Ahora que llega esta época anual de salones hasta en la sopa, recuerdo la primera vez que tuve noticia de que existía en España...

Ahora que llega esta época anual de salones hasta en la sopa, recuerdo la primera vez que tuve noticia de que existía en España esa cosa llamada Salón del Cómic. Corría el año 1985 y leí en algún sitio en un tebeo de Forum que Chris Claremont venía a España. En mi tierna mente de siete añitos, aquello resultaba tan grande como un viejo dios precristiano bajando a la tierra. Aún no había tenido mucho tiempo de conocer a fondo la obra de Claremont. Soy hijo de la generación Forum y la Patrulla-X apenas llevaba una decena de números publicados. Ni siquiera los había leído todos, pero lo que sí sabía es que si había alguien en el mundillo en la cresta de la ola de aquel momento ese era Claremont. Podeís ver algunas fotos de aquel magno evento de la mano de la completa galería que ofrece Ferrán Delgado.

Pero volviendo al tema, os podéis imaginar la brasa que le dí a mi padre para que me llevara, pero claro, ni pensarlo. Barcelona quedaba demasiado lejos de Bilbao para un niño de aquella edad. Desde entonces el Salón de Cómic (durante muchos años sólo hubo uno) era para mi ese sueño inalcanzable, esa especie de paraíso soñado por el que hubiera dado mi brazo derecho. Llegó entonces por fin 1997 y el momento de mis desvirgación salonera. Llegó el momento de saborear ese manjar agridulce, que te llena el paladar por experimentar todo ese mundo que sólo existía en sueños hasta aquel momento y te deja un pequeño amargor al comprobar que no existe el cielo en la tierra, en vista de las colas interminables y otros pequeños clásicos saloneros.

Todo esto viene a ser un preámbulo sobre una cosa que da vueltas en mi cabeza de vez en cuando. Cuando por fin llegó mi momento de pisar EL SALÓN DEL CÓMIC, aún lo era así, Expocomic llegaría más adelante ese mismo año y las Jornadas de Avilés llevaban un par de años, pero aún eran unas completas desconocidas. El resto de los mil y un salones que han ido surgiendo no eran entonces ni proyectos. El tema es que de vez en cuando me ronda la idea de que este tipo de eventos, pese al bombo y el platillo que se les da en las editoriales, prensa y webs (sobre todo webs), están perdiendo ese sentido mítico que para muchos como yo tuvieron un día. Hoy día casi no queda una provincia sin su propio Salón. Es a fin de cuentas beneficioso para el aficionado, que puede vivir todo este asunto sin grandes desplazamientos, pero da lugar a situaciones un tanto curiosas. Algunos amigos y yo somos ya casi habituales de los salones de Barcelona, Avilés y Getxo (este último pilla al ladito de casa). De vez en cuando incluso hemos pasado por Expocomic o Coruña. Pero hace apenas unos días comentaba con uno de estos amiguetes el cartel de invitados de Getxo y su respuesta fue algo así como “¿Michael Golden? Lo tengo más visto que el tebeo” al concluir los que recordaba de memoria llegaría a la siguiente conclusión: “Vamos, los de siempre”.

La verdad es que en parte no le faltaba razón a mi amigo, pero hace unos años habría dado mi brazo izquierdo por un dibujo de Michael Golden (el derecho lo tengo reservado desde hace años para aquel paraíso en la tierra que comentaba arriba) y ahora ya no parece lo mismo. ¿Estamos los aficionados demasiado insensibilizados para con este tipo de acontecimientos? ¿O acaso estamos superando las mitomanías? ¿Se convierten los salones únicamente en una excusa para ver a esos colegas con los que coincides tan sólo unas pocas veces al año? ¿Acaso EL SALÓN era un concepto tan mítico para mí sólo porque, como en las leyendas, sólo sabía de ellos por las historias que me llegaban?

La verdad es que ya no sé cuál es el motivo por el que voy a este tipo de eventos, pero el asunto es que, de una u otra forma, voy siempre que puedo. Me quedo con ganas de hablar de lo elitistas que son a menudo estas convenciones, pero tampoco viene muy a cuento y no os veo con ganas de tragaros otras tantas divagaciones. Lo guardaremos en la recámara.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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