John Jameson como el Hombre Lobo. El Castigador. El Chacal. El Spidermóvil. Harry Osborn como Duende Verde. Tarántula. La relación entre Peter y MJ.... Marvel Gold. El Asombroso Spiderman 7: La Saga del Clon

John Jameson como el Hombre Lobo. El Castigador. El Chacal. El Spidermóvil. Harry Osborn como Duende Verde. Tarántula. La relación entre Peter y MJ. El clon de Gwen Stacy. Ben Reilly, el clon de Peter Parker.

¿Qué tienen en común todos estos personajes y situaciones? Todos ellos aparecieron por primera vez en las páginas de este tomo, uno de los más inspirados de los Omnigolds dedicados hasta el momento a Spiderman.

clon

Gerry Conway fue un talento precoz. Firmó su primer guión publicado, una historia corta en el número 81 de House of Secrets, a los dieciséis años. A la edad en la que un adolescente español medio termina la ESO, vamos. Entró como guionista de Spiderman a la tierna edad de 19 años. Sorprende, la verdad, que un chaval tan joven pudiera poner patas arriba la franquicia arácnida en tan sólo tres años. En menos de un año mató a Gwen Stacy, la novia definitiva, y a Norman Osborn, el enemigo definitivo. Convirtió al astronauta John Jameson, un héroe, en un monstruo (detalle curioso: los hombres lobo estaban prohibidos por el Comics Code Authority desde 1954, pero fueron permitidos de nuevo en 1971 en base a la tradición literaria del concepto), creó al primer gran antihéroe de Marvel, convirtió en un villano al gran amigo de Peter… Aún siendo totalmente respetuoso con el espíritu de la serie, nada se podía dar por sentado con Conway al timón. Si algún pero hay que dedicarle a estos números, es quizás la falta de experiencia vital del guionista que se percibe en unas reacciones de los personajes un tanto irreales. En el primer número, ambientado nueve días después de la muerte de Gwen, en uno de los monólogos de Peter mientras se balancea por la ciudad podemos leer «Siento mucho que ocurriera, Gwendy. Pero ya ha pasado. Tengo que seguir viviendo, o eso me dicen». Nueve días. Tío, el cadáver de tu prometida aún está caliente, ¿y tú hablas de pasar página?

En esta etapa, Spideman va abandonando el ambiente ligero que tenía, casi de sitcom adolescente de instituto, para ir progresivamente volviéndose más oscura. El ambiente urbano sucio, de guerras de bandas y de justicieros asesinos, se va adueñando de la serie. De hecho, se suele decir que la Silver Age, esa era camp e imaginativa del cómic superheroico, inciada con la primera aparición del Detective Marciano, termina con la muerte de Gwen Stacy. Por supuesto, tanto su inicio como su final son procesos más largos, aunque sí que podríamos marcar ese momento como el fin de la inocencia. Cierto es que desde dos años antes ya se empezaba a detectar esta metamorfosis en las historias superheroicas, con dos momentos a reseñar en 1971: La Trilogía de las Drogas (Amazing Spider-Man 96 a 98, con los problemas de drogas de Harry Osborn) y Snowbirds Don’t Fly (Green Lantern/Green Arrow 85-86, con la revelación de que Roy Harper es un yonki) empiezan a retratar los problemas de la juventud del mundo real de principios de los 70, rechazando voluntariamente el sello del Comics Code Authority para poder tratarlos. La inocencia había muerto en los comics al igual que había ocurrido en la sociedad americana. El sueño hippie había muerto en Altamont, había sido asesinado por Charles Manson, y ya no estaban los Beatles. En su lugar, quedaron las manifestaciones contra Vietnam, el Watergate y Black Sabbath.

Y llegó la Saga del Clon. El origen de una de las historias más controvertidas de los más de cincuenta años del personaje está en este tomo. Tal y como relata Conway en uno de los artículos aquí incluidos, el origen de esta historia fue un extraño cóctel de imagen pública y desafíos.

Parece ser que Stan Lee, acostumbrado a darse baños de gloria entre multitudes, empezó a recibir ataques (verbales, suponemos) por su papel en la muerte de Gwen. Y después de esconder la mano que había ayudado a tirar la piedra, decidió imponer editorialmente que había que traer de vuelta a Gwen Stacy. Tras muchas negociaciones, se llegó a una solución de compromiso:

1.- Había que traer de vuelta a Gwen.
2.- No se podía anular la historia original.
3.- Una vez hecho esto, se podía borrar de la serie permanentemente al personaje.

