Corría 1987 y todos sabemos lo que Dark Knight Returns y Watchmen le habían hecho al cómic. DK respondía a esa idea del héroe individualista... Marshal Law, de Pat Mills y Kevin O’Neill

Corría 1987 y todos sabemos lo que Dark Knight Returns y Watchmen le habían hecho al cómic. DK respondía a esa idea del héroe individualista de Frank Miller, de métodos cuestionables y fuerte matiz político. No olvidemos que aún no había acabado la Guerra Fría. Reagan y Tatcher habían traído una nueva ola de ultraconservadurismo al bloque occidental. Por otro lado, Watchmen nos había mostrado (entre otras cosas) que tal vez un tipo que se enfunda unas mallas y sale por ahí a pegar a delincuentes no es el epítome de la estabilidad mental. Y entonces llega Marshal Law.

Marshal Law, de Pat Mills y Kevin O’Neill

Marshal Law recoge estas ideas y les añade paladas de odio. Tal como dice en el epílogo de la edición de ECC, para Pat Mills, su guionista, lo que la cultura occidental llama héroes es su forma de vendernos valores ultraconservadores, es la forma en la que el establishment nos cuela a políticos, financieros, altos empresarios, famosos de consumo y demás fauna como socialmente atractivos e incluso aspiracionales. Con todo esto y un montón de bilis, toma a los superhéroes como el símbolo que se va a llevar todas las hostias y lo lleva a su terreno. Si en Watchmen los superhéroes eran inestables, en Marshal Law son directamente aberraciones. Si en DK se movían a posturas violentas y tendentes a un cierto totalitarismo, aquí directamente imponen su desquiciada ley con toda violencia a su alcance.

Como decíamos, Pat Mills lleva todas estas ideas a su terreno. Estamos ante un guionista curtido en 2000AD, en series como Juez Dredd o ABC Warriors, así que la distopía futurista es como su segunda casa. Marshal Law discurre en la ciudad de San Futuro, que viene a ser lo que queda de San Francisco después de un terremoto de escala épica. En San Futuro campan a sus anchas los metahumanos con pijamas de colores. Muchos de ellos son resultado de experimentos científicos para crear soldados mejorados en una absurda y eterna guerra con Sudamérica. Ahora muchos de ellos campan a sus anchas por la ciudad en bandas, pero quizá los peores son los famosos, los ídolos de millones que esconden individuos de la peor calaña. Para pararles los pies a todos tenemos a Marshal Law, un veterano de la guerra vestido de cuero, alambre de espino y gorra sospechosamente parecida a la de las SS. Marshal Law forma parte de una especie de policía privada, cada vez más habitual, de métodos expeditivos y ultraviolentos.

Marshal Law, de Pat Mills y Kevin O’Neill

Con todo esto, este tomo de Marshal Law empieza con la premisa de un metahumano que está asesinando a mujeres ataviadas como una de las superheroínas más populares del momento. Con esta excusa, Pat Mills nos dejará una crítica absolutamente destructiva de los superhéroes, que empieza como un vehículo para hablar de la sociedad de consumo y los valores ultraconservadores, pero poco a poco se va diluyendo en toneladas de bilis y lo que era un vehículo, se va convirtiendo en el objetivo único de una sátira con mucha más rabia que risa. A menudo se habla de Marshal Law como un precedente directo de The Boys de Garth Ennis, pero donde el norirlandés desborda el humor zafio de una noche de cervezas, Mills derrocha odio, cinismo y amargura.

Para ello se acompaña de Kevin O’Neill, su viejo compinche en Nemesis the Warlock, un dibujante de estilo deliberadamente grotesco y recargado, que no duda en caer en lo explícito y que de hecho fue vetado por el Comics Code. La violencia es más violenta, la sexualizacion más chabacana, los superhéroes más cafres y dementes, las calles más abigarradas, sucias y caóticas. Juntos dotan a Marshal Law de ese carácter descarnado, desenfrenado y desagradable que es seña de identidad de este tebeo y el mejor vehículo para su festival de inquina, pero que también puede llegar a saturar si no se toma uno algún descanso en la lectura de estas 480 páginas.

Marshal Law, de Pat Mills y Kevin O’Neill

Este integral de Marshal Law contiene la serie original, aparecida en el sello Epic de Marvel y varios especiales posteriores publicados en Apocalypse o Dark Horse. A falta tan solo de algunos crossovers como los que tuvo con Pinhead, Savage Dragon o La Máscara y un par de novelas en prosa, este tomo de ECC sí podría considerarse un Integral con todas las letras. Más allá de la primera miniserie, Marshall Law va perdiendo su trasfondo inicial para una burla cada vez más literal y humillante contra los superhéroes. El universo Marvel en Marshall Law Takes Manhattan, Batman en El reino de los ciegos, la JLA en Odiosos muertos, la JSA en Superbabilonia o la Legión y los héroes noventeros en Tribunal Secreto ya no son un medio sino un fin. La sátira que antes denunciaba a través de los superhéroes ahora humilla directamente a los superhéroes sin un telón de fondo concreto. No deja de tener su gracia esta descarga de bilis, pero se antoja un tanto desnortada y menos interesante que sus principios.

Marshal Law fue un tebeo absolutamente revolucionario en su momento no apto para puristas de los superhéroes. Nos lleva a un mundo donde los superhéroes son psicópatas sin remedio que rondan entre lo ridículo y lo abominable, sin miedo de entrar en el barro de lo grosero y lo chabacano. Un mundo donde es peor que te llamen superhéroe que fascista.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

  • XAVI

    5 enero 2021 #1 Author

    Muy interesante el artículo. Ya había oído hablar de Marshal Law en «Diccionario de Superhéroes. Biblioteca Dr. Vértigo» y si cabe con esta reseña me lo parece.

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