Lo hemos comentado en múltiples ocasiones por aquí: la cantidad de cómics que se editan en el mercado español es totalmente inabarcable, por tiempo... Ice Cream Man, de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo

Lo hemos comentado en múltiples ocasiones por aquí: la cantidad de cómics que se editan en el mercado español es totalmente inabarcable, por tiempo para leer todo lo que sale, por dinero para comprarlo y por espacio para acumularlo. Pero si lo que nos llega aquí ya es una cantidad de material desmesurada, lo que se edita en los mercados internacionales ya se escapa. Tendemos a pensar que el material que realmente merece la pena nos llegará por aquí antes o después, que las editoriales ya hacen un filtro del que más o menos nos podemos fiar. Y, efectivamente, nos quedamos en el «más o menos», porque hay series que, aún teniendo una calidad brutal, siguen inexplicablemente inéditas en castellano. Ice Cream Man, la serie que hoy nos ocupa, es un muy buen ejemplo de ello. ¿Y cómo es que he acabado leyendo esto? Por si el mercado nacional fuera poco, en el podcast tenemos a Ángel recomendando periódicamente series que no se han visto por aquí, y hace un par de años me convenció de que merecía la pena echarle un ojo. Esta semana he recibido el quinto tomo recopilatorio americano.

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Ice Cream Man es una antología de relatos cortos aparentemente inconexos -con el tiempo se acaba viendo que hay una cierta trama de fondo- con temáticas y tonos muy diferentes. Sí es cierto que hay un cierto tono enfermizo flotando por encima de todos ellos, y que el único personaje omnipresente en todas ellas, el Heladero que vemos en la portada del primer tomo, es una criatura bastante creepy, pero no sólo tenemos terror en esta serie. Tenemos tambien historias trágicas, momentos tristes y bastante humor negro aquí y allá. Quizás el hilo conductor que une a todas las historias puede ser el dolor. Dolor físico, emocional, vital… hay una cierta dosis de angustia existencial en todas las historias independientemente de lo que ocurra en ellas. Tenemos una historia sobre fobias, otra sobre la espiral de autodestrucción de unos yonkis, en otra vemos los pensamientos de un tipo en los momentos que pasan entre que ha saltado desde lo alto de un edificio y cuando se estrella contra el suelo, hay una sobre la pérdida de recuerdos felices en un enfermo con Alzheimer, sobre traumas infantiles… Podríamos decir que es algo a medio camino entre Inside No.9 y Twilight Zone pasados por un filtro de extrañeza que podría recordar a David Lynch.

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En lo puramente visual, en los diferentes números se adapta a lo que quiere contar en cada momento. Tiene números bastante convencionales y en otros hace experimentos narrativos de los que los autores salen notablemente airosos. En el número 13, por ejemplo, hacen un palíndromo al más puro estilo Alan Moore en Terrible Simetría, pero van un paso más allá. El cómic no sólo es simétrico en su estructura y en su argumento: cada viñeta es un reflejo especular de la correspondiente al otro lado de la doble splash central y con exactamente el mismo texto. Y consiguen que tenga sentido. O podemos destacar también el número 19, en el que se nos cuenta la vida de un hombre en 28 páginas y las consecuencias que ha tenido en ella un suceso de su infancia… narrada como si fueran las instrucciones de montaje de un armario de Ikea.

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Siendo Ice Cream Man una serie tan personal y tan interesante, uno pensaría que, llevando casi tres años en el mercado, los autores se habrían hecho un cierto nombre ya. Inexplicablemente, no ha sido así. W. Maxwell Prince ha comentado en alguna ocasión que tiene un trabajo a tiempo completo al margen de la escritura, con lo que su producción es bastante limitada. Además de esta Ice Cream Man, le hemos podido ver en King of Nowhere, publicada por Boom!, One Week in the Library, en Image, y The Electric Sublime, primer trabajo junto a Martín Morazzo y que vio la luz en IDW. Y poco más.

Al argentino Martín Morazzo le hemos visto algo más. Aparte de las dos obras que ha hecho junto a Prince, podemos destacar Absolute Magnitude, de la lejana línea digital de DC Zuda Comics, Podía Volar, para el sello Berger Books y editado en castellano por Medusa, Great Pacific, para Image, y diversos fill ins para Marvel.

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Y la pregunta del millón. ¿Por qué no está esta maravilla editada en castellano? La verdad, ni la más remota idea. De calidad anda sobrado, pero es que además funciona razonablemente bien en ventas, especialmente siendo una obra de Image de autores no precisamente punteros. Tanto es así que el último número aparecido de la serie regular, el 20, va ya por su tercera edición en grapa. Es una obra que encajaría perfectamente en el catálogo de editoriales como Astiberri o Norma, que editan regularmente títulos de Image algo más arriesgados. Quiero pensar que si no se han lanzado ya a por ella es porque les ha pasado por debajo del radar. Si en algún momento este título ve la luz en castellano, no lo dudes ni un momento: a por él de cabeza. Y si no, siempre queda el material de importación…

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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