Saludos, mis queridos lectores. Bua, estoy reventado. Esto de pasarse el fin de semana salvando de Las brujas a todos los niños del mundo... Las brujas, de Roald Dahl. Adaptación de Pénélope Bagieu.

Saludos, mis queridos lectores. Bua, estoy reventado. Esto de pasarse el fin de semana salvando de Las brujas a todos los niños del mundo ya no es para mí. Me hago viejo para esta mierda, que decía aquel

Se cuenta una historia (posiblemente falsa) sobre cómo de encantada quedó la Reina Victoria con aquel libro sobre Alicia y un país maravilloso…Y pidió el siguiente libro del autor. ¿Cual no fue su desconcierto cuando le dieron un ejemplar de Un Tratado Elemental sobre Determinantes, con Aplicaciones a Ecuaciones Lineales Simultáneas y Geometría Algebraica. Cosas que pasan :-).

¿Y esto a que viene? Bueno, dejando aparte que aquí cobramos por palabra y no por reseña, me ha pasado algo similar con la adaptación del libro de Roald Dahl que ha realizado Pénélope Bagieu.

Dahl es un escritor que en España es considerado para niños. Culpa de la popularidad de Charlie y la fábrica de chocolate, seguramente. Lo que es una lástima, pues algunos de sus cuentos para adultos son una maravilla.

Pero me disperso, mis queridos y amables lectores. A lo que íbamos. Le eché la zarpa a este libro basándome en el vago recuerdo de que me había gustado la película.

Y lo que me he encontrado es una adaptación fiel de la obra original. Tan fiel que mantiene incluso su tono no infantil.

Las brujas es una obra cubierta desde el principio por un manto de tristeza. En las primeras viñetas descubriremos a un niño huérfano cuidado por una abuela a la que sospechamos moribunda.

Habrá aventuras, misterios, huidas, luchas, magia (ey, salen brujas en el título) y muchas más cosas; pero nunca perderemos ese tono triste que acompaña a la obra hasta el final.

¿Y eso es bueno o es malo? Pues depende.

Si quieres una buena adaptación, eso es bueno.

Si quieres un libro para dejarte a tus hijos y que lean solos un rato, quizás no sea el más adecuado. Aunque se nos recomiende el libro para lectores a partir de 9 años, pienso que esa lectura debería ser acompañada por un adulto.

En el aspecto gráfico tenemos una obra poco realista y que parece mezclar diferentes estilos. Esa abuela que parece una caricatura de una abuela genérica contrasta con el aire actual y moderno de los niños. Niña y niño.

Y en esta obra salen (no os diré la razón) ratones. O ratitas. Y son adorables y muy expresivas. Te enamoras de ellas.

Tendremos viñetas grandes y fáciles de leer por un público joven o poco habituado a los tebeos. Con unos colores pálidos y suaves que permiten, a veces, crear contraste con tonos más fuertes en algunos personajes. Un efecto discreto pero efectivo para distinguir a unos grupos de personajes de otros.

Sobre la edición, podríamos hablar del papel mate, sin brilo. Procedente de fuentes responsables. Quizás algo delicado para las manos sudorosas y enérgicas de los jóvenes lectores pero muy agradable de leer.

La traducción del brujeril (o del francés) al español ha sido obra de Mariola Cortés.

¿Por qué leer Las brujas?

Una historia de aventuras, amistad y lucha contra brujas. Con la adecuada explicación, un modo de enseñar a los jóvenes lectores sobre la muerte y la pérdida de familiares.

¿Por qué no leer Las brujas?

Una historia con tonos tristes, más allá de la fantasia y la amistad de los protagonistas.

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Lamastelle

Lamastelle

Aprendió a leer para viajar con el Capitán Trueno. Ha navegado por los mares del tebeo europeo, americano y japonés. Ha visitado la Luna y guiado un velero por los canales de Marte. Pilotó a Mazinguer Z. Defendió la Tierra de mil invasiones. Ha comandado naves entre mundos. Ahora, en su villa situada en una isla sin nombre, disfruta de su biblioteca y reseña para ELHDLT.

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