Lobo vuela a Buenos Aires para bailar un último tango con Perfidia. A continuación, pierde literalmente la cabeza en un duelo a muerte. Además,... Lobo. La gran pelea

Lobo vuela a Buenos Aires para bailar un último tango con Perfidia. A continuación, pierde literalmente la cabeza en un duelo a muerte. Además, asiste al crepúsculo de los dioses en Apokolips, viaja por el cuerpo de un alienígena, ocupa una celda en un penal de máxima seguridad, se enfrenta a una patrulla policial en la autopista y recibe un encargo muy especial: asesinar a todos los superhéroes de la tierra.

Hay cómics y personajes a los que yo llamo «para desengrasar». Entre tanta macrosaga de dimensiones cósmicas, en las que el futuro del universo está (una vez más) en juego, o el protagonista emprende una carrera contrarreloj para salvar a su pareja / sidekick / ciudad del villano de turno, siempre viene bien un cómic que pretenda únicamente divertir de la manera más escandalosa posible. Cómics, a ser posible, fuera de la continuidad del resto de su universo superheroico, y donde los autores puedan explorar todas las facetas humorísticas de sus personajes. Cómics que el lector pueda leer con el único fin de echarse unas risas y descansar un poco de tanta seriedad y gravedad. Es el caso de Hulka (la de Byrne o la de Slott), Chica Ardilla, Harley Quinn, Masacre o el caso que nos ocupa: Lobo (que en idioma khundiano significa «aquel que devora tus entrañas y disfruta haciéndolo).

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Puesto que soy un fiel seguidor de la Doctrina Marlo, me ahorraré hacer aquí una disertación sobre el origen del personaje, y me permitiréis que entre directamente en harina. No importa aquí de dónde viene el personaje. No importan sus orígenes. Lo único que hay que saber es que es superfuerte, prácticamente invulnerable, y completamente amoral. El cazarrecompensas más pendenciero y macarra del universo anda suelto, y en este tomo tenemos unos cuantos buenos ejemplos de por qué Lobo es el antihéroe favorito del Universo DC (y que me perdone Harley Quinn).

El guionista Alan Grant (Juez Dredd, Batman, El Monstruo), conocido por no andarse con cortapisas a la hora de escribir guiones hiperviolentos, da rienda suelta a sus impulsos más salvajes poniendo a Lobo en toda una suerte de situaciones a cual más inverosímil y desquiciada (recuperando a un amor perdido en Buenos Aires, disfrazándose de camarero en un restaurante o introduciéndose miniaturizado en el cuerpo de un alienígena, en un desternillante homenaje a Viaje alucinante). Tenemos, pues, a Lobo mostrando la más mínima de las preocupaciones ante los daños a la propiedad (ajena, por supuesto), siendo groseramente machista o despreciando por completo la vida, humana o extraterrestre, lo mismo da.

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En este viaje le ayudan dibujantes como el argentino Ariel Olivetti, que ilustra El último tango en Buenos Aires, donde retrata muchos de los estereotipos de su país natal en un estilo muy distinto al pictórico al que actualmente nos tiene acostumbrados. Le releva Hermann Mejia en Viaje jodetástico (Fragtastic voyage, en el original), con ilustraciones a color realmente maravillosas, y posteriormente tenemos a Carl Critchlow, que ocupa el grueso de las páginas en este tomo, con un estilo que mezcla a partes iguales el humor con las vísceras. Por último, destacar la presencia del español Rafael Garrés, a quien yo sólo conocía de su Hombres y Bestias (Glénat, 1995), y que le convirtió en una elección perfecta para el par de números suyos incluidos en este volumen, por su estilo sangriento e hiperdetallado.

Repito lo que dije al principio: Lobo es un cómic para echar unas buenas carcajadas con sus altas dosis de macarrada y ultraviolencia. Con algunos cameos de otros personajes del Universo DC (a los que Lobo imparte estopa de la buena), sus aventuras espaciales acompañado de su fiel moto y de su cadena con gancho hacen de este cómic la mejor opción para desconectar de los superhéroes al uso, estomagantes de moralidad y de hacer lo correcto (encarnados aquí en el arquetípico superhéroe Estrella Dorada, sin más poder aparente que el de infundir buen rollito, paz y amor).

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Tras Lobo: La heredera, ECC Ediciones sigue recuperando las aventuras del personaje más gamberro de DC Comics escritas por Alan Grant. Este volumen contiene los números 42 a 51 de la serie original, y los especiales Chained y Fragtastic Voyage. Un tomo sensacional, lleno de violencia descerebrada y diversión a raudales. Si queréis escandalizar a vuestros amigos regalando este cómic a sus hijos pequeños, quedaréis jodetásticamente bien.

Apunte: la expresión «frag» que acompaña a Lobo en sus frases e incluso en sus onomatopeyas fue traducida por «rajado» en las ediciones de Zinco y NORMA. Cuando Planeta empezó a publicar DC, lo tradujo por «puto», en un audaz movimiento que le granjeó no pocas críticas. Ahora ECC emplea «jode» en las frases y onomatopeyas. Estaría bien un poco de coherencia entre editoriales y traductores, o algo más de inventiva.

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Jesús Tomás Dado

Jesús Tomás Dado

Lector de tebeos desde hace 40 años, antes de que se llamaran novelas gráficas. Totalmente enganchado a la lectura, el cine y y los dónuts de Lacasitos, pero vamos, que puedo dejarlo cuando quiera. Los dónuts no, lo otro.

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