Los Vengadores han renacido, de la mano de Rob Liefeld, en una reinvención de sus primeras aventuras llevada a cabo a lo largo de... Heroes Reborn: Los Vengadores

¡Heroes Reborn! Los Vengadores han renacido, de la mano de Rob Liefeld, en una reinvención de sus primeras aventuras llevada a cabo a lo largo de doce entregas: Ultrón, El Hombre Radiactivo, Loki, Kang y muchos más bajo la visión del creador de Cable y Masacre.

Tras Los 4 Fantásticos, ahora le toca el turno a Los Vengadores de sufrir pasar por el tamiz del sello Heroes Reborn para saber qué pasó con los Héroes Más Poderosos de la Tierra™ tras el evento Onslaught. Así, en noviembre de 1996 llegó a las librerías un nuevo número 1 de Los Vengadores, con una impactante (las cosas como son) portada de Rob Liefeld. Si bien hoy día esto no auguraría nada bueno, en aquella época el bueno de Rob «lo petaba», como decís los jóvenes. Otra cosa es lo que los lectores se encontraran una vez comprado y abierto el tebeo. Pero en eso entraremos, con gran pesar, más adelante.

Heroes Reborn

Los Vengadores y los 4 Fantásticos han sido transportados a un universo de bolsillo por Franklin Richards tras su enfrentamiento con Onslaught, y unos nuevos Vengadores y 4F ocupan su lugar. Éstos no tienen consciencia de su situación ni de la existencia de los héroes originales, y su origen es ligeramente diferente al de los que conocemos. Por ejemplo, aquí los Vengadores son una creación de SHIELD, Thor es el que acaba siendo encontrado congelado en un bloque de hielo y Gata Infernal se parece más a Tigra que a la Patsy Walker que conocemos. Eso sí, la historia coincide con la original en que es Loki el villano a derrotar, ayudado por el Verdugo de Asgard, la Encantadora y un puñado de villanos random que pasaban por ahí y se unen a la fiesta. Entre los Vengadores, además del Capitán América, Iron Man y Thor, tenemos a un Hombre Hormiga con un aberrante traje acorazado, a una Avispa con menos carisma que un clavo, un Ojo de Halcón que va de chulo y misterioso hasta que le dan para el pelo y se marca un San Pablo, una Gata Infernal más caliente que el cenicero de un bingo, unos Visión y Bruja Escarlata que si sí pero que no, y un Espadachín que nadie sabe qué pinta en medio de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Pero hey, ahora eran los juguetes de Liefeld y tenía libertad para reinventar el equipo a su antojo.

Rob Liefeld (Marvel OGN Masacre: Mal Rollo) no necesita presentación. No, en serio que no. Hay autores que con los años han mejorado, como el buen vino. Otros que han empeorado. Rob Liefeld se ha mantenido fiel a su estilo durante más de 20 años. Es el Marqués de Cáceres de los dibujantes de cómics: en cualquier momento que lo pilles sabes lo que te vas a encontrar. Pero en los años 90 su estilo era el que triunfaba, y eso generaba una legión de imitadores y aspirantes a hot artist, la mayoría de los cuales se quedaba en el camino o, lo que es peor, anclados en un estilo y una editorial de la que tendrían difícil salida. Otros, como Travis Charest, encontraron la redención, pero fueron los menos. Esto viene al hilo de que, una vez superado el shock inicial de la portada de Liefeld, lo que el impresionable lector noventero (y ay, el actual) se encontró fueron páginas dibujadas por un tal Chap Yaep (Supreme), dibujante de veintipocos años que ya se había ganado la confianza de Liefeld en Team Youngblood (luego acabó haciendo storyboards para series de animación), que no sólo imita el estilo del maestro, sino que lo hace sin gracia y magnificando todos sus defectos. Es como una fotocopia de una fotocopia. No tiene una página buena, el tío. Todo son rayitas, dientes y músculos apretados, escorzos imposibles, y una total y absoluta falta de imaginación y composición de página. Es un niño de 4 años jugando con GI Joes. Menos mal que a partir de la página 20 viene el jefe a echarle una mano, de modo que la segunda mitad del primer número está dibujada por Rob, ante lo que muchos lectores respiraron aliviados (¿de verdad estoy escribiendo esto?).Heroes Reborn

