Por fin llega el segundo libro de la serie Luces Nocturnas, de la autora colombiana Lorena Álvarez: Hicotea. La obra, planteada inicialmente como una... Hicotea

Por fin llega el segundo libro de la serie Luces Nocturnas, de la autora colombiana Lorena Álvarez: Hicotea. La obra, planteada inicialmente como una trilogía, pero abierta a continuarla si tiene el suficiente éxito, nos lleva de vuelta con Sandy, esa pequeña niña con una imaginación desbordante, que le hace vivir un sinfín de aventuras. Hicotea está editada en España por Astiberri, y supone una explosión visual absoluta para el lector. A pesar de sus 56 páginas, es de esas obras que cuesta terminar de leer porque cada página invita a recrearse en ella, siendo la dificultad para pasar la página cada vez mayor.


En esta ocasión, Sandy se va de excursión con su clase a un pantano cerca de la escuela. La rebelde niña acabará apartándose de sus compañeras y encontrará un caparazón de una tortuga que la llevará a un mundo mágico y una versión completamente diferente del pantano que está visitando su clase. En el caparazón conocerá a Hicotea, la tortuga propietaria del museo de la naturaleza que se encuentra en su interior. Hicotea necesitará la ayuda de Sandy para terminar un lienzo incompleto del museo.

Aunque estéis leyendo que es el segundo libro de una serie, las obras son absolutamente independientes, autoconclusivas e incluso con una temática y tono algo diferentes. Si en Luces Nocturnas teníamos esa historia de fantasmas, algo tenebrosa por momentos, aquí es una historia que explora la naturaleza desde ese mismo prisma de fantasía y ensoñación. Sandy sigue siendo esa niña soñadora, que se aburre rápido con sus compañeras y que prefiere recurrir a su cuaderno de dibujo para explorar sus propios paisajes. El motor de la historia es una clase de disección de una rana, lo cual conducirá a Sandy a viajar por ese mundo fantástico lleno de criaturas antropomórficas a las que irá conociendo y a las que irá ayudando a enfrentarse a esos cuervos que representan la oscuridad, el mal, el aburrimiento (en el sentido de falta de imaginación), en contraposición con un mundo lleno de color y fantasía. Se ven muchos elementos autobiográficos en la obra. No solo por ese colegio de monjas, amables, pero con ese aspecto tan rígido que le da el hábito, sino también por esa protagonista soñadora que usa su cuaderno de dibujo como una vía de escape y una puerta a un mundo de fantasía en el que apetece quedarse por siempre.


Pero si algo llama la atención cuando una hojea Hicotea o Luces Nocturnas es el dibujo tan potente de Álvarez. Un dibujo y una temática que nos retrotraen automáticamente, como acto reflejo, a Ghibli. Sandy es Chihiro, amable, soñadora y siempre dispuesta a ayudar, sin miedo a esas criaturas tan extrañas que se va encontrando. Pero al igual que las películas de Miyazaki están imbuidas de esa mitología japonesa, y de sus propias leyendas, la saga Luces Nocturnas tiene su propio tono y, sobre todo, su color. Particularmente encuentro que Lorena Álvarez ha dado un salto de calidad en este segundo libro, con una narrativa mucho mejor planificada y una composición de página milimetrada. Decía en alguna entrevista que tiene un método de trabajo más bien intuitivo, y es algo que destaca en esas dobles páginas fantásticas y oníricas, pero a su vez muy simétricas y manteniendo siempre la forma. Hay muchas páginas en las que la propia escena está narrada en una viñeta gigantesca, que funcionan muy bien con un dibujo tan atractivo visualmente.

Y dentro del dibujo, y superando un estilo y una composición de página ya de por sí espectaculares, destaca el color. Si algo tiene Álvarez es un coloreado caótico, en cuanto a la cantidad de paletas que se mezclan, pero que tienen un resultado final muy llamativo, formando un caleidoscopio con el que es difícil no quedarse impresionado. Le escuché a la autora, al respecto del primer libro, que ese color es el reflejo de su incapacidad por hacer unas paletas controladas y contenidas, puesto que ella tenía en su mente esa explosión de contraste entre colores muy diferentes. Y en eso también se ve un enorme salto en esta segunda obra. Aquí si hay paletas más o menos uniformes por escenarios, aunque no prescinde de utilizar la explosión de color en algunas páginas. Consigue así un resultado aún más espectacular, puesto que esas páginas destacan incluso más.


En definitiva, Hicotea.

Un canto de amor a la naturaleza, vehiculado a través de un relato fantástico (aplíquese tanto como calificativo como describiendo el género). Si con Luces Nocturnas Lorena Álvarez consiguiera dos nominaciones a los premios Eisner, Hicotea supone, en mi opinión, un pequeño salto de calidad, una obra mucho más contenida artísticamente y desatada en cuanto a fantasía. La saga Luces Nocturnas es un viaje a la imaginación de su autora, que nos permite visitarla a través de su mirada colorida y amable. Una serie que se puede leer con los más pequeños de la casa, que sin duda van a quedarse impresionados por un arte llamativo y colorido.

Aprovecho para recordaros el vídeo de la charla de la autora el año pasado durante el Show de Astiberri.

Lo mejor: El color, una vez más. La evolución que se percibe en la autora, y mira que era difícil.

Lo peor:  Seguro que hay alguien que la pueda encontrar algo macabra u oscura para un niño, y lo priva de una historia fascinante.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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