Cada cual ha vivido el inicio de la pandemia del Covid-19 como ha podido. Unos currando, en primera línea de guerra; otros trabajando sin... Manifiestamente anormal

Cada cual ha vivido el inicio de la pandemia del Covid-19 como ha podido. Unos currando, en primera línea de guerra; otros trabajando sin exponerse tanto, ya sea de manera presencial o a distancia; y una gran mayoría la ha vivido desde un confinamiento que, en un principio parecía algo así como unas vacaciones impuestas, pero que luego, bien sea por motivos económicos o de inestabilidad laboral, o simplemente por los efectos del encierro obligatorio resultó que no era tan atractivo como en un principio uno pudiera pensar. Y tampoco lo hemos vivido todos de igual modo: algunos se lo han pasado bomba en sus balcones o descubriendo el maravilloso mundo de la panadería en casa, y otros lo hemos vivido bastante más estresados, por causas del encierro… o por el sinsentido que hemos tenido delante en más de una ocasión. Max, un autor que nunca ha presumido por morderse la lengua, se apunta a los de la poca paciencia con respecto a aplausos, desabastecimiento de papel higiénico y una gestión en algún caso discutible. Manifiestamente anormal es una patada en el suelo, un pataleo, un grito de desahogo para intentar expulsar demonios acumulados tras tantos días de confinamiento.


La obra no se anda con miramientos formales, ni presentaciones de la situación. No, aquí el lector sabe de sobra cuál es el punto de inicio, y no es necesario ni siquiera hablar del puñetero virus para saber por qué está tan quemado el autor. A partir de la tercera semana de confinamiento, Max se hartó de tanto buenismo, de tanto discurso de unión y amor mundial, y explotó. En lugar de dar la turra en redes sociales, o lecciones de superioridad moral, optó por lo que mejor sabe hacer: 36 páginas de pura rabia, protagonizados por un alter ego ácido como un limón que dice lo que piensa, sin reparar a quién pueda molestar ni quién pueda darse por aludido. Y habla de todo, desde el famoso papel higiénico que tanto dio que hablar en un principio, pasando por la impunidad de los bancos, los terraplanistas o la situación de los ancianos en ciertas residencias durante la pandemia.

El autor de Bardín o Peter Pank, plantea las páginas con pocas viñetas, con un dibujo prácticamente presencial, en el que utiliza a ese protagonista como altavoz, hasta el punto de que se va cabreando cada vez, más, acumulando cosas que no entiende, hasta llegar a un punto en el que se rinde ante la situación, reconoce que ha llegado hasta su tope y que debe volver a su terreno habitual de sátira y a reírse de «los de siempre». La obra está realizada con ese trazo simple, en blanco y negro con toques de amarillo exclusivamente para el limón protagonista y, llegado el momento, para los fondos de página.


En definitiva, un grito al aire, un bofetón al vacío y un cúmulo de mala leche que tenía que salir por algún sitio, y que en esta ocasión ha salido de una manera muy disfrutable para el lector. Lectura rápida, que da para reflexionar, para cabrearte junto al autor, para estar en desacuerdo con él, pero que en definitiva tiene el efecto que pretende el autor: no dejar indiferente con su lectura.

Lo mejor: Es una obra completamente diferente, y una manera de vehicular la rabia y frustración por la que, en mayor o menor medida, todos hemos pasado.

Lo peor: Si estás tan harto como Max del tema Covid, probablemente te interese poco ver a otra persona tan cabreada como tú. XD

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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