Reparo en que hasta ahora habíamos tenido la desfachatez de no reseñar ni un solo volumen de esa genialidad titulada Los buenos veranos, que... Los buenos veranos 5. La fuga

Reparo en que hasta ahora habíamos tenido la desfachatez de no reseñar ni un solo volumen de esa genialidad titulada Los buenos veranos, que desde 2015 (un año después en España) tienen a bien regalarnos cada cierto tiempo Zidrou y Jordi Lafebre.

Los buenos veranos 5. La fuga

Y es que, como hemos demostrado más de una vez, en esta web somos grandes aficionados a Zidrou y su habilidad para tocar la fibra sensible sin edulcorantes artificiales ni porno emocional barato. Y sin embargo, por mucha y variada que sea la producción de Zidrou, no se me ocurre ninguna serie donde lo que hace esté tan bien hecho. Bien sea por el reflejo vivencial que en mayor o menor medida cada lector ve en la familia Faldérault, bien sea por la extraordinaria química entre Zidrou y Lafebre, no se me ocurre hoy por hoy una serie europea que disfrute más que Los buenos veranos.

Los buenos veranos nos trae las diversas vivencias de la familia Faldérault, pero como su propio título indica, centradas en las salidas vacacionales veraniegas. No se le podía ocurrir mejor recurso a Zidrou para traernos la esencia de esta familia y es que meter a dos adultos y cuatro niños en viejo R4 es sin duda un atracón de vida familiar concentrada. Además la elección de momentos sueltos permite hasta cierto punto contar mucho más con menos, ya que no es necesario ceñirse a las restricciones del orden cronológico. Así comenzamos en el verano de 1973, saltamos al del 69 para en el tercer tomo aterrizar en el 92 (y 30 años antes en un flashback-cabriola). En el tomo anterior nos pondríamos en 1980 y sólo tenemos que retroceder un año para llegar a Los buenos veranos 5. La fuga o ni siquiera eso, porque Zidrou y Lafebre nos hacen una pequeña trampa y esta vez nos llevan al invierno de 1979.

Los buenos veranos 5. La fuga

Todo quedará convenientemente explicado, pero es que en esta ocasión la salida veraniega tendrá lugar de manera un tanto abrupta en los días inmediatamente previos a Nochebuena. La vida se interpone y esta vez Julie, la hija mayor, tiene que estudiar para sus exámenes de derecho; Louis tiene entradas para un concierto de Pink Floyd en Londres; Madeleine, la madre de familia, tiene que estar la zapatería en la que trabaja y odia y Pierre, pater familias y dibujante de BD, recibe un encargo al que no debería poder negarse. Tendréis que leer Los buenos veranos 5. La fuga para saber en qué acaba todo, pero creedme que no lo lamentaréis.

Y es que asuntos de lo más banal como los que acabamos de enumerar tienen un interés especial en manos de Zidrou, Lafebre y esta familia belga. Los grandes autores son capaces de conseguir que lo que sucede a los protagonistas nos interese porque son los propios personajes muy por encima de los eventos los que nos suscitan el interés. Pero es que este apego se convierte en el caso de Los buenos veranos en verdadero cariño por los miembros de la familia Faldérault. Siempre habrá algún detalle que nos recuerde a nuestras propias familias, al menos a la parte más entrañable de ellas, pero más allá de la trampa de la nostalgia, el uso del humor y el tono optimista incluso en los momentos de drama te pone una sonrisa en la cara desde la primera página y dura hasta un rato después de terminar el álbum.

Los buenos veranos 5. La fuga

Pero basta de flores a Zidrou porque ni todas sus armas serían capaces de derribar las curtidas corazas de nuestros corazoncitos si no fuera por la artillería pesada de Jordi Lafebre. Este dibujante catalán es uno de esos artistas tan buenos que cuesta caer en que los son. Sin grandes exhibiciones, su habilidad para la caricatura y el acting de los personajes y su capacidad para crear atmósfera (ayudado por el color, que corre a medias con Mado Peña) son capaces de colarnos toneladas de emoción por debajo de la guardia y sin que parezca siquiera haber lanzado un golpe. Sin dramatismos baratos, sus personajes se mueven con viveza y se ganan nuestro afecto en un solo vistazo.

Y de regalo en Los buenos veranos 5. La fuga tenemos un relato extra escrito de mano de Paullete, la pequeña de la familia donde este par de embaucadores que firman el álbum son capaces de hacernos sentir ternura… ¡por un coche!

Tal vez para estos días un poco más difíciles de la cuenta leer Los buenos veranos es uno de los mejores modos de dibujarnos una sonrisa.

Compartir:

Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

No hay ningún comentario todavía.

Anímate a ser el primero en comentar.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com