De unos años a esta parte parece que la única garantía que hay de tener una etapa razonablemente larga y estable en una serie... Loki: El dios que cayó a la Tierra

De unos años a esta parte parece que la única garantía que hay de tener una etapa razonablemente larga y estable en una serie de Marvel es que sea un personaje de las primeras espadas. La falta de apoyo, tanto editorial como de público, hace que acaben siendo canceladas series de una calidad muy por encima de la media como el Estela Plateada de Dan Slott y Mike Allred -posiblemente, lo mejor que ha publicado Marvel en lo que llevamos de siglo- o los Ultimates de Al Ewing. Pero a veces incluso cancelan series que, para no ser de primera fila, no van mal de ventas, como ha sido el caso con la más reciente serie regular de Loki. Algún día entenderemos la política editorial que tiene la Casa de las Ideas. O no. Probablemente no.

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Esta tercera serie con la cabecera Loki arranca justo después de los sucesos de La Guerra de los Reinos. Tras su momento de gloria salvando a Freya en la traca final de la etapa de Jason Aaron, Loki vuelve a ser considerado algo parecido a un héroe. De hecho, es nombrado Rey de Jotunheim tras renacer del cadáver de su propio padre. El problema es que, por mucha nobleza que hubiera en su sacrificio y muy importante que fuera su papel en la resolución de la Guerra, todo el mundo tiene clara cuál es la naturaleza de Loki: el Dios del engaño y las mentiras. ¿Ha cambiado de verdad esta vez? En caso afirmativo, ¿cuánto durará esta vez su permanencia al lado de los héroes? Pero es que además hay otro problema: la estabilidad del gobernante, el ser el ocupante del trono de Jotunheim, le resulta aburrido a Loki. Necesita, si no ser el adversario de su hermano y los Vengadores, al menos poder correr aventuras en las que dar rienda suelta al liante que lleva dentro.

Y ese es el planteamiento de esta serie: su doble ocupación como soberano del Reino de los gigantes de hielo y como aspirante a héroe es (aspiraba a ser, al menos) el eje de las historias que iríamos viendo. Se nos presenta un nuevo elenco de personajes secundarios que podrían haber dado bastante juego, como el muñeco de nieve que ejercería de gobernante de Jotunheim en ausencia de su legítimo Rey, o Drrf, el gigante de hielo enano. Y, a la vez, veremos cómo se las gasta Loki intentando hacer el bien. Un personaje tan ladino y manipulador como Loki no va a ir cargando de frente como su hermano. Nos recuerda más a una versión asgardiana del John Constantine de la competencia que al villano que estuvo detrás de la fundación de los Vengadores. Incluso tenemos un momento meta que nos recuerda en cierto modo al paso del personaje por la imprescindible Jóvenes Vengadores de Kieron Gillen y Jamie McKelvie.

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Y todas estas buenas ideas que nos presenta aquí el guionista Daniel Kibblesmith se quedarán en… nada. La serie fue cancelada por motivos desconocidos en su quinto número aún habiendo arrancado en unos cómodos más de cincuenta mil ejemplares. Y aunque el primer arco argumental -recogido por completo en este volumen- queda cerrado, aún hay subtramas que podían haber dado más de sí. Si se debe a que el nuevo encargado de la franquicia asgardiana, Donny Cates, tiene planes para el personaje o a cualquier otro motivo es algo que el común de los lectores no alcanzará a saber. Nos quedamos con un tomo que nos ha dejado buenas sensaciones pero un sabor de boca un tanto amargo y que funciona como un más que correcto epílogo a la Guerra de los Reinos.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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