Todo lo bueno tiene un final, y me temo que Injustice está a punto de terminar. Apenas un tomo nos falta para poder ver... Injustice: Gods among us. Año 5. Tomo 2 de 3

Todo lo bueno tiene un final, y me temo que Injustice está a punto de terminar. Apenas un tomo nos falta para poder ver cuáles fueron los hechos definitivos que darían inicio al modo historia del juego Injustice: Gods among us. La precuela, que ha desarrollado los cinco años previos a estos acontecimientos, ha vivido todo tipo de situaciones que le hacían variar de lo que ya conocíamos del Universo DC preexistente. Estamos, en esencia, ante un gigantesco what If o Elseworld, donde con sumo cuidado se han ido posicionando todas las piezas del tablero de ajedrez hasta que llegue el momento de efectuar el jaque mate final… ¿Quién ganará? Lo cierto es que poco importa, porque el camino a dicha resolución está siendo interesante y muy entretenido.

Esta distopía ha sido para muchos aficionados a los personajes de DC como un oasis en mitad del desierto, sobre todo en estos últimos tiempos, con Snyder haciendo y deshaciendo a su antojo y con Bendis cargándose toda la mitología de Superman. En sus inicios, ver una serie con una premisa rompedora pero con una ejecución tan clásica, fue todo un soplo de aire fresco y algo bastante de agradecer por parte del fandom. Hace ya bastante tiempo que Brian Buccellato llegó a la serie (que recordemos que inicialmente en Estados Unidos se publicaba de manera digital dos veces al mes) sustituyendo a Tom Taylor, y además de limpiar la casa para lo que está por llegar, ha devuelto a la serie a sus orígenes, a ese ambiente de guerra urbana a ras de suelo que tan bien le sentó al año uno de Injustice. Lejos queda la odisea cósmica de los Green Lanterns del año dos, los reinos de la magia del año tres o el conflicto con los dioses olímpicos de la mitología del año cuatro. Superman ha conquistado el mundo, el hombre de a pie le teme y ahí es donde está el conflicto.

Ante la inminencia del desenlace de la historia (tan solo resta un tomo) Buccellato se dedica a ir cerrando algunas tramas. El problema es que algunas lo hacen de forma atropellada, como la referente a Bizarro. La historia que venía desarrollando sutilmente en viñetas desperdigadas desde hace tiempo, queda relegada a una corta (pero espectacular) batalla a tres bandas entre Superman, su copia y Doomsday. Además, habrá un nuevo encuentro entre Batman y El hombre de acero que nuevamente acabará en tablas por la intervención de un héroe que todavía no tiene clara su lealtad… Total, los guionistas solo han tenido cuatro años para saber que hacer con él.

Pero volvamos a las calles, que es donde está la miga. El movimiento totalitario del régimen de Superman está en lo más alto y Buccellato sabe reflejar muy bien su grado de paraonia. Pese a ser el ser más poderoso de la Tierra, es tremendamente inseguro y ve amenazas en todas partes. El colmo se lo lleva un culto al Joker que clama por la libertad de expresión y reunión (este argumento entronca directamente con uno de los primeros capítulos del modo historia del juego), empujados por la supuesta seguridad que ha impuesto Superman. Al final, lo que ha conseguido es un movimiento de rebeldía, cuya consecuencia será mostrarnos la cara más salvaje del déspota hijo de Krypton. Como en toda guerra civil, la tensión entre Batman y Damian (padre e hijo) en bandos opuestos, también es otro de los alicientes de este volumen, así como las aportaciones de Alfred, que tendrá un cara a cara con Superman de los que demuestran que la pluma es más poderosa que la espada. De hecho, el bueno de Alfred tendrá un gran protagonismo en este volumen, con una conclusión lógica que el guionista prácticamente nos telegrafía desde la primera página, pero que no por ello impacta menos.

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Cierto es que se echa en falta la frescura que tenía originalmente la serie y que algunos argumentos ya están muy manidos debido a su repetición ¿En serio era necesario que Superman y Batman se volviesen a echar en cara sus argumentos una vez más? Por contra, sigue habiendo pequeñas perlas maravillosas en forma de escenas cortas o tramas pequeñas, como el episodio en el que Flash se une en el bar de los villanos a un homenaje por un par de Rogues caídos. Estas páginas me han recordado a los mejores tiempos de Geoff Johns en la cabecera del velocista escarlata.

En la parte del dibujo contamos con la habitual cuadrilla de dibujantes españoles: Bruno Redondo, Xermánico y Juan Albarrán, junto con los americanos Tom Derenick y . Este equipo de artistas ya lleva bastante tiempo establecido en el mundo de Injustice y han logrado darle algo de coherencia gráfica a una serie que, precisamente, hacía agua a más no poder en este aspecto en sus primeros tiempos.

Sea como fuere, leer Injustice sigue siendo un divertimento eficaz, y aunque la formula no funciona en la misma medida que antes, esta serie sigue siendo una de mis prioridades en la pila de lectura. Por algo será…

Mike S. Miller
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Txema Sáez

Fanático sin solución del cómic de superhéroes, del manga, del cine de terror, la literatura fantástica, los videojuegos y más heavy que una lluvia de mercurio al rojo vivo. Como los mejores turrones, he vuelto a casa por Navidad (aunque trece años he tardado).

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