Me encantaron los 4F de Jonathan Hickman. Posiblemente sea la suya mi etapa preferida de los 53 años de la serie, y se dice...

Me encantaron los 4F de Jonathan Hickman. Posiblemente sea la suya mi etapa preferida de los 53 años de la serie, y se dice pronto. Por encima de la de Stan Lee y Jack Kirby (que sí, que revolucionaron la forma de hacer tebeos en su día, pero todo en lo que Lee metió la mano ha envejecido francamente mal), y también de la de John Byrne. Así que cuando vi que en el relanzamiento (o lo que sea) de Marvel Now, el entorno de los Vengadores caía en manos de un autor que tan buenos momentos me había hecho pasar, decidí volver a la franquicia que abandoné años atrás porque me sacaba de mis casillas la forma de llevarla de B.M. Bendis. Y encima, por lo que me habían dicho amigos que seguían estas series en V.O., con ambientación cósmica. Y teniendo en cuenta que en los años previos a Marvel Now, la parcela cósmica de Abnett y Lanning era lo mejorcito que estaba produciendo Marvel, miel sobre hojuelas…

En qué momento se me ocurriría.

Los 23 números editados hasta ahora de la serie principal son, siendo benévolo, mediocres. Que sí, que muy bonitos de ver, que Jerome Opeña, Mike Deodato, Dustin Weaver o Adam Kubert hacen unas páginas preciosas… pero la serie corre como un pollo sin cabeza. Intenta ser grandilocuente y lo que hace es aburrir. «Quien mucho abarca, poco aprieta», que dice el refranero. Y Hickman en sus primeros números en Avengers/New Avengers (que no dejan de ser dos cabeceras para la misma historia, siguiendo el mismo esquema que ya utilizó en Fantastic Four/FF) nos presenta nuevas razas, nuevos villanos, historias de universos paralelos, un equipo enorme de Vengadores con personajes olvidados y otros más presentes pero que nunca han estado en la alineación del grupo como, y sin limitarse a, Bala de Cañón y Mancha Solar (haciendo un dúo que recuerda bastante a Estrella de Fuego y Justicia en plenos 90 como los novatillos sobrepasados por tanta leyenda viva alrededor), Star Brand y Nightmask (ambos del fallido Nuevo Universo de los 80), Shang Chi, Hiperión, Capitán Universo, alguno de los personajes recién llegados… Conceptos y entornos pretendidamente cósmicos que quedan a la altura del betún comparado con lo que hicieron Dan Abnett y Andy Lanning con cuatro puñeteras miniseries y personajes de segunda fila como Ronan, el Super Skrull, Nova, Quasar o Starlord. ¿Problema? Uno principal, que presentar tanto concepto nuevo tan rápido y tan mezclado hace que no desarrolle bien ninguno y acaban importando un pijo todos ellos.

«¡Pero es que estaba preparando el camino para lo que estaba por llegar!» Que sí, que vale, que ya sabemos que Hickman es un planificador a largo plazo, pero es que el fondo de la historia que quería contar no da para tanto. Que todo -o casi todo- es un preludio para su primera gran macrosaga, Infinito… que tampoco es gran cosa. Y eso por no sacar el hacha todavía.

Empieza el evento con una miniserie prólogo contándonos el origen de Thanos. «Ayayay», debería haber pensado y no lo hice. A fin de cuentas, este Thanos Rising venía firmada por Jason Aaron, que tan buenos momentos me ha hecho pasar en Lobezno y los X-Men y Simone Bianchi, que ya me dejó boquiabierto con el Shining Knight de Grant Morrison.

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Y no. Lo siento, pero no. Thanos, el dios loco, el nihilista supremo, no puede ser reducido a un niño feo al que su mamá no quería, al que hacían bullying en el cole y que tiene alucinaciones con la Muerte. Jim Starlin se revolvería en su tumba si no fuera porque ni siquiera está muerto. Mal empezamos…

…Y mal seguimos. Resulta que a lo largo de su vida, el picarón de Thanos se ha dedicado a pasarse por la piedra todo lo que se le ha puesto a tiro y, al estilo del Lobo de DC, ha sembrado el universo de pequeños bastardos.  Y aquí llega Infinito.

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Aprovechando que los Vengadores andan a tortas por el espacio (en una coalición de superseres contra los Constructores, la raza más antigua del universo), Thanos ataca la tierra. ¿Por qué? Al igual que el mencionado Lobo en la limitada Infanticide, Thanos decide que tiene que cargarse a todos y  cada uno de sus pequeños bastarditos. Y le queda uno en la Tierra. Así que a por él que viene.

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Y poco más. Que lo dicho, que la historia no llena las alforjas tan grandes que habíamos preparado. Un cambio radical para los Inhumanos (parece que todo el que toca estos personajes está obligado a meterles un cambio radical), batallas, explosiones, y la sensación de que lo que he visto es una peli de Michael Bay de esas que todo el guión cabe en una servilleta de bar. Y miras hacia un lado, y ves el tomo de la Guerra Kree-Skrull, y te dan ganas de echarte a llorar, de tirar los Infinitos por la ventana, o todo a la vez.

Y no, no es que yo sea un deceíta irredento, que lo he sido toda mi vida. Pero desde el Nuevo Universo DC y Marvel Now las tornas se han cambiado y ahora hay cuatro cosas salvables de DC y muchas de Marvel. Como la franquicia mutante, que no estaba tan entretenida desde los tiempos de Grant Morrison. Pero desde luego, los Vengadores no han tenido suerte.

¿Algo salvable nos ha traído Infinito, entonces? Sí, por supuesto. ¿Aún no os habéis dado cuenta?

Infinity shield

¡ Unas portadas alternativas a cargo de Skottie Young que son una auténtica maravilla! Que, además, se permite el lujazo de ironizar sobre qué demonios hacen personajes como el Capi entre tanto personaje cósmico superpoderoso. Además de no pegar ni con cola, poco más.

¿Y alguna consecuencia, ha marcado un antes y un después…? Sí, por supuesto. Una consecuencia fundamental: estos tebeos me aburren y dejo de comprarlos a la orden de ya.

(Opinión de Infinito por mi señora esposa, que acabó de leerlo anoche: «grandilocuente y vacía»)

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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