La historia es de sobra conocida por todos. El Chacal, alter ego de Miles Warren, profesor de biología de Peter y Gwen, clona a ambos. Por algún extraño motivo (¿memoria genética? ¿almacenamiento físico de los recuerdos?) los clones mantienen todos sus recuerdos hasta el momento de la extracción de las muestras de las que salieron. De esta forma, Warren descubre que Peter es Spiderman. Y como tenía un enfermizo enamoramiento (¡!) con su alumna, decide vengarse de Peter, poniéndolo a combatir contra su propio clon. Ambos creen que son el auténtico Peter, pero colaboran para derrotar al Chacal. Una bomba estalla, matando al villano y a uno de los Peter. El que queda se da cuenta de que él es el verdadero, y el clon de Gwen se va para empezar una nueva vida desde cero.

Hablemos claro: la Saga del Clon (original) es una historia que mola. Claramente setentera en su planteamiento, en su ritmo y en su estilo de dibujo, pero mola. Pero hoy en día dices «Saga del Clon» a un fan de Spiderman y, en el mejor de los casos, te mira con recelo. En el peor empieza a soltar espumarajos y no sabes si llamar al médico o al exorcista de guardia. El motivo es, por supuesto, el recuerdo de la Segunda Saga del Clon. La de los terribles Noventa. Esa que no son media docena de números como la original, que levanta una pila de casi treinta centímetros de tebeos. Esa (supuestamente) infame saga en la que resulta que el clon muerto no había muerto y no era un clon. Que el muerto era el Peter de verdad, pero que había sobrevivido y que, vagando por esos mundos de Dios, había adoptado el nombre de Ben Reilly. Y que el Peter que llevaba 20 años de protagonista de las múltiples series arácnidas, era el clon. A ver, entiendo que alguna ampolla levantara. Tampoco tantas, no fue ni de lejos lo peor de los 90. Pero de ahí a decir que «es que con esto los tebeos que he comprado los últimos 20 años no valen», como escuché a varias personas, hay un trecho. El gran problema de la Segunda Saga del Clon era, sin duda, su extensión. La historia tenía su aquél, y trajo conceptos y personajes que a mí me gustaron mucho. Ben Reilly y Kaine eran muy potentes. Noventeros, pero potentes. Y los números dibujados por John Romita Jr eran espectaculares. Aunque para compensar tenías a Tom Lyle o a Mike Manley, es cierto. Pero es una historia que se extendió durante dos años a lo largo de ciento y pico números, aunque, la verdad, no daba para tanto. En su día vendió muy bien, y por órdenes editoriales la historia se estiró como el chicle. Pero aún así, es una historia que tiene su punto. Y si Marvel la ha reeditado recientemente (en 10 TPBs, nada más y nada menos), quizás algún día Panini se anime.

Pero esa es otra historia que será reeditada (quizás) en otra ocasión. Lo que tenemos aquí es la primera Saga del Clon, y ninguna secuela más o menos desafortunada resta valor a la historia original. Una historia que cuenta con, que a mí me consten, seis ediciones en castellano: Spiderman vol. 2 de Vértice números 7 al 10, Selecciones Marvel nº7, Biblioteca Marvel: Spiderman nº25, Spiderman de John Romita 59 al 61, Spiderman: Los imprescindibles nº7 y ahora este Omnigold. Es una historia que, más de cuarenta años después de haber visto la luz, sigue siendo reeditada periódicamente.

Se despide Conway de la serie diciendo «Claro que, como hablamos de cómics, donde nadie permanece muerto o desaparecido para siempre -excepto Gwen Stacy-, al final acabé volviendo». Y esperemos que así sea. Aunque a tenor de los últimos teasers lanzados por Marvel bajo el título Dead No More, puede que ni siquiera eso esté a salvo. Esperemos que sea que, una vez más, el Chacal se aburría y quería disponer de Gwen de nuevo. O igual es que vuelve Ben Reilly, oye. Ojalá.

dead no more

 

Tengo que decir que, sin duda alguna, la primera etapa de Gerry Conway en Amazing Spider-Man es una de mis preferidas de la Marvel clásica. Imprescindible para todos los fans del personaje y de la Marvel de los primeros tiempos, pero ya despojada del sabor camp sesentero de Stan Lee. Si eres este tipo de lector, necesitas hacerte con esta etapa completa recopilada en este tomo y el anterior, La muerte de Gwen Stacy.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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