverine. Una de acción en el país del sol naciente, al estilo de las pelis de la Cannon tan populares en la época, con tortazos, yakuza, ninjas y todo lo habitual en un thriller de artes marciales. Lobezno sigue los pasos de su aventura en solitario Honor (Chris Claremont & Frank Miller), incluida en un volumen anterior, pero esta vez tutelando a la joven Pryde. Kitty se mete en un lío casi por accidente, y acaba convirtiéndose en Gatasombra. Maduración exprés y corte de pelo radical que lo ejemplifique, como es habitual en la parroquia. En cualquier caso, Claremont acierta con la progresión de Kitty y Al Milgrom cumple con las imprescindibles escenas de acción. Una historia mutante cuidadosamente incrustada en continuidad de las que no se olvidan.

El tomo cierra con el #192 USA, que contiene una elipsis de varios meses dentro de la cronología interna de los X-Men en la que supuestamente transcurren las historias posteriores incluidas: The Uncanny X-Men Annual #8 y Marvel Fanfare #40 USA. El primero es una aventurilla suelta, a modo de cuento, con influencia del pulp a lo Flash Gordon o, sobre todo, John Carter. El segundo añade más leña a los ardores fetichistas del lector juvenil de la época. Después un montón de extras y artículos de auténtico lujo, y alguna historieta suelta de unas pocas páginas para hacer las delicias de completistas.

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En definitiva, otra pieza de coleccionista para los verdaderos creyentes en Chris Claremont; más desatado que nunca en este caso. El trabajo de Romita Jr. es muy correcto, pero lo cierto es que las historias que aquí se reúnen no acaban de conectar del todo con su imaginación desbordada y con su capacidad para la espectacularidad en las secuencias de acción. Más adelante, quizá. La edición de Panini, como siempre en esta colección, una pura delicia. Completamente imprescindible para los amantes de la Patrulla X entre los que me incluyo.

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Precio: EUR 42,70
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Marvel Gold. La Imposible Patrulla-X. 5
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Mario

He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves Skrull más allá de Apokolips. He visto al Doctor Manhattan brillar en la oscuridad cerca de la Zona Azul de la Luna. Todos esos momentos, guerra química y podcast.

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