En este momento de escribir esta reseña, el Capitán América acaba de erizar el vello y arrancar las lágrimas de emoción de medio mundo... Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad

En este momento de escribir esta reseña, el Capitán América acaba de erizar el vello y arrancar las lágrimas de emoción de medio mundo en Vengadores: Endgame. No habría sido posible tal estado de éxtasis colectivo si no hubiera sido por el camino iniciado por Capitán América: El primer vengador en 2011 y tampoco lo habría sido de no ser porque 20 años antes Fabian Nicieza y Kevin Maguire nos dieron este Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad, que toma como base.

Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad

Es muy curioso que, después de haber sido contado por titanes como Jack kirby o John Byrne, el origen definitivo del capi recayera sobre Fabian Nicieza, un guionista a menudo vilipendiado por su trabajo en X-Force o sustituyendo a Claremont en X-Men. Supongo que por las cosas de la nostalgia, recientemente se empiezan a oír voces reivindicando la figura de este guionista de origen argentino. Se habla hoy día de sus trabajos en New Warriors o Thunderbolts para reclamarlo en el lugar que se merece, pero tal vez el mayor talento de Nicieza surgía de saber cómo convertir las demandas de un dibujante hot en un tebeo con una historia solvente y unos personajes memorables. Fue él quien supo dar unos cimientos a aquellos conceptos locos surgidos de la inquieta y caprichosa mente de Rob Liefeld y convertirlos en iconos de la talla de Cable o Masacre.

Como dice Julián Clemente en el artículo introductorio de Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad, Nicieza tenía otra idea para hacer con el capi, pero de nuevo las demandas de un dibujante estrella pesaron más. En 1991 Kevin Maguire era un peso pesado, encumbrado por su etapa en la JLI con Keith Giffen y J.M. DeMatteis, en una época donde los dibujantes mandaban. Pese al excelente trabajo de Maguire en este tomo, abandonó el barco antes de concluirlo y, de nuevo Nicieza, sin ruido y con oficio, tomó las ideas de un dibujante inconstante y las convirtió en el que casi 30 años después es el origen definitivo del Capitán América.

Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad

Asistimos al Proyecto Renacimiento, un experimento del gobierno de los Estados unidos en los albores de la Segunda Guerra Mundial. Un enclenque chaval del Lower East Side de Manhattan llamado Steve Rogers será uno de los cuatro candidatos entrenados para someterse al tratamiento secreto del Dr. Abraham Erskine, del que terminaría saliendo la leyenda viviente conocida como el Capitán América. Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad es una suerte de año uno y se centra en el entrenamiento, el aprendizaje y los primeros encuentros con amigos y enemigos como Bucky Barnes, Cráneo Rojo, el Coronel James “Águila Americana” Fletcher o la Teniente Cindy Glass, que inspirará la cinematográfica Peggy Carter. Tan sólo tenemos una “misión” como Capitán América, pero asistiremos a la construcción del icono (como herramienta publicitaria) y más tarde del héroe en el que se convertirá, aún inexperto y dubitativo, pero forjado con el fuego con el que brillará el Centinela de la libertad que hoy conocemos.

Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad nació como un proyecto del 50º aniversario del personaje, es decir, que salió en 1991 y llegaría un año después en cuatro prestigios de la mano de Comics Forum. Desde entonces hasta la presente edición de Panini, nunca jamás se había reeditado este tebeo, que pese a tener casi 30 años, resiste con creces el paso del tiempo. Es cierto que cierto que encontramos ciertos tics de la época como bocadillos de pensamiento (a veces un tanto redundantes), pero ya en aquellos años 90 fue concebido con un cierto aire retro que le ha sentado muy bien. El hecho de estar ubicado en los años 40, esos villanos nazis que hablan con muchas “k” y muchas “rr” o incluso el toque trasnochado de la damisela en apuros le aportan un toque envejecido que paradójicamente ayuda a que el tiempo le pase mucho mejor.

Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad

Puede ayudar también que el estilo de Kevin Maguire no resultó apenas afectado por los vicios de la época y su arte con el color manual de Paul Mounts luce tanto como lo hacía en el 91. Maguire no pierde su identidad y mil y una muecas pueblan sus páginas, pero de algún modo consigue no resultar excesivamente histriónico y encaja con el tono de la historia, más serio que al que nos tenía acostumbrados. Limpio, elegante y funcional o espectacular según se requiera, el único problema con Maguire es su ritmo de trabajo y hacia el final de serie necesita ser sustituido por unos Steve Carr y Kevin West que resuelven la papeleta, pero sin el brillo de Maguire

Cuando se piensa en los años noventa es posible que casi nadie piense en Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad, pero a las historias hechas con oficio, por poco que sea el ruido con el sean llevadas a cabo, el tiempo termina dándoles la razón.

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100% HC. Las aventuras del Capitán América, Centinela de la Libertad
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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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