Por todos es sabido que pasado el ecuador de la década de los noventa Marvel Comics estaba pasando por la peor crisis económica de... Heroes Return. Ka-Zar: La jungla de asfalto, de Mark Waid y Andy Kubert

Por todos es sabido que pasado el ecuador de la década de los noventa Marvel Comics estaba pasando por la peor crisis económica de su historia. Se tomaron muchas decisiones cuestionables, desde vender gran parte del activo a la empresa juguetera Toy Biz, a la iniciativa Heroes Reborn mediante la cual Los 4 Fantásticos, Iron Man, Capitán América y Los Vengadores aparentemente morían en la batalla contra Onslaught. Estas series serían relanzadas por Jim Lee y Rob Liefeld, dos enfants terribles que habían abandonado la editorial un lustro antes y  cuyo regreso fue celebrado como el advenimiento del mesías por una parte del fandom o como la llegada de Satanás por la otra.

ka-zar 1

Estos cuatro pilares de Marvel (pilares ahora, porque en aquella época no vendían demasiado bien) estuvieron un año viviendo aventuras en una realidad alternativa creada por Franklin Richards hasta que volvieron en, ejem, Heroes Return. Pero ¿Y mientras tanto? ¿Quién defendería el cosmos de ficción de La casa de las ideas? ¿Qué series trataron de mantener viva la llama de un universo que veía cómo el globo de Lee y Liefeld de desinfló antes de llegar a estar hinchado del todo?

Durante aquellos largos trece meses (al final Heroes Reborn duró un mes más de lo previsto) se lanzaron muchas colecciones para que diera la sensación de que se publicaban más tebeos aparte de los mutantes y de Spider-Man. Vimos nacer el Masacre de Joe Kelly, los impresionantes Thunderbolts de Kurt Busiek y Mark Bagley, los Héroes de alquiler de John Ostrander y Pascual Ferry, la Elektra de Peter Milligan y Mike Deodato Jr o cabeceras dedicadas a segundones como Maverick, Mercurio o … Ka-zar.

andy kubert

Si amigos, el particular Tarzán de Marvel resulta que era un personaje fetiche para Mark Waid, guionista al que al parecer la editorial le debía una por haber cortado su brillante etapa con el Centinela de la libertad por culpa de la citada saga de Onslaught. No negaré el atractivo del personaje que nos ocupa. Sin embargo, si su vida editorial se había limitado a una serie regular en los setenta y un par de novelas gráficas y especiales… por algo será. De hecho Ka-Zar es uno de esos héroes que funciona mucho mejor como personaje invitado que de otra manera.

Mark Waid estuvo en la serie catorce de los veinte números que duró. Abandonó la colección para retomar nuevamente al Capitán América. Cabe destacar que esta colección no se ha reeditado jamás en España hasta ahora (con la excepción de los populares y noventeros tomos retapados). En Estados Unidos tuvieron que esperar hasta 2011 para que fuera recuperada. Repito lo que comentaba más arriba, por algo será.

Lo diré bien claro y desde el principio. Ka-Zar: Jungla de asfalto (por mucho que le pongan Heroes Return en la portada, esa iniciativa no corresponde con esta serie) no es un buen tebeo, pero tampoco es un mal cómic. Estamos ante una historia donde prima la acción y la aventura por encima de todo lo demás. Es un cómic realmente bonito a la vista gracias a los espectaculares dibujos de Andy Kubert (aunque me crispa que sus personajes sonrían en cualquier situación sin importar la gravedad o seriedad de la misma) y se lee bastante bien. Se trata de una historia muy contenida que no requiere conocer el resto del Universo Marvel ni del background de los protagonistas para leerla.

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Ahora bien, el problema es que es un tebeo indigno de un guionista de la talla de Mark Waid, cuya creatividad en los noventa era una verdadera maravilla (ya fuera en The Flash o en la mencionada Capitán América). Esta muy bien guionizar a un personaje que te encanta, cumplir sueños y todo eso, el problema es cuando tus delirios frikis se sobreponen a la lógica como escritor. El Ka-Zar de Mark Waid tiene dos inconvenientes claros. El primero es que está dimensionado, no hay que olvidar que se trata de un humano normal, pues bien, aquí Waid hace que se dé de hostias con un villano que … digamos provocó la extinción de la mitad del Universo. Luego trata de contarnos una historia humana en la que Kevin está sufriendo una regresión involuntaria a su adolescencia estando tentado por toda la tecnología que no pudo usar por haber crecido en la Tierra Salvaje.

Esta subtrama empieza muy bien. Logra su objetivo de humanizar al personaje creando una serie de conflictos con Shanna La Diablesa. La sensación de peligro in crescendo que provocan estos roces pudiendo suponer un drástico desenlace para el idílico matrimonio que vivía con su hijo en el jardín del Edén, así como la amenaza del villano en la sombra hacen que el comienzo de esta etapa fuese realmente potente. Desgraciadamente los detalles que he mencionado así como algunos detalles del tipo llenar una suite de Manhattan de dinosaurios provocaron que la suspensión de credibilidad tan necesaria en el cómic de superhéroes fuese prácticamente imposible en este caso. La conclusión a la que llega Ka-Zar del por qué de sus tentaciones con las maravillas del mundo civilizado es porque sí, porque había que ir cerrando tramas, un chinpun como una catedral.

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La segunda gran historia trae de regreso al Alto Evolucionador. Un villano un tanto kafkiano que siempre me ha gustado, en especial su etapa setentera en series como Warlock. Él está por encima del bien y del mal, es como debe ser, la moralidad del hombre no se aplica a un ser superior como él. Por lo general suele ser usado como recurso por guionistas poco habilidosos para justificar cualquier acción. La culpa siempre es del Alto Evolucionador o en su defecto de la Bruja Escarlata. Este arco es algo sangrante porque Waid trata de empoderar a Shanna pero logra una resultado totalmente distinto. El resto de material que incluye el tomo va de una historia corta presentada en el one-shot Historias del Universo Marvel que sirve como prólogo a esta serie regular, un anual la mar de entretenido escrito por Brian K. Vaughan o el especial flashback con dibujos John Cassady. Material que complementa perfectamente la serie regular y que enriquece su lectura.

Aun así en las más de cuatrocientas páginas que hay en este tochazo (cuyo tamaño es mayor al del comic book habitual) hay algunos momentos muy divertidos y desde luego no aburre. Ka-Zar: Jungla de asfalto también es un perfecto ejemplo de la Marvel de aquellos tiempos. Una Marvel que rechazaba sus principios, que no era fiel a sus raíces o encantos. En el transcurso del arco que da nombre a tomo hay un buen número de episodios en los que Nueva York es terraformada y se llena de vegetación y dinosaurios. Pues bien, esto solo aparece en la propia cabecera de Ka-Zar no se ve eco alguno (aunque fuera una miserable viñeta) en cualquiera de los otros títulos de la editorial que se publicaron a la vez. De manera anecdótica, la saga fue recuperada en un What If.

En resumen, un tebeo perfecto para pasar un buen rato sin ningún tipo de expectativa superior. También sirve como regalo dado lo conclusivo de su contenido. ¿Volveremos a ver una serie regular de Ka-Zar? Solo el tiempo lo dirá.

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Txema Sáez

Fanático sin solución del cómic de superhéroes, del manga, del cine de terror, la literatura fantástica, los videojuegos y más heavy que una lluvia de mercurio al rojo vivo. Como los mejores turrones, he vuelto a casa por Navidad (aunque trece años he tardado).

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