 

Los números siguientes están dibujados por una pléyade de autores formada por Ian Churchill (Capucha Roja y los Forajidos), Michael Ryan (Runaways) y Anthony Winn (Brigade), a ninguno de los cuales le confiaría mi libreta de dedicatorias, no fuera a ser que les diera por dibujar algo en ella. Menudo plantel de mantas. Sin arte, sin gracia, sin personalidad, sin la más remota idea de narrativa secuencial. Todo son pin-ups encerrados en viñetas. Si bien Churchill parece tener algo más de oficio que sus compañeros y Ryan tiene un estilo que imita más a Art Adams que a Liefeld, el conjunto es un dibujo deleznable, lo cual sorprende sobremanera. Después de todo, estamos hablando de la colección del mayor supergrupo de Marvel Comics, y un encargo de esta envergadura merecía un listado de dibujantes de mayor nivel. Desde luego, si eras dibujante de comics en los noventa no te iba a faltar trabajo, no.

Lo cierto es que de donde no hay no se puede sacar, y tampoco es que el guion tuviera demasiada enjundia. Si el Liefeld dibujante ya es infame, como guionista no podemos esperar gran cosa. No sirvió de nada que le acompañaran autores de prestigio como Jeph Loeb (Superman: El Nuevo Milenio) o Walter Simonson (Ragnarök), que se limitan a llevar a los personajes de un lado a otro sin ton ni son, haciendo aparecer a villanos de la nada con el único fin de llenar páginas a base de mamporros. Por poner un ejemplo, el número 5 de la colección está dedicado en exclusiva a un intercambio de golpes entre Thor y Hulk. 22 páginas de sopapos. No hay más. En serio, la trama no avanza ni un ápice de ese mes al siguiente. Pues bien, en este número aparecen acreditados 2 argumentistas, 1 guionista, 1 bocetista, 2 dibujantes, 3 entintadores y como mínimo 3 coloristas. Este era el nivel. Y luego Frank Miller te hace Sin City él solito y se te caen los huevos al suelo. Jim Valentino (Los Guardianes de la Galaxia) también andaba por ahí, pero como comentamos en estas páginas, era un autor más eficiente que destacable. Un artesano del montón que tuvo la suerte de juntarse con dibujantes de éxito para poder medrar y acabar de vicepresidente de Image. Así al menos ya no tendría que dibujar y quedar en ridículo ante los demás.

Heroes Reborn

Herpes Heroes Reborn fue un intento desesperado de Marvel Comics de relanzar unas colecciones estancadas en ventas y popularidad encargándoselas a los estudios gráficos más exitosos del momento. Fue una lástima que las luminarias al frente de tales estudios estuvieran más ocupadas contando billetes que preocupándose de sacar al mercado un producto decente. En el caso de Los Vengadores, el reclamo de Rob Liefeld sólo funcionó durante los primeros números. La gente se acabó cansando de una serie que no sólo estaba horriblemente dibujada, sino que además no hacía más que dar vueltas sin llegar a ninguna parte. El experimento Reborn acabó en el número 12 de cada serie, no sin antes celebrar el crossover de rigor a mitad de la colección, Revolución Industrial, y el evento fin de temporada: Héroes Reunidos. Después de todo, había que vender tebeos como fuera, y tal vez Liefeld no supiera dibujar, pero sí sabía vender tebeos. Paradójico, ¿verdad?

Panini está haciendo una labor encomiable recuperando este material (eso sí, con menos extras que un Seat Panda) que muchos esperaban como agua de mayo, mientras otros dicen que de verdad, que gracias, pero que no hacía falta. Sea como sea, Heroes Reborn: Los Vengadores es un tomo más valorable por su valor histórico y el contexto en que se publicó por primera vez que por su calidad artística. Los completistas de aquella época y de los personajes tienen aquí el Santo Grial de los 90, la prueba de que la mierda con nata sigue sabiendo a mierda. Pero mierda de la buena, oigan. ¿Que si me ha gustado? Yo qué sé, estoy hecho un lío. Tú di que sí.

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Los Vengadores
Loeb Jeph and Panini Comics
Precio: EUR 30,87
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Heroes Reborn: Los Vengadores
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